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El tiempo sagrado de las bombas mentales
(sobre Orígenes de los seres y las cosas)

Orígenes de los seres y las cosas, de Ivonne Rivas / Alfaguara Ediciones

Orígenes de los seres y las cosas, de Ivonne Rivas / Alfaguara Ediciones

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Al principio, los hombres y los dioses vivían juntos, cual vecinos de vecindad. En este tiempo, que Mircea Eliade llama “tiempo sagrado”, todo era perfecto, ideal. Una edad de oro, digamos, en la que hubo  lugar grandes acontecimientos y se forjaron historias que mucho tiempo después los hombres siguen recordando. Al contarlas, al repetirlas de boca en boca, al transformarlas en rituales y ritos, el hombre traspasa la membrana de la realidad y vuelve, por instantes, a estar cerca de esos dioses que en alguna desafortunada ocasión se alejaron de los hombres. Se trata de un breve momento cargado de lo eterno, de inmortalidad.

La escritora, docente e investigadora Ivonne Rivas, ha contribuido a registrar esas historias del tiempo sagrado de los indígenas venezolanos. Gracias a ella y al acertado olfato de Alfaguara Infantil, ese tiempo se actualiza para nosotros en cada nueva lectura de su libro Orígenes de los seres y las cosas, ilustrado con unos muy coloridos y atractivos dibujos de Guadalupe Vivas. Eso sí, y permítanme el inciso, acá no voy a hablar de “nuestros” indígenas venezolanos, como dirían algunos para lucir cercanos al alma y al corazón de las etnias. No lo diré, porque juzgo un error garrafal andar anteponiéndoles el “nuestros”, como si nos pertenecieran. Ellos se pertenecen solitos, a su tierra y a sus historias.

Pero volvamos al asunto que nos ocupa.

Este maravilloso libro de historias, nos cuenta la creación del mundo y de todo lo que lo ocupa según cuatro pueblos indígenas: el warao, el piaroa, el pemón y el wayuu. Y ojo, no se trata de otro panfleto para niños de esos que versionan historias de los pueblos amerindios ya conocidas y sacadas de una cómoda biblioteca. En este caso, Ivonne Rivas nos trae un texto diferente, un texto que sabe a tierra y a oralidad, pues estamos frente a un trabajo desarrollado en campo y durante cuatro años. Nada de aires acondicionados, ni de cómodas sillitas. Ivonne estuvo allí, escuchó directamente los cuentos, los anotó y luego los tradujo.

Casi me siento tentando a decir que este no es un libro para niños. Pero creo que sí lo es. Es un libro para que los niños conozcan fascinantes mitos provenientes de las más lejanas puertas del tiempo, pero también un libro para los adultos, porque su valor es universal. Supremamente universal.

Se equivocan aquellos que menosprecian a esta gente, que los juzgan inferiores a los aztecas, a los mayas o a los quechua, y de quienes admiramos sus pirámides y ciudades, sus estructuras políticas, sociales y económicas y el conocimiento del cero en las matemáticas. Y eso está bien, de eso hay que sentirse orgulloso, porque se trata de pueblos que vivieron en esta América. Pero resulta que muchos, muchísimos, cometen del error de subestimar a los que no lucieron tan grandiosos. A ellos, a los que aún no conocen estas maravillas, nada más los invito a meterse de cabeza en Orígenes de los seres y las cosas. Los cuentos aquí recopilados tienen una sencillez y al mismo tiempo una fuerza impresionante, y poseen además algo que muchos escritores modernos quisieran tener, y esto es la capacidad para crear bombas mentales. Las bombas mentales son imágenes poderosas que se fijan en nuestra mente y que resultan como una especie de resumen de la historia leída. Esa imagen que estalla en nuestra cabeza y se queda allí por mucho tiempo, es un altísimo logro artístico, y todos, todos los cuentos que aquí leerán están llenos de bombas mentales. Acá encontrarán cosas realmente sublimes. Sabrán de un indio que hizo un hueco con una flecha y que, a través de ese hueco, descubrió otro mundo al que muchos se fueron a vivir. El hueco, qué gran detalle, está en el piso del mundo donde se originó, y el cielo del otro lado. En este cuento además, una mujer embarazada intenta pasar y se queda atorada, y así, mágicamente, el famoso agujero termina convertido en la luna. ¿Acaso esta imagen no se encuentra cargada de un extraño y tierno humor? Una mujer embarazada que tapa un hueco. Una mujer y un hueco que se convierten en la luna.

Sabrán en otra historia de una mujer acosada por un oscuro ser del río que ha tomado la forma de un hombre. Ella, al percatarse de sus dientes extraños, lo evitará y se salvará.

Se enterarán de que Juya, el señor la lluvia, “siempre está precedido por las libélulas (…) que en hermosas bandadas aparecen cuando viene la lluvia”.

Ni hablar de una serpiente colosal que “exhala fuego por su boca y posee una lengua tan larga que puede obtener sus alimentos sin moverse de donde habita”. Además convierte el fuego de su boca en rayos y relámpagos y “al sacudir su pesada cola ocasiona inmensos y temidos sonidos que son los truenos”. Menos mal que Tolkien no está vivo. Se moriría de la envidia.

Pero hay más, mucho más. Les señalo algunos otros pequeños detalles. En la críptica tabla esmeraldina, un texto fundamental de la alquimia atribuido a Hermes Trismegisto, se lee en su segundo precepto: “Lo que está abajo es como lo que está arriba, y lo que está arriba es como lo que está abajo”. Cuántas cosas interesantes nos sugiere esta idea. Pues bien, en uno de los cuentos warao de este libro podemos leer: “Sus mundos se parecen. Ellos saben que tal como es abajo, así también es arriba”. ¿Qué tal? Yo no sabía que los warao se leyeron la tabla esmeraldina. ¿O será más bien que los warao alcanzaron hace cientos de años una sabiduría tan grande como la de los alquimistas medievales? ¿O será que Hermes era warao?

En uno de los cuentos pemón encontramos lo siguiente: “Existía en la Gran Sabana del macizo guayanés un gran árbol que poseía todas las plantas, con sus semillas y muchos bejucos. Ese árbol se conocía como el Wadakapiapué, la esencia de todas las plantas y de los reptiles, entre ellos las serpientes”. ¿No nos suena esto de la esencia al mundo de Platón donde descansan las ideas perfectas de todas las cosas? ¿Qué me dice esto? Que un pemón o varios pemón o todos los pemón hace mucho tiempo pensaron lo mismo que pensó Platón. O que Platón era pemón. ¿Y qué me dicen del cuento wayuu que habla del intrépido Junuunai que le robó el fuego a los dioses para dárselo a los hombres? Se trata nada más y nada menos que de la historia del Prometeo griego, que a su vez se une con Luzbel, el que se rebeló contra Dios. La sabiduría, queridos amigos, es un bien universal que no requiere de grandes edificios ni de un montón de instituciones políticas para nacer, crecer y brillar en la mente de los hombres.

En este libro hay tantísimas cosas increíbles que podría estar mucho rato hablando de eso. No lo voy a hacer, no se asusten. Llego hasta aquí. Sólo quería expresar la admiración, el asombro y el contento que me despertó Orígenes de los seres y las cosas de Ivonne Rivas. A ella, muchas gracias por servir de interprete, por transcribir estos textos, y por darles su toque literario y personal, con gran respeto eso sí, a las historias que los originaron. Hasta la vista, queridos alijunas, y que sigamos leyendo y maravillándonos.