• Caracas (Venezuela)

Papel literario

Al instante

Tres poemas de José Carlos Llop

Llop (España, 1956) tiene una extensa obra como autor de novelas, relatos, ensayos y poemas. Los aquí seleccionados pertenecen a su libro más reciente, “La vida distinta”, publicado por la Editorial Pre-Texto, España, 2015

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

La tentación del geómetra

Soy de las letras pero amo la geometría:

el rombo de Machaelis, los hemisferios

de las nalgas y su elipsis sagrada,

la abultada perfección de la vulva

o la curva del empeine, que adoro,

como la línea que cruza el envés

de la rodilla, o la inclinada tangente

de la nuca. Amo las esferas

como albaricoques o ciruelas,

la bahía entre cuello y hombro,

los suaves arroyos del interior

de las muñecas y el esplendor

del Bósforo entre los muslos,

con Estambul al fondo y Asia,

detrás. Porque soy de letras

sé, que la oculta tentación

del geómetra es la geometría:

trazar las cartas marítimas

sobre una piel desconocida,

detenerse en la tensa

parábola del pezón,

marcar las coordenadas

y sus límites y saber del calor

tropical de sus puertos,

donde los pájaros blancos

surgen de los manglares

y alzan, cantando, el vuelo:

última magia de la simetría.

 

Padre

La tarde desciende como una garza en el lago

y me gustaría que tú y yo, compartiendo

un paquete de tabaco, charláramos ahora

de lo que ya no te puedo preguntar.

Cuándo, por ejemplo, descubriste a san Pablo,

la fecha en que se construyó el velódromo,

tus sesiones de esgrima en la Academia,

o lo que sentiste aquella tarde de ventisca

al perderte en la nieve. Qué tiendas mirabas

camino del colegio, cómo recuerdas a tu padre,

las madrugadas de pesca con tu hermano,

o qué pensaste la mañana en que Madrid,

año infausto de 1936 (tú ibas de uniforme),

te dispararon. No es la tarde que cae sino yo

el paciente tendido –como un poema de Eliot–

por el éter de una memoria que no tendré.

Quisiera que me contaras quién te hacía

los impecables trajes de tu juventud,

tus días de guerra en el Guadarrama,

o si algún momento conociste el miedo.

Que me hablaras del instante

en que te presentaron a mi madre y supiste,

o en cómo vuestro amor cambió,

como todas las cosas cambian en el tiempo

que nos dan. Nada puedo recuperar

de lo que ya no es, las moscas en Xaouen,

la nieve en la frontera, tu sentido de la entereza,

los silencios…. Esta es mi herencia ahora:

el silencio donde fumo un cigarrillo

como si rezara una oración donde te encuentro

y sonríes de nuevo y me pasas la mano por el pelo.

 

El tiempo de los poetas

Los poetas nombran el mundo

y así renace en cada poema.

Conocen el desierto y las estrellas,

pisan la nieve virgen en pos

de un ave albina o un oso blanco.

La verdad los ilumina sin que sepan.

Navegan en el barco de Ulises,

comparten su lecho con Helena

y no temen el grito de Aquiles.

 

Nadie sino ellos conoce su secreto.

Caen ciudades, reyes, civilizaciones.

Mueren lenguas y escrituras;

como el amor mueren.

Y como el amor permanecen

los poetas en el tiempo:

un tiempo que nunca les pertenece,

aunque sean ellos quienes lo crean.