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Tres poemas de Czeslaw Milosz

Czeslaw Milosz (1911-2004) Poeta, traductor, ensayista y autor de dos novelas. En 1980 fue reconocido con el Premio Nobel de Literatura. Los poemas aquí publicados pertenecen a “Tierra inalcanzable”, antología de su poesía cuya selección y traducción fue realizada por Xavier Farré; Editorial Galaxia Gutenberg, España, 2011

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Tarea

En el temor y en el temblor pienso que cumpliría mi vida

Solo si me decidiera a hacer una confesión pública,

Revelando el engaño, el mío y el de mi época:

Nos estaba permitido hablar con el grito de enanos y demonios,

Pero las palabras puras y respetables estaban prohibidas

Bajo un castigo tan severo que si alguien se atrevía a pronunciarlas

Ya podía considerarse perdido.

 

Berkeley, 1970

 

Lecturas

Me preguntas qué utilidad tiene leer los Evangelios en griego.

Te contesto que conviene que dirijamos nuestro dedo

A través de letras más perdurables que las grabadas en la piedra

Y que también, pronunciando lentamente los sonidos,

Conozcamos la verdadera dignidad del lenguaje.

Al forzarnos la atención, aquellos tiempos no nos parecen

Más lejanos que ayer aunque las caras de los emperadores

Sean hoy otras en las monedas. Sigue durando ese eón,

El temor y el deseo son los mismos, el aceite, el vino

Y el pan significan lo mismo. También la inestabilidad de las
masas,

Ávidas como otrora de milagros. Incluso las costumbres,

Los festines de boda, los remedios, el llanto por los muertos

Se diferencian sólo aparentemente. Por ejemplo, también

Entonces estaba lleno de los que en el texto llaman

Daimonizomenoi, es decir, endiablados

O endemoniados (nuestra lengua los llama “poseídos”,

Pero no es más que una fantasía del diccionario).

Convulsiones, espuma en la boca, rechinar de dientes,

En aquella época no eran rasgos distintivos del talento.

Los endemoniados no tenían escritos ni pantallas,

Apenas tenían contacto con el arte o la literatura.

Pero una parábola sobre ellos se mantiene con fuerza:

Que el espíritu que los domina puede entrar en unos cerdos

éstos, desesperados por un embate tan repentino

De dos naturalezas, la suya propia y la luciferina,

Saltan al agua y se ahogan. Y no para de repetirse.

así a cada nueva página el lector perseverante

Ve veinte siglos como veinte días

De un eón que alguna vez tendrá su fin.

 

Berkeley, 1973

 

Cuando dije

Cuando dije la verdad, las sonrisas insultantes de las ratas periodísticas

Me impelieron a la confianza como si supiéramos de qué se trataba.

Y durante años tan sólo pude mantener el desprecio,

Consciente de que ellos conseguirían el triunfo definitivo,

Porque todos fueron recibiendo lo que querían:

Cada uno su merecida porción de la nada.

 

Berkeley, 1970