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Tres poemas de Tess Gallagher

La actividad creadora de Tess Gallagher (1943) incluye la narrativa, el ensayo y la poesía. Traducidos por el poeta Eduardo Moga, los poemas que aquí se ofrecen pertenecen al libro “El puente que cruza la luna”, estremecedor encuentro con su esposo ya fallecido, el escritor Raymond Carver

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“San Valentín empapado por la lluvia”

 Como si un niño, reacio a encerrar

el figurado corazón en bolsillo o

fiambrera de almuerzo, lo hubiera llevado

a casa, en bandeja, bajo el aguacero. Una migración

apasionada; no importa su forma redundante

ni otras treinta igual de crudas. El trayecto

le hizo bien: sangra el lazo blanco, y regueros

de agua emborronan las palabras del mensaje

acostumbrado. Llegó con una embestida,

seriedad del momento; no quería

ser sólo "suficiente", como en los amores precavidos:

el efecto valorado antes que el obsequio.

De antiguo vuelto escoria viniendo a mí, no

le importa si soy luz de luna. Está llegando

el candor, el cortejo.

 

“Ébano”

Necesito el latir de estas olas oscuras en mi sueño.

¿De qué otro modo recuperar el acre

aliento del clavel, que se renovaba en nosotros

noche tras noche? Yacer junto al amado

significaba disfrutar del jardín en todas las estaciones.

Ahora lo veo. Delicadamente, y sin

que el falso lustre del dolor atraiga

la memoria hasta la fragancia pura.

En el flujo y reflujo de las piedras debajo de la casa,

un espíritu amable tamiza y baña sus pesos,

y las que fueron lágrimas en alguna leyenda oriental

son vigorosamente borradas por la erosión. Y tú,

que fuiste una piedra tan sólo, me enseñaste a ser piedra.

Lo que supone burlarse de la contención en su rica periferia.

Lo gris, lo verde en mi negrura.

 

“El puente que cruza la luna”

Si me quedo mucho rato junto al río

en noches de luna,

no creáis que mi atención obedece

a lo meramente estético, aunque

eso salve a la luz del día.

Sólo lo que alguna vez llamamos adoración

tiene los pies lo bastante ligeros como para transportar

a los vivos por esa brecha de fulgor.

Y quién dirá que no he cruzado el puente

por que lo haya utilizado como testigo,

para que el agua siguiera siendo agua

y las incongruencias de la luna cartografiaran

la unión de la que estaba segura.