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Tres poemas de Mark Strand

El próximo 11 de abril, Mark Strand, nacido en la Isla del Príncipe Eduardo, año de 1934, cumplirá 80 años. Ha recibido premios como el Pulitzer (1999), el Wallace Stevens (2004) y el de la Academia Americana de las Artes y las Letras (2009). Entre sus traductores al español están los poetas Eduardo Chirinos y Octavio Paz

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Tres poemas de Mark Strand

EL  CUARTO

 

Es la historia de siempre, la manera en que ocurre

a veces en invierno, a veces no.

Quien la escucha se ha dormido,

las puertas del armario de su infelicidad se abren

 

y entra en su cuarto la desgracia-

muerte al amanecer, muerte al anochecer,

sus alas de madera agitan el aire,

sus sombras, la leche derramada que llora sobre el mundo.

 

Hay necesidad de finales sorprendentes;

el verde prado donde las vacas arden como papel impreso,

donde el granjero se sienta y mira,

donde nada, cuando ocurre, es demasiado terrible.

 

 

LLEGAR  A   ESTO

 

Hicimos aquello que deseamos.

Hemos descartado sueños, prefiriendo la dura tarea

de apoyarnos uno al otro, y hemos acogido al dolor

y llamado ruina al hábito imposible de romper.

 

Y ahora estamos aquí.

La comida está lista y no podemos comer.

La carne descansa en la blanca laguna de su plato.

El vino espera.

 

Llegar a esto

tiene sus compensaciones: nada es prometido, nada

nos es arrebatado. No tenemos corazón ni gracia salvadora.

No hay lugar adonde ir, no hay razón para quedarnos.

 

 

FICCIÓN

 

Pienso en las vidas inocentes

de las personas que habitan las novelas, de las que saben

que morirán una vez que la novela termine. Cuan diferentes

son de nosotros. Aquí, la luna mira hacia abajo torpemente,

a través de dispersas nubes, sobre el pueblo dormido,

y el viento arremolina hojas secas

y alguien -es decir, yo-, hundido en su silla, hojea

ansiosamente las páginas que quedan, sabiendo que no hay

tiempo para el hombre y la mujer en el cuarto alquilado,

para la luz roja sobre la puerta, para el arco iris

que arroja su sombra contra el muro; no hay tiempo

para los soldados bajo los árboles que bordean el río,

para los heridos arrastrados de muy lejos

a las ciudades del interior donde serán hospedados.

La guerra que dolió tantos años llega a su final,

y todo lo que pasa llegará a su final, excepto una presencia

difícil de definir, una señal, como el olor de la hierba

tras una noche de lluvia o los restos de una voz

que nos deja saber vagamente,

sin desesperanza, que si el final llega, también pasará.

 

Los poemas aquí publicados pertenecen al volumen Sólo una canción, traducidos por Eduardo Chirinos (Editorial Pre-Textos, España, 2004).