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Papel literario

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Una proposición elíptica

Elíptico, exposición de Andrés Michelena. Sala Mendoza / Foto Ricar2

Elíptico, exposición de Andrés Michelena. Sala Mendoza / Foto Ricar2

Papel Literario ofrece a continuación un fragmento del texto curatorial que Castillo Zapata ha escrito sobre la exposición “Elíptico”, de Andrés Michelena, que permanecerá abierta en la Sala Mendoza, hasta el próximo 2 de abril

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La primera obra de Elíptico con la cual se enfrenta el espectador nos pone por delante un elemento material que se reitera en muchas de las piezas y que nos obliga a reflexionar acerca de sus implicaciones conceptuales: es el dymo, el procedimiento tecnológico, hoy arcaico, de imprimir en relieve un texto sobre una cinta de celuloide. Como tal, el dymo parece reunir condiciones particularmente atractivas para el ejercicio de una experiencia visual concernida por el empleo del lenguaje como medio expresivo. Por otro lado, en su condición de dispositivo anacrónico, el dymo añade elementos significativos adicionales: el empleo de un dispositivo mecánico en la era de los dispositivos digitales es ya el síntoma de una determinada posición ante el parque tecnológico disponible, el trabajo con instrumentos manuales y artesanales, alejados del aparataje electrónico de avanzada, por ejemplo, aunque, al mismo tiempo, el artista trabaje también con este tipo de artefactos, como el iPad. La elección del dymo, en todo caso, alude también, quizás, a una cierta nostalgia por cierto modo de trabajar en el taller, cierto intimismo en la factura, cierta cercanía afectiva que incluye una recuperación tal vez deliberada de un aparato que recuerda la infancia, como un viewmaster, por ejemplo. Quizás estos detalles sean importantes para entender el punto de vista de Michelena en relación con los medios y los materiales, con la situación del trabajo artístico en el taller, con la elección de instrumentos de trabajo precarios o modestos.

Sea como sea, esta primera obra se propone como una señal de apertura, como un umbral en el que se contrapone la palabra “noise” a su traducción “ruido”. Esta señal o marca se encuentra situada, de manera estratégica, fuera de la sala de exposición propiamente dicha; de este modo decide una suerte de frontera: el “ruido” se quedará fuera del espacio donde se exponen las otras obras, lo que presupone, tal vez, que en ese espacio reinará el “silencio” o un tipo de atmósfera sonora –pero sobre todo semántica– ajena, al menos, al estruendo del lenguaje, al estruendo de lo visible. Esta frontera define no solo una espacialidad sino una intencionalidad: las obras que expone Michelena son, en este sentido, “discretas”, a la vez alusivas y elusivas, es decir, elípticas. Esta constatación pudiera involucrar varios sentidos relevantes para la comprensión y experimentación de la muestra: por un lado, inscribe frontalmente la propuesta de Michelena en el campo del arte conceptual; por otro, indica de plano, y con esta primera premisa planteada desde la entrada, que el lenguaje de las obras es un lenguaje indirecto, lo que implica a su vez que hay en ellas un mensaje implícito, un mensaje que se enuncia fuera del “ruido”, que queda afuera, pero que, probablemente, alude al mismo tiempo al ruido que lo constituye, porque ese mensaje, en una importante cantidad de las obras expuestas, se refiere nada más y nada menos que al caos histórico: a la inmediatez abrumadora de sensaciones desencontradas que constituye el escenario político actual de la nación. De este modo, la probable “discreción” de esta propuesta “elíptica”, anuncia al mismo tiempo, y sin contradicciones, su carácter “indiscreto”, es decir, secretamente “revelador”, “interpelante” (y, al mismo tiempo, “interpretante”)  a propósito de una situación social concreta.

Aquí cobra sentido el sombreado que Michelena ha dibujado alrededor de las etiquetas de dymo con las palabras “noise” y “ruido” pegadas a la entrada de la exposición: las palabras tienen sombra. Eso puede querer decir, por una parte, que son palabras asombradas que declaran una experiencia de asombro ante la realidad; pero también, por otra, que toda palabra lleva su sombra, es decir, su doblez semántica, su otra cara significativa. De este modo, desde la entrada, Michelena está induciendo y orientando una mirada y una perspectiva que disponen ya las condiciones de una determinada lectura asombrada y con conciencia de sombra –es decir, del carácter elíptico, ambiguo, polivalente y equívoco, hermenéuticamente intensivo, del lenguaje que inviste y reviste la hechura y la postura de las obras en sala– de la muestra.

En esta pieza hay que advertir, por otro lado, un elemento adicional: el par noise/ruido incorpora en su aparentemente simple contraposición varios sentidos añadidos o connotados. Uno alude, obviamente a la interferencia lingüística entre el inglés y el español y a su posible relación de traslación: esta posibilidad de traslación involucra, a su vez, el viejo problema nunca resuelto de la traducción como traición. Pero también involucra ideas de desplazamiento idiomático que son también ideas de desplazamiento territorial y afectivo: dos palabras en los idiomas con los que vive y convive el artista cotidianamente, dos palabras en los idiomas correspondientes a dos realidades culturales distintas, la angloamericana y la latinoamericana, la de la comunidad latina de la Florida, digamos, y la de la comunidad venezolana. Este par lingüístico alude, pues, a la ambigüedad territorial y cultural en la que se desarrolla la experiencia y el quehacer artístico de Michelena: contraposición de lenguas y de leguas que, reconociendo la diferencia indiferente de los regímenes verbales y geopolíticos mundiales, al mismo tiempo apuesta por el entendimiento y, efectivamente, por el traslado y el desplazamiento de una lengua a otra, de una cultura a otra. Una operación poética y política, lingüística e ideológica al mismo tiempo, signada, inevitablemente, por el doblez, otra vez, de la sombra; es decir: de sentidos confusos y confundidos, de ruido y residuo semántico no resuelto en los bordes y los pliegues de las palabras, en sus entretelas estructurales y sus entretelones sociales.