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Papel literario

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Tres poemas de Graciela Bonnet

Bonnet (1958) es autora de dos libros de intensa poesía: “En caso de que todo falle” (1997, Grupo Editorial Eclepsidra) y “Libretas doradas, lápices de carbón” (2013, Fundación de Estudios Literarios Lector Cómplice).  De este último libro, bellamente editado, ofrecemos los tres poemas aquí seleccionados.

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Por supuesto, pude haber estado en esa esquina de la plaza aquella vez, cuando venías caminando tan alegre, porque era un día de sol luego de tanto invierno, porque tenías una chaqueta casi nueva y porque había llegado una carta de muy lejos, una carta que decía que alguien te quería desde muy lejos.

Por supuesto, hubiera sido lo mejor estar en esa esquina, distraída y contenta también, porque venía de un sueño presagioso, porque había encontrado unas monedas debajo de la colcha, y porque desde las otras terrazas llegaba una música celta.

Pero no estuve ese día, ya no recuerdo qué pasó, por qué otra calle me perdí, qué dibujo de las nubes me quedé viendo o si escogí permanecer dentro del sueño, contando hojas marrones y caracoles secos.

Pasó el tiempo, pasaron otras esquinas y otros momentos en los que debimos estar y tampoco estuvimos.

Un día, cuando no teníamos nada preparado, cuando incluso las cosas se habían puesto de cabeza hasta no poder más, cuando los dos estábamos rodeados y hartos, ese día nos cruzamos. No me diste nada, pero yo te perseguí hasta entregarte una botella con arena y un par de fósforos quemados.

Algo tenía que estallar.

Y así fue.

 

*****

Eso del instinto de conservación necesariamente me lleva a pensar en los frascos de encurtidos. Esos encurtidos se han achicado a su mínima expresión por efecto del vinagre en que estuvieron metidos durante largo tiempo. Cambiaron en todo, no se parecen a los que eran, ni en la forma ni en el sabor.

Pasa igual con la momia de Tutankamón, luego de tres mil años en el sarcófago, lo que se puede ver es una masa sólida y oscura, algo así como una pasa que no se parece en nada a la uva que alguna vez fue.

Por eso, cuando alguien me dice, ¡pero qué conservada está usted! Yo pienso en los encurtidos y en las momias.

Viva sí, al parecer. Pero lo de conservada, habría que ver en qué clase de vinagre.

 

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Eugenio Montejo

Junio, 2008

Nacemos con algunos sentimientos y sensaciones que nos hacen únicos en el universo.

Como nos gusta la vida, pronto entendemos que el trato es negociar lo que tenemos para que la muerte no nos lleve tan pronto. Así, vamos renunciando a nuestras cosas a cambio de que la muerte nos deje en la vida un poco más.

Un día ella se queda con la simpleza, en otro momento nos parecerá bien que se lleve la frescura, la fuerza, la confianza.

Al final, cuando ya no nos queda nada, sino un montón de huesos rotos, comprendemos que es hora de volver a nuestra antigua residencia.