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Tres poemas de Odiseo Elytis

Traducidos por Miguel Castillo Didier, los poemas aquí seleccionados pertenecen a la antología “Poetas griegos del siglo XX”, publicado por Monte Ávila Editores en 1981. El poeta Odiseo Elytis (1911-1996) fue reconocido con el Premio Nobel de Literatura en 1979

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El Granado Enloquecido

 

En estos patios blanquísimos en que sopla el viento sur

silbando en arcos abovedados, decidme ¿es el granado enloquecido

que vibra a la luz desparramando su risa frutal

con porfías y silbidos del viento?, decidme ¿es el granado

enloquecido

 

que palpita a la alborada con follajes recién brotados

desplegando todos los colores en lo alto con un temblor de triunfo?

Cuando en los campos que despiertan las muchachas desnudas

siegan los tréboles con sus manos rubias

recorriendo los confines de sus sueños, decidme ¿es el granado

enloquecido

 

que velando coloca las luces en sus cestos verdes

que hace desbordar sus nombres de trinos, decidme

es el granado enloquecido que combate con las nubes del mundo?

 

En el día que por envidia se adorna con alas de siete clases

ciñendo el sol eterno con mil prismas

enceguecedores, decidme ¿es el granado enloquecido

que se coge una crinera con cien fustas en plena carrera

nunca entristecido y nunca quejoso, decidme es el granado

enloquecido

que grita la nueva esperanza que amanece?

 

Decidme ¿es el granado enloquecido que saluda a la distancia,

agitando un pañuelo de hojas de fresco fuego

una mar presta a dar a luz con incontables navíos,

con olas que se marchan innumerables veces

a costas inodoras, decidme es el granado enloquecido

que hace rechinar los mástiles en la altura del diáfano éter?

 

Muy alto con el racimo azulado que se enciende y festeja,

arrogante, pleno de peligros, decidme es el granado enloquecido

que hace estallar con luz en medio del mundo las intemperies

del  demonio

que despliega de extremo a extremo el collar azafranado del día

profusamente recamado de canciones, decidme

es el cerezo enloquecido

que de prisa desabotona los vestidos de seda del día?

 

En enaguas de primero de abril y en cigarras de mediados de

agosto

decidme, éste que juega, que se enfurece, que seduce

sus malas tinieblas oscuras por la amenaza

vaciando en los senos del sol las aves embriagadoras,

decidme ¿éste que extiende las alas sobre el pecho de las cosas

en el pecho de nuestros profundos ensueños, es el granado

enloquecido?

 

 

Marina de las rocas

 

Tienes un gusto de tempestad en los labios –Pero dónde vagabas

Todo el día en la dura ensoñación de la piedra y del mar

Un viento aquilino desnudó las colinas

Desnudó tu deseo hasta el hueso

Y las niñas de tus ojos cogieron el bordón de la Quimera

Estriando con espuma el recuerdo!

Dónde está la conocida subida del pequeño Septiembre

En la tierra roja donde jugabas mirando hacia allá abajo

Los profundos habares de las otras niñas

Los rincones donde tus amigas dejaban el romero por brazadas.

 

–Pero dónde vagabas

Toda la noche en la dura ensoñación de la piedra y del mar

Te decía que midieras en el agua desnuda sus días luminosos

Que gozaras de espalda el alba de las cosas

O que tornaras de nuevo por los campos amarillos

con un trébol de luz en tu pecho heroína del yambo.

 

Tienes un gusto de tempestad en los labios

un vestido rojo como la sangre

Profundo en el oro del verano

el aromo de los jacintos –Pero dónde vagabas

 

Descendiendo hacia las playas los golfos con los guijos

Había allí una fría yerba salobre de mar

Pero más en lo hondo un sentimiento humano que ensangrentaba

Y abrías con estupor tus manos diciendo su nombre

Ascendiendo ligera hasta la transparencia del fondo

Donde centelleaba tu propia estrella de mar.

 

Escucha, la razón es la prudencia de los últimos

el tiempo escultor iracundo de los hombres

el sol permanece sobre él, bestia de esperanza

tú más cerca de él estrechas un amor

Teniendo un gusto amargo de tempestad en los labios.

 

No es para que cuentes azulada hasta el hueso con otro verano

Para que cambien de curso los ríos

Para que te lleven atrás hasta sus fuentes

Para que beses de nuevo los cerezos

O para que te vayas cabalgando en el mistral.

 

Enclavada en las rocas sin ayer y mañana,

En los peligros de las rocas con el peinado del vendaval

Despedirás tu enigma.

 

 

Melancolía del Egeo

 

¡Qué concatenación del alma con los alciones de la tarde!

¡Qué quietud en las voces de la lejana tierra firme!

El cuchillo en el pañuelo de los árboles

Y el místico instante de la cena de los pescadores

Y el mar que toca con la armónica

El lejano marchitarse de la mujer

De la hermosa que desnudó sus pechos

Cuando el recuerdo penetró en los nidos

Y las lilas rociaron con fuego el ocaso.

 

Con el caique y con las velas de la Virgen

Se fueron con la despedida de los vientos

Los amantes del destierro de los lirios

Pero cómo musitó aquí la noche el sueño

Con cabellos rumorosos en los cuellos lucientes

O en las vastas costas blancas

Y cómo con la espada áurea de Orión

Se esparció y se vertió en lo alto

El polvo por los ensueños de las niñas

Que olieron a albahaca y a romero.

 

En las encrucijadas donde estuvo la antigua maga

Quemando el viento con el tomillo seco

Las espigadas sombras pasaron leves

 

Con una jarra llena de agua silenciosa en la mano

Blandamente como si entraran al Paraíso

Y desde la plegaria de los grillos que espumó los campos

Las bellas aparecieron con piel de luna

Para danzar en la era medionocturna.

 

Oh señales que transitáis en el fondo

Del agua que sostiene un espejo

Siete pequeños nardos que fulguráis.

 

Cuando retorne la espada de Orión

Hallará un pan pobre debajo de la lámpara

Pero un alma en el rescoldo de los astros

Hallará grandes brazos ramificados al infinito

Algas solitarias vástagos postreros de la playa

Por años verdes pedrerías.

 

¡Oh gema verde –qué adivino-de-tempestades te vio

Detener la luz en el nacer del día

La luz en el nacer de los dos ojos del mundo!