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La revista Vuelta

Portada de la revista Vuelta

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“Que Vuelta representa una etapa y una referencia en la cultura de América Latina durante más de dos décadas, lo suscriben muchos hechos”

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La historia de Vuelta puede rastrearse desde muchos años antes de la aparición de su primera entrega, el 15 de noviembre de 1976. Un antecedente conocido nos remite a octubre de 1971, cuando apareció el primer número de Plural. Crítica, Arte, Literatura, revista también creada por Octavio Paz, y que hizo crisis en junio de 1976, cuando el diario Excelsior, su patrocinador, se vio obligado a cambiar tanto de directivos como de lineamiento editorial, como consecuencia de los reiterados ataques en su contra emprendidos por el gobierno de Luis Echeverría: Paz y los intelectuales que entonces le acompañaban no se dieron por vencidos. Unos meses más tarde, ese mismo año, se produjo el lanzamiento de la mítica revista Vuelta.

Cuenta Malva Flores, autora de Viaje de Vuelta. Estampas de una revista, que en una carta que Paz le mandó a Tomás Segovia en mayo de 1967 (cuando todavía era Embajador de Méjico en La India), le decía: “debe ser una revista de batalla”. La idea de crear una publicación que asumiera la confrontación que los tiempos demandaban, fue siempre un anhelo y una exigencia que Paz formulaba a sus interlocutores. Quien tenga el privilegio de revisar las ediciones publicadas entre 1976 y 1998 podrá verificar en qué medida se cumplieron o no aquellos objetivos, de un grupo de hombres que compartían la idea de que los intelectuales sí tenían una tarea que llevar adelante en la esfera pública.

Octavio Paz, Alejandro Rossi, Gabriel Zaid, Enrique Krauze, Salvador Elizondo, Tomás Segovia, Christopher Michael Domínguez, Aurelio Asiain, Adolfo Castañón, Ululame González de León, Guillermo Sheridan, Guillermo Cabrera Infante y otros, por 22 años mantuvieron a Vuelta como una de las más altas y palpitantes referencias en Iberoamérica, no restringida al campo literario, sino como una presencia indudable del debate intelectual contemporáneo. Uno de los atributos que tiene el libro de Malva Flores (1961), poeta y ensayista, es la reconstrucción que hace del ambiente de polaridad, el trazo de la atmósfera proclive a la discusión, que eran características de aquellos días, especialmente en los años setenta y ochenta del siglo pasado.

Código genético

En el núcleo del pensamiento de Vuelta es posible destacar, entre otras, cuatro fuerzas que merecen ser comentadas. En primer lugar, una vocación de autonomía editorial, reivindicada de la primera a la última edición de la revista. Luego, asociado a lo anterior, un sentido crítico proyectado hacia distintos planos: al hecho literario y también hacia otras cuestiones esenciales de la vida pública. Por ello, el ensayo con voluntad desmitificadora, se reitera como el género de mayor frecuencia e impacto, entre los seis mil textos que la revista publicó a lo largo de su historia.

La defensa de la democracia, del individuo y de un marco de libertades para la acción humana, fue la actitud vital, el signo (el signo determinante, provoca escribir): una posición que se respira, que resulta insoslayable, la marca indeleble de Vuelta. Por último, cabe mencionar aquí una característica (también de Plural): el reconocimiento de las diferencias sustanciales que existen entre periodismo y literatura, y que marcaron siempre un estándar alto para los textos que se publicaban (lo que provocó reacciones de muchos autores en nuestra lengua, ofendidos por no ser publicados; entre ellos se originaron algunas de las acusaciones que acusaban a Vuelta de elitista y hermética).

México y el mundo

“Si México –su literatura, su sistema político, su historia, su arte, etcétera– fue punto medular de la revista, no menos importantes fueron las distintas expresiones mundiales que dieron rostro al último cuarto del siglo XX y que encontraron difusión, pero sobre todo discusión, en las páginas de Vuelta”, también fue consistente en la denuncia de los totalitarismos y las dictaduras. Asociado a lo anterior, a menudo enfrentó al populismo e hizo suyas las causas de la libertad y la defensa de los escritores perseguidos. Muchos nombres, pero en particular los de Isaiah Berlin, Milan Kundera, Claude Roy, Elías Canetti, Tzevetan Todorov y Eliot Weinberger, entre otros, publicaron notables ensayos que marcaron, en alguna medida, la personalidad que la revista adquirió para sus lectores.

Malva Flores pasa las páginas. Revisa edición a edición. Toma notas y ordena las vocaciones de 22 años de trabajo: la tradición literaria mexicana e iberoamericana, la literatura francesa, la poesía anglosajona, el análisis histórico y político, el ejercicio de la crítica de la literatura, pero un ejercicio siempre alejado de las formalidades de la academia. Casi mil poemas (Charles Tomlinson, Derek Walcott, John Ashbery, Mark Strand, James Laughlin y tantos otros). Decenas de ensayos dedicados a las artes visuales. Reseñas de grandes exposiciones, dentro y fuera de México. Y, a menudo, las polémicas conceptuales, políticas y en el espinoso terreno de las ideas.

Que Vuelta representa una etapa y una referencia en la cultura de América Latina durante más de dos décadas, lo suscriben muchos hechos: el que varias generaciones de intelectuales fueron sus lectores; las adhesiones y también los rechazos que ella suscitaba entre izquierdistas y mediocres de muchos lugares (al punto que la publicación experimentó varias temporadas de prohibición en distintos países); pero por encima de todo lo ratifica el eco, la durabilidad, el asombro que sus páginas nos siguen produciendo, cada vez que tenemos la fortuna de abrirla y leerla.


Viaje de Vuelta. Estampas de una revista

Malva Flores

Fondo de Cultura Económica

México, 2011