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Tres poemas de Wyslawa Szymborska

1923-2012. Fue reconocida con el Premio Nobel de Literatura en 1996

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Encuentro Inesperado

 

Somos muy amables el uno con el otro,

decimos que es bonito encontrarse después de tantos años.  

 

Nuestros tigres beben leche.

Nuestros azores van a pie.

Nuestros tiburones se ahogan en el agua.

Nuestros lobos bostezan ante una jaula vacía.

 

Nuestras víboras se han sacudido los relámpagos,

los monos la inspiración, los pavos reales las plumas.

¡Cuánto hace que dejaron nuestro pelo los murciélagos!

 

Callamos sin terminar la frase,

sonriendo sin remedio.

Nuestras personas

no saben cómo hablarse.

 

 

Descubrimiento

 

CREO EN EL GRAN DESCUBRIMIENTO.

Creo en el hombre que hará el descubrimiento.

Creo en el espanto del hombre que hará el descubrimiento.

 

Creo en la palidez de su rostro,

en la náusea, en el frío sudor en su labio.

 

Creo en la destrucción de sus apuntes,

en su reducción a cenizas,

en su completa destrucción.

 

Creo en el desparramarse de los números,

en un desparramarse sin arrepentimiento.

 

Creo en la prisa del hombre,

en la precisión de sus movimientos,

en su libre albedrío.

 

Creo en la rotura de los pizarrones,

en el derramamiento de los líquidos,

en la extinción del rayo.

 

Afirmo que se logrará

y que no será demasiado tarde,

y que todo sucederá en ausencia de testigos.

Nadie lo sabrá, estoy segura de ello,

ni su mujer, ni la pared,

ni un pájaro siquiera, porque y si le da por cantar.

 

Creo en las manos limpias,

creo en la carrera arruinada,

creo en el trabajo perdido de varios años.

Creo en el secreto llevado a la tumba.

 

Estas palabras se alzan ante mí por encima de las reglas.

No buscan apoyo en ningún ejemplo.

Mi creencia es fuerte, ciega y sin fundamento.

 

 

Un terrorista: Él observa

 

La bomba explotará en el bar a las trece veinte.

Ahora apenas son las trece dieciséis.

Algunos todavía tendrán tiempo de salir.

Otros de entrar.

 

El terrorista ya se ha situado al otro lado de la calle.

Esta distancia lo protege de cualquier mal,

y se ve como en el cine:

 

Una mujer con una cazadora amarilla: ella entra.

Un hombre con unas gafas oscuras: él sale.

Unos chicos con vaqueros: ellos hablan.

Trece diecisiete y cuatro segundos.

El más bajo tiene suerte y se sube a una moto,

el más alto entra.

 

Trece diecisiete y cuarenta segundos.

Una niña: ella camina con una cinta verde en el pelo.

Sólo que de repente ese autobús la tapa.

 

Trece dieciocho.

Ya no está la niña.

Habrá sido tan tonta como para entrar, o no,

ya se verá cuando los vayan sacando.

 

Trece diecinueve.

Y ahora como que no entra nadie.

En vez de entrar, aún hay un gordo calvo que sale.

Pero parece que busca algo en sus bolsillos y

a las trece veinte menos diez segundos

regresa por sus miserables guantes.

 

Son las trece veinte.

Qué lento pasa el tiempo.

Parece que ya.

Todavía no.

Sí, ahora.

Una bomba: la bomba explota.