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La ruptura política y la búsqueda democrática: organización política del país

Este ensayo fue publicado como parte de la recopilación titulada “Apreciación del proceso histórico venezolano”, publicado por la Fundación Universidad Metropolitana, producto de un seminario coordinado por el propio Dr. Velásquez, que tuvo lugar entre los meses de enero a julio de 1985

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Indudablemente que en la historia no se pueden fabricar hitos artificiales. Si nos remontamos un poco, las bases de la Venezuela Moderna está en aquel conjunto de hechos fundamentales que a lo largo de la dictadura del general Juan Vicente Gómez, facilitaron el posterior desarrollo del país, la democratización de su política y la modernización de su economía. Al examinar la Venezuela de fines del siglo XIX, encontramos un país dividido en verdaderas feudalidades y donde el poder estaba repartido entre los caudillos regionales, señores de la guerra y la paz que con sus ejércitos privados sostenían un acuerdo nacional de gobierno. Las Fuerzas Armadas en su concepción y organización actuales surgen en la primera década de este siglo, pues antes, durante todo el siglo XIX y comienzos del siglo XX no se hablaba de divisiones de artillería o de infantería sino de la gente del general Araujo, de las tropas de Riera, de la gente del general Rolando. Por eso constituye un hecho trascendental el fin de las guerras civiles en julio de 1903, la liquidación inexorable del caudillismo regional y la fundación de la Academia Militar, al señalar el decreto de creación que la primera promoción debía estar integrada por dos jóvenes nativos de cada uno de los veinte Estados. Desaparecía el factor de atraso que había sido el caudillismo imperante a lo largo de todo el siglo XIX.

A ese hecho debemos agregar la organización de las finanzas nacionales llevada a cabo por Román Cárdenas. La política vial que permitirá unir las diferentes regiones y el empeño de aquel gobierno de dotar al país de una moderna legislación, imperante aun hoy en día. Ese proceso de modernización va a tener su continuación en la etapa que se inicia en 1936 bajo el presidente López Contreras, en la que se legalizan los partidos políticos y los sindicatos, se dota al país de una legislación laboral y se entrega a una clase obrera naciente, conquistas como la antigüedad, la cesantía, el preaviso, el reparto de utilidades; se crea el Impuesto sobre la Renta, el Seguro Social Obligatorio, se legaliza el Partido Comunista, se crea el Banco Central y la Contraloría de la República, todos hechos anteriores a 1945.

Pero para entender este año crítico y clave de 1958 al cual me voy a referir, no hay que olvidar el origen de la crisis nacional de octubre de 1945. Salía el mundo de la Segunda Guerra Mundial, la mayor parte de los países latinoamericanos habían sufrido profundas conmociones políticas y sociales, habían caído dictaduras tradicionales y se estaba tanto en el orden económico como en el orden político-social sufriendo grandes transformaciones.

El empeño venezolano de 1945 era la elección de los Poderes Públicos por el voto universal, directo y secreto. Las generaciones universitarias de hoy reclaman conquistas sociales y reformas económicas profundas. El empeño del país de 1945, era liquidar las formas de elección establecidas para el nombramiento del Presidente de la República y del Parlamento. A este empeño de la nueva clase política de participar plenamente en la dirección de la vida nacional, se unía el propósito de las nuevas clases económicas de tomar parte en la misma empresa. A ese urgente reclamo respondió el gobierno liberal y democrático de Medina Angarita con una reforma constitucional tímida, en la cual apenas otorgó el voto universal y directo para la elección de los diputados y el voto femenino para la elección de concejales. Estos hechos van a acentuar la crisis provocada por problemas nacidos de la Segunda Guerra Mundial como la desocupación y el alto costo de la vida. Hay que añadir la presencia de una crisis militar provocada por el enfrentamiento generacional.

Los presidentes López Contreras y Medina Angarita transformaron la organización personalista que Gómez había dado al ejército y se empeñaron en darle gran jerarquía a las escuelas militares y en enviar a los mejores de sus alumnos a las academias extranjeras. Regresaban estos jóvenes tenientes y se encontraban con una situación conflictiva pues la cúpula militar venezolana desde entonces estaba ocupada por antiguos guerrilleros, generales improvisados, muchos sobrevivientes del gomecismo o que habían acompañado al presidente López Contreras y quienes veían con suspicacia a los nuevos oficiales y los mantenían en un retiro prudente condenados casi a la inacción.

Van a unirse estos dos reclamos, estas dos angustias de participación, la civil y militar, representadas por una generación cuyos niveles de edad, en los mayores, no llegaba a los 40 años. En el momento en que asume la presidencia de la Junta Revolucionaria, Rómulo Betancourt tiene 36 años de edad; Marcos Pérez Jiménez, su compañero en la aventura, tiene 32.

A los numerosos factores que determinan la crisis, hay que unir el de las proposiciones de reforma que el grupo de políticos venía planteando desde 1931. Se trataba de un programa –casi llegaríamos a decir “un modelo nacional”– en que por vez primera en la historia del país se daba a los derechos sociales y económicos la misma jerarquía que a las libertades políticas. Se proponía un nuevo régimen en el trato con las compañías petroleras, se planteaba el problema de la nacionalización de los servicios públicos y se echaban las bases de una verdadera revolución educativa. Estas proposiciones se van a convertir entre los años 1936 y 1945 en las banderas del mayor partido político de la oposición, aliado en octubre de 1945 de los grupos militares que proponían grandes cambios en el área castrense. Los reportajes concedidos a los periodistas por Marcos Pérez Jiménez, por Oscar Tamayo Suárez, por Julio César Vargas, explican los alcances y los propósitos del movimiento militar.

Es importante señalar estos hechos, pues 1945 representa un cambio fundamental, dentro del cual se van a consolidar y ampliar numerosas conquistas ya obtenidas entre los años 1936 y 1945, como la legislación laboral, la legislación tributaria, se va a acentuar un nuevo trato con las compañías petroleras y ante todo se va a convocar al país al ejercicio del voto universal, directo y secreto para la elección de los poderes públicos.

La década de los años 50, hasta ahora ha sido vista fundamentalmente desde el punto de vista político, pero la historia nos obliga a estudiarla en todos sus otros aspectos, así lo he hecho yo, cuando he tratado el tema; nunca he negado las realizaciones que en el campo de la transformación económica, en el campo de la infraestructura, en el campo de la vivienda y de la salud se realizaron, dentro de la más severa clausura política. No solamente los partidos y los sindicatos fueron perseguidos y disueltos, sino que la opinión pública no pudo intervenir, a lo largo de diez años, en ningún debate sobre Venezuela. Una simple crítica municipal, sobre el manejo de las aguas o del tránsito, tenía la misma gravedad que un editorial de oposición que hubiera intentado un periódico. Sencillamente no se podía.

La violenta y constante represión política no pudo impedir que el proceso de crecimiento y modernización de la economía continuara avanzando. El empresariado venezolano cobró conciencia de las posibilidades que en esos años le permitirían desarrollarse y fortalecerse. No se enfrentó a la dictadura, hecho normal en casi todos los países dominados por una tiranía, pues la resistencia a las dictaduras siempre la realiza un grupo reducido de luchadores políticos. No fue Francia en su totalidad, quien se enfrentó a los nazis, fueron pequeños grupos cuyo porcentaje es realmente alarmante, por lo bajo. Al crecer el empresariado, se da cuenta de su importancia política y va a empezar a intervenir en los acuerdos de gobierno a partir de enero de 1958.

Desde el comienzo de su gestión, la dictadura inició un conjunto de obras, importantes desde el punto de vista de la infraestructura y la vialidad, estudiadas desde la época de Medina, desde la época de la Junta Revolucionaria, pero no hubo audacia ni recursos para realizarlos. No debe olvidarse que fue a partir de 1946, cuando por efecto de las medidas de la Junta Revolucionaria que establecieron la participación del cincuenta por ciento de las ganancias de las compañías petroleras, el Estado empezó a contar con recursos suficientes para acometer grandes tareas de modernización y desarrollo. Para lograr este aumento de la tributación de las compañías petroleras, el gobierno revolucionario hizo uso de disposiciones contenidas en la Ley de Hidrocarburos de 1943. El Estado estuvo en capacidad, por vez primera, de acometer esas obras de vialidad, esas obras de infraestructura que había estudiado la famosa Comisión de Vialidad en el Ministerio de Obras Públicas. Cárdenas, Velez, Aguerrevere, Silveira, Pardo Stolk, los fundadores del desarrollo vial venezolano y planificadores de la infraestructura. Hasta 1948, el Ministerio de Obras Públicas careció de grandes recursos y además había timidez para acometer esas obras que ya estaban propuestas. Por esa razón la dictadura desde el primer momento puede emprender grandes obras como la autopista de la Guaira, cuyo estudio había necesitado largos años.

Durante esa década creció también la clase media, que favorecida por aquel desarrollo se fortaleció. La clase obrera venezolana, en toda esa etapa, recibió el tratamiento de las casas sindicales, de las colonias vacacionales, del Retablo de las maravillas, etc.; pero la actividad sindical estaba prohibida en la misma categoría de delito que la actividad política.

¿Qué había ocurrido en el campo militar a lo largo de esos 10 años? Se va a repetir el mismo fenómeno del año 1945, pues Pérez Jiménez, que empieza a gobernar en nombre de las Fuerzas Armadas Nacionales, va a terminar su dictadura alejado de la oficialidad, pues dos civiles, un poderoso y muy hábil jefe de policía y un todo poderoso Ministro del Interior, forman con el general Marcos Pérez Jiménez el triunvirato que regirá el país entre 1953 y 1957. Triunvirato que concibe el plebiscito de 1957, el acto final de la dictadura.

Como el gobierno de Pérez Jiménez mantiene durante casi una década el mismo equipo ministerial, los mismos gobernadores y los mismos jefes militares en los mismos comandos, se va creando en las nuevas generaciones militares y la cúpula castrense un distanciamiento cada vez mayor, que aleja a Pérez Jiménez del conocimiento de cuanto pasaba en los cuarteles, impidiéndole percibir las señales que ya se advertían en todo el país. El año 1957 deber ser estudiado en Venezuela con la mayor atención porque es la crisis económica que estalla en ese año, es la falta de recursos de la dictadura para continuar sus obras, lo que va a obligar a determinados sectores hasta entonces indiferentes frente a los excesos de la dictadura a tomar participación en los episodios finales de la lucha y transformar, en un movimiento nacional victorioso, la empresa que en forma solitaria habían sostenido los partidos políticos. Deben leerse los manifiestos públicos entre el 1º y el 23 de enero de 1958, del Colegio de Ingenieros, del Colegio de Médicos, Profesores Universitarios, de la Iglesia Católica, para medir las verdaderas dimensiones de la crisis. Uno de los más importantes es el manifiesto del Colegio de Ingenieros, del 10 de enero de 1957, en el que se hace un relato de la situación económica y social y se aportan datos fundamentales sobre la conformación de la crisis que va a dar término a la dictadura.

También hay un hecho latinoamericano que debe anotarse: la década de los años 50 así como la década de los años 70, será de dictaduras militares; pero hay que diferenciarlas. La década de los años 50 en América Latina es de dictaduras militares personalistas: Odría, Rojas Pinilla, Perón, Somoza, Stroessner, Batista, Pérez Jiménez. La década de los años 70 será también de dictaduras militares, pero dentro de ellas un Consejo Militar de Gobierno controla los pasos del Presidente Militar y lo obliga a cumplir las normas de un programa. Además, tanto la dictadura militar de Argentina, como la de Brasil, establecieron verdaderos períodos presidenciales, descartando el dictador militar clásico.

Para el año de 1957, ya era Pérez Jiménez el único de los dictadores del grupo de los años 50 que quedaba en el poder. Había caído Rojas Pinilla y Perón, y Odría, su maestro en la escuela de Chorrillos, le había aconsejado que convocara a elecciones, como él lo había hecho en el Perú, advertencia que determinó la ruptura de la amistad entre los dos dictadores.

¿Cuál es el cuadro venezolano para diciembre de 1957? Ya sabemos que una Asamblea Constituyente espuria porque fue constituida alterando los resultados electorales, había dictado una Constitución y esa Constitución señalaba la forma de elección del Presidente de la República para el período que se iba a iniciar en 1958; pero Pérez Jiménez viola su propia Constitución e inventa un plebiscito –la gente sólo votaba SI o NO– en el cual estaban obligados a participar los inmigrantes, hecho que traería luego graves consecuencias para ellos. De esta manera Pérez Jiménez protagoniza un nuevo golpe de Estado, el tercero, en cuanto liquida la propia “legalidad” que lo asistía un régimen plebiscitario que violaba la carta constitucional que en el golpe de diciembre de 1952 había dictado a su leal saber y entender.

¿Qué había pasado en el orden económico en el último año de la dictadura? El sistema del gobierno era realizar durante los últimos seis meses de cada año, su programa de obras públicas: viviendas, carreteras, autopistas, avenidas, etc., en todo el país; en la Venezuela de entonces se llamaba “la Zafra” este período de trabajos públicos; en los otros seis meses reinaba el desempleo. El ritmo acelerado de esta política de construcciones determinó un endeudamiento en cifras que hoy parecen ridículas. El presupuesto nacional era de apenas tres mil millones de bolívares y en 1955 se apeló a la venta de las concesiones petroleras para tratar de aumentar los recursos fiscales, pero se agotaron esos recursos extraordinarios y el gobierno empezó a ser deudor fallido; el malestar económico se hace evidente, el desempleo se multiplica, mientras grandes masas de gente de la provincia se han concentrado en la capital de la República y en las otras ciudades del país. Crece el malestar social, señalado en la Pastoral de Monseñor Arias Blanco que denuncia el 1 de mayo de 1957 el gran contraste entre unas clases sociales poderosas, desposeídas de todo espíritu de justicia, y unas mayorías sometidas a la miseria y el desamparo. Esta situación de protesta social y de descontento militar provocará un nuevo entendimiento entre los partidos en la ilegalidad y los grupos juveniles de las Fuerzas Armadas, y determinará el estallido de una crisis que comienza el 1 de enero y culmina victoriosamente el 23, período durante el cual ocurren en el país acontecimientos que desajustan la estructura de la dictadura que empieza a vacilar y que al final determinan la huida del dictador, fuera del país.

No podemos ver el episodio del 23 de enero simplemente como el retorno de los partidos políticos al poder. Si los partidos políticos toman la dirección del movimiento, de la misma manera hacen acto de presencia y reclaman su cuota de poder el empresariado, los gremios profesionales, los medios de comunicación social.

Los partidos políticos han resistido la prueba de diez años de clandestinidad y el anhelo de libertad ha crecido en las nuevas generaciones. Por otra parte, en diversas regiones del país y no solamente en la capital de la República ocurre lo mismo porque las dificultades económicas han provocado inquietud y protesta. También van a ocurrir ciertas manifestaciones de repudio a la masa de inmigrantes europeos, no por xenofobia que no existe en Venezuela, sino por el hecho de haberlos obligado el gobierno a participar en el episodio del plebiscito. Esa circunstancia originará una medida absurda como fue la prohibición de la entrada de nuevos inmigrantes al país, medida explicable dentro del ambiente político de aquella hora.

Desde el primer momento se va a crear un acuerdo entre sectores nacionales que se va a protocolizar en el llamado Pacto de Punto Fijo, pues las Fuerzas Armadas han llegado a un entendimiento con otras fuerzas o sectores nacionales que han crecido y se han fortalecido a lo largo de los años que comienzan en 1936: el empresariado, la clase media, la clase obrera. Desde Páez hasta el gobierno de Pérez Jiménez, la raíz y la columna de sustentación de todos los gobiernos en Venezuela, fueron exclusivamente las Fuerzas Armadas. Naturalmente, todos esos regímenes, una vez instalados, convocaban a una Asamblea Constituyente, aprobaban su Constitución y designaban a los miembros componentes de los llamados Poderes Públicos. Pero la gran modificación que se va a operar en enero de 1958 es el acuerdo entre las Fuerzas Armadas y los otros sectores nacionales de poder, lo que determina los contornos y la fisonomía de la Venezuela moderna: los partidos políticos, el empresariado, las fuerzas sindicales, los medios de comunicación social y la Iglesia Católica. Esas son las fuerzas que van a tomar la dirección del país en ese episodio.

Hay un hecho que es necesario señalar, ya para finalizar, que indica la importancia de este movimiento. Cuando las Fuerzas Armadas deciden retirar su confianza a Pérez Jiménez y apoyar esta nueva organización del país, no reconocen ningún nuevo caudillo militar y constituyen la Junta de Gobierno los militares de mayor antigüedad en su respectiva arma. No surge del seno de las Fuerzas Armadas un elegido providencial, sino que son las Fuerzas Armadas, con sus comandos normales, las que han tomado una determinación. Hecho éste muy importante, pues los acontecimientos de los primeros años de la década del 60, con la aparición y la actuación de las guerrillas fidelistas comunistas por un lado y de la conspiración perezjimenista por otro, van a colocar a esas Fuerzas Armadas en una hora de dura prueba al tener que enfrentarse a las dos conspiraciones para sostener el sistema democrático representativo que habían decidido respaldar en enero de 1958.

También conviene anotar que a la caída de la dictadura en 1958 ningún grupo político planteó el problema de la salida revolucionaria, ni reclamó cambios estructurales de todos los sectores políticos. Desde los sectores que pudieran llamarse liberales o conservadores, hasta los socialdemócratas, socialcristianos y el Partido Comunista, plantearon y proclamaron como meta alcanzar el retorno al ejercicio de las libertades, la convocatoria a elecciones, la restauración de la democracia representativa. Cuanto se ha dicho después en sentido contrario, no está respaldado por la verdad de los hechos.

Es necesario señalar también que en 1958, por sobre el interés o cálculo de cualquier líder, en Venezuela hicieron acto de presencia las fuerzas sociales y económicas que estaban empeñadas en implantar un sistema democrático, de libertades, de desarrollo económico y de justicia social: las Fuerzas Armadas, los partidos políticos, las fuerzas empresariales y los sindicatos; de tal manera que más allá de la anécdota, en ese año de 1958 están presentes, por primera vez en la vida venezolana política y nacional, las organizaciones más que los líderes.