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Cuatro poemas de Constantino Cavafis

La Editorial Pre-Textos ha publicado (2015) la Poesía Completa, traducida por Juan Manuel Macías. Los poemas aquí ofrecidos, pertenecen a esa edición

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La ciudad

Dijiste: “marcharé a otra tierra, iré a otro mar.

Otra ciudad habré de hallar mejor que ésta.

Cada empeño que pongo lleva escrito una condena

y está mi corazón, como un muerto, sepultado.

En este declive, cuánto más se obstinará mi mente.

Adonde vuelan los ojos, a donde quiera que mire,

negras ruinas de mi vida es lo que veo aquí,

donde tantos años he pasado, he malgastado y consumido”.

 

No habrás de hallar nuevos sitios, ni encontrarás otros mares.

Te seguirá la ciudad. Las calles donde deambules

serán las mismas. En estos mismos barrios te harás viejo.

Y mudarás a gris en estas mismas casas.

Siempre vendrás a esta ciudad. A otros lugares –ni lo esperes-

no hay barco para ti, no hay camino.

Igual que malgastaste aquí tu vida, en este rincón menor,

así la has arruinado en el resto de la tierra.

 

Ítaca

Cuando salgas hacia Ítaca

ruega por que el camino sea largo,

lleno de peripecias y descubrimientos.

A lestrigones y a cíclopes,

o al iracundo Poseidón no temas.

No encontrarás tal cosa en tu camino

si alto es tu pensamiento, y refinada

la emoción que toque tu espíritu y tu cuerpo.

A lestrigones y a cíclopes

o al fiero Poseidón no habrás de hallarlos

a no ser que los lleves en tu corazón,

mientras tu corazón no los ponga frente a ti.

 

Ruega por que sea el camino largo.

Que muchas sean las mañanas de verano

cuando arribes –¡con qué placer y alegría!–

a puertos nunca vistos.

Detente en los mercados de Fenicia

y compra allí lindos artículos,

madreperla y coral, ámbar y ébano,

y toda clase de perfumes sensuales,

tantos perfumes sensuales como puedas;

acude a muchas ciudades egipcias

para aprender y aprender de los versados.

 

Ten siempre a Ítaca en la mente.

Llegar ahí es tu destino.

Pero en ningún modo apresures el viaje.

Mejor dejar que dure muchos años,

para que llegues, viejo ya, a la isla,

rico con todo lo que has ganado en el camino,

sin esperar que Ítaca te dé riquezas.

 

Ítaca te dio un hermoso viaje,

si no es por ella no habrías emprendido el camino,

pero no te dará más.

 

Y si la encuentras pobre, Ítaca no se ha burlado.

Así de sabio como te volviste, con tanta  experiencia,

entenderás entonces qué querían decir las Ítacas.

 

Tumbas de lisias, el gramático

Muy cerca, a la derecha según llegas, en la biblioteca

de Beirut, enterramos al sabio Lisias,

el gramático. Está en el lugar más apropiado.

Lo pusimos junto a sus cosas, que quizás recuerde

también aquí –comentarios, texto, técnica,

escritos varios, volúmenes con mucho estudio sobre la lengua

griega.

Además, así podremos ver y honrar su tumba

cada vez que pasemos a los libros.

 

Manuel Comneno

El emperador señor Manuel Comneno,

un día melancólico de septiembre

sintió cerca de la muerte. Los astrólogos

(a sueldo) de la corte gorjeaban

que muchos años más habría de vivir aún.

Mas aquél, mientras hablaban éstos,

recordó unas antiguas costumbres piadosas,

y ordenó traer de las celdas de los monjes

ropa de iglesia,

y con ella se vistió, y se solazaba

dando el aspecto humilde de un sacerdote o fraile.

 

Dichosos cuantos creen,

y, como el emperador señor Manuel Comneno,

con su propia fe humildemente se revisten.