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Tres poemas de John Ashbery

Clásico de la poesía en inglés. Neoyorkino, John Ashbery nació en 1927. Su obra poética, amplísima meditación de las percepciones del ser humano, ha sido premiada y reconocida en varias lenguas. Entre sus muchos libros traducidos el español se encuentra “Autorretrato en espejo convexo”, que en 1976 recibió el Premio Pulitzer. Los tres poemas de esta entrega pertenecen a “Pirografía”, traducidos por Martín Rodríguez-Gaona (Visor Libros, España, 2003)

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SIMPLICIDAD EN LO DIVERSO

Muchachas estúpidas con sus cabezas llenas de chicos

Hay una última muestra de habla en la parte más externa

Vuestra pose al fin asciende hasta una tarde tonta.

En los empinados bordes azules del cráter se refractan,

Tanta agua aclarará nuestra respiración

Que al final quedará sin lavar. Las finas

Ramas del abeto las atrapan, menguantes.

En nuestro planeta no está el destino

Que logre convertirte en una.

 

Ser ubicado al lado de alguna montaña

Es la historia más cierta, con sólo el aliento

Llegando en remiendos primero, y luego el pequeño chorro

Igual a un motor a vapor que eventualmente arranca.

Las sagas ignoran adrede cuánto habría mejorado al próximo día,

El sentimiento entre capítulos, como aletas.

Hay tanto que ellas deben decir, y es importante

Acerca de todos los movimientos de natación, y la forma en

     que las manos

Salen del océano con vegetación auténtica,

La famosa flecha, las muchachas que llegaron al alba

Para visitar al joven niño, y como, cuando creció hasta

     convertirse en hombre

La misma ceremonia ingobernable reemplazó los limitados

     años intermedios,

Sólo que ahora él era anciano, y estaba obligado a iniciar el

     viaje hacia el sol.

 

SEÑUELO

Guardamos aquellas verdades como si fuesen en sí evidentes:

Ese ostracismo, simultáneamente político y moral, tiene

Su lugar en el esquema de objetos de este siglo veinte;

El caos urbano es el problema del que nos hemos estado

     ocupando y preocupando,

Pues la industria, silenciada por su propia existencia como

Un decadente sistema ético, se ha desplazado directamente al

     otro lado de la vía desde un total trastorno económico

Atrapando a la regresión cara a cara. La escala descendente no

     implica

El correspondiente deterioro de los valores morales, puntualizado

Por acciones de vandalismo corporativo cada cinco años,

Como un puñado de violetas prendidas a un vestido, que

     conoce e ignora su propia condición.

Están ahí todas las razones para regocijarse con esos autoestilizados

     profetas del desastre comercial, esos precursores de la tristeza,

Sobre la inminente actualidad del desenlace que, avanzando

     lentamente, nunca llega,

Al mismo tiempo manteniendo las puertas abiertas para una

     actitud irónica por parte de los perpetradores,

Los hombres que se sientan en sus vastos escritorios los lunes

     para comenzar a concebir las apostillas de la semana,

     tomando apuntes que cobran

Una forma invisible en el aire, como bandadas de gorriones

Sobre el pavimento de la ciudad, girando y dando vueltas a la

     deriva

Pero en promedio conducidos por estímulos perceptibles.

Para resumir: amamos el trazar itinerarios

Y nuestros recuerdos piramidales, alertas como pelusas de

     diente de león, caen de un pretexto al siguiente

Buscando en ocasiones nuevas fuentes de recuerdo, pues la

     memoria es beneficio

Hasta el momento en el que se vacían todas sus

     acumulaciones, como un delta en la llanura,

Pues aquel día ningún provecho se obtendrá del recuerdo, y

     las anomalías serán entre sí abolidas.

Pero hasta entonces, degradados recuerdos nos mantendrán en

     camino, vivos, unos a otros.

 

Nunca hubo una excusa para esto y quizá no se necesitaba

     una,

Pues enfrentándose a la mañana, sobre la amplia cama,

Levantáronse bastante alejados en la cama, ambos:

Marido y mujer,

Hombre y mujer.

 

LA OTRA TRADICIÓN

Vinieron todos, algunos llevaban sentimientos

Adornados sobre camisetas, proclamando lo tardío

De la hora, y en verdad el sol inclinaba sus rayos

A través de ramas de pino de la isla Norfolk como si

Estuviese aclarando gentilmente su garganta, y todas las ideas

     se dispusieran

En un rizo de polvo bajo los árboles cuando llovizna:

Las interminables partidas de Scrabble, las reinyecciones,

El celebrado omeletteau Cantal, y a través de esto

El rugir del tiempo zambulléndose sin registro a través de las

     esclusas

De los días, arrastrando cada instante sexual de los mismos

Pasadas las lupas: el fin de algo.

Solamente entonces levantaste la vista de tu libro,

Incapaz de comprender qué había estado sucediendo, o

Decir qué leías. Se trajeron

Más sillas, se encendieron lámparas, pero no dicen

Nada acerca de cómo todo esto procedió a materializarse

Frente a ti y la gente que esperaba fuera y en la siguiente

Calle, repitiendo su nombre una y otra vez, hasta que el silencio

Se mudó a medio camino de los oscurecidos troncos

Y la reunión fue llamada al orden.

                    Aún recuerdo

Cómo te encontraron, después de un sueño, en tu sombrero dedal,

Estudioso como una mariposa en un aparcamiento.

El camino a casa fue más agradable entonces. Dispersándose,

     cada uno

De los trovadores tenía algo que decir acerca de la forma en

     que la caridad

Había hecho su carrera y vencido, dejándote a ti de ex-presidente

Del evento, y cómo, a pesar de que muchos de los allí presentes

Deseaban que algo se produjese, por lo menos una lejana

Voluta de humo, ninguno estaba tan engañado como para añorar

Ese frío no ser de sólo unos cuantos minutos antes,

Ahora que la idea de un bosque se afianzaba

Sobre las minucias de la escena. Encontraste esto

Encantador, pero volviste el rostro plenamente hacia la noche,

Hablándole como si fuera un megáfono, sin escuchar

Y sin preocuparte, aunque ellos todavía estén vivos y sean

generosos

Y contengan el total de caminos, permitidos al ir y venir

Indefinidamente dentro y fuera de la empalizada

Que tantos problemas tienen en recordar, cuando tu olvido

Los rescata al fin, mientras una estrella absorbe la noche.