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Papel literario

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Tres poemas de Karl Krolow

Alemania, 1915-1999. Además de poeta, fue un destacado hispanista. Entre los galardones que obtuvo como poeta están los premios Büchner, Rilke y Hölderlin.  Los poemas aquí seleccionados fueron seleccionados y traducidos por Felipe Boso, para la Editorial Visor, Alberto Corazón (España, 1980)

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Día de Calor

En el río se abrazan las imágenes invertidas

de los enamorados.

El mediodía tiene axilas

de pétalos húmedos de gladiolo.

Se oye decir: Un día de calor

O: El viento anda

detrás del aroma del espliego

como un hombre detrás de una mujer.

Alguien se pone la mano izquierda

delante de los ojos a modo de visera.

El mediodía avala

el equilibrio del mundo.

De noche se desabrochan

solas

las blusas de las muchachas.

 

Estación Muerta

Así pudo ocurrir

que, de puro silencio,

se cayesen al suelo

los retratos de los antepasados

colgados de la pared.

O que la botella de Beaujolais

se aliara

con unas peras arrugadas

para componer una naturaleza muerta.

 

Era la hora de las carpas

y de las moscas moribundas.

 

El mediodía pestañeaba

bajo el peso de los párpados.

Sí, los soplos de los corazones

se hicieron perceptibles durante algún tiempo

en el estanque de los niños marinos

que ayer habían dado allí

órdenes a sus navíos.

 

Anteayer todavía

era todo distinto.

La estación muerta

vivía aún en el olor, levemente legendario,

de la hierba.

 

Los retratos esperaban

desbaratados en el suelo

que alguien saliese de la pared

y los enderezase riendo a carcajadas.

 

Blancura

Blancura. Un mantel hecho jirones.

Alguien lo agita. Es la mano blanca

del viento del Este.

Alguien comenta: Nieva.

Poco a poco,

el aire hecho jirones abre los ojos

de tanto frío.

 

Qué bien se escribe con nieve.

El tiempo se somete

lo que dura una carta en blanco y huele

a helada y a manzanas

hasta que se derrite.