• Caracas (Venezuela)

Papel literario

Al instante

Un poema de Yolanda Pantin

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Cuesta abajo (De Correo del corazón)

Algunas mujeres a las diez de la mañana

casi tan limpias como rosa/rocío

como una gota desinfectante

abren al unísono las hojas de las puertas

(un apartamento deslumbra por la teca)

miran al cielo olfateando al aire

a los muchachos propensos al catarro

a la tos asmática

Saludan Sol

Palmeras Aves Violáceas

sonríen mientras bajan la cuesta

hasta el kiosko de revistas

Ellas claman por un cartón clandestino de huevos

y un periódico llevan

a la sombra de sus brazos

                                                                cochecitos

a duras penas sostienen

una voz tan dulce que se llora

Arriban sigilosamente

Goznes Puertas Aldabas

de la sala-comedor

donde orden reluce y espejea

                                                           un mantelito plástico

souvenirs de un vuelo

rasante por Mayami

donde un punto de hombre

dice adiós con su pañuelo

            Claridad

Altas Casas Palomas

una gallarda altiva

su nevera

que algunas mujeres se rasuran las piernas

beben café humanamente hablando

                                                           divagan

al abrazo furioso de las telenovelas

como un ósculo prohibido

cuesta abajo en la rodada

 

Ángel caído II (De Correo del corazón)

La mujer del cabello lacio

recogido

en la nuca

sombreada

levemente de azul

como los ojos

ocupa

en una composición simétrica

el centro de la fotografía

Detrás de ella

a su izquierda

un Ángel

desprendido del hombro

mira al cielo

con las alas plegadas

No hay mácula

en su condición aérea

en su espíritu puro

aunque

de la concha rosada de su oreja

surja, como el fuego, la duda

 

Las ciudades invisibles (de La canción fría)

Las ciudades, como los sueños, están construidas de deseos y de miedos.

Ítalo Calvino

Escribir sobre el amor

los ojos calmos de Verona

–poesía eres tú–

Imaginar una ciudad invisible

como ella

reflexionar sobre la muerte

y la fotografía

Ser fiel y atento

a todo lo que en ella

se niega

suspicazmente

tácita y oblicua

recordar

–sobre todo–

que aquello que se ama

no existe

 

Dunarea (de La canción fría)

a Igor

Como el río Danubio

que nace en las faldas

orientales de la Selva Negra

y es conocido en Alemania

bajo el nombre

Donau

en forma de dos pequeños torrentes

el Breg y el Brigach

el río joven

atraviesa las montañas suevas

y tiene a sus orillas

altas cimas coronadas de bosques

El Danubio se desvía

hacia Europa Occidental

a través de Austria

siglo XIX y sedentaria

dama de pliegues simétricos que

en Checoslovaquia

recibe el nombre de Dunaj

flauta dulce de la jota

Bratislava

y el curso medio del río

comienza cuando éste

se introduce en Hungría

Duna

como una mansa yegua blanca

que responde en Eslovaquia

por el nombre de Dunaj

Así

el Danubio fluye

entre Rumania y Bulgaria

frontera natural de dos países

en Ucrania

Dunay

en Rumania

Dunarea

El Delta del Danubio

célebre por sus esturiones

lucios esturiones blancos y arenques

oblondas franjas de tierra fértil llamadas

grinduri

donde pasta el ganado

Las garzas del delta del Danubio

construyen sus nidos

sobre las ramas de los sauces

Allí

el río se expande en forma de abanico

como un cuerpo

que baña el puerto de Tulcea

igual a un hombre que ha vivido

en distintas ciudades

y ha recorrido 2.800 kilómetros

de sinuosos caminos y tortuosos brazos

el lecho manso del río

cuyas corrientes internas                              

arrastran                                               

nenúfares aves acuáticas

sedimentos de tal naturaleza

el Danubio deposita en la playa

–extensa y gris–

socava de la costa Dunarea

lame

la cavidad profunda del Mar Negro

 

El escritor está sobre la piedra (De Poemas del Escritor)

El escritor está sobre la piedra

¿Es un problema de lenguaje?

¿Un problema de percepción poética?

Pende sobre él una lámpara cualquiera

La luz que despide redondea las formas

les da un no sé qué

de fantasmática presencia

El escritor coloca los codos sobre la mesa

cierra los ojos

piensa tal vez

en la edad de oro su infancia

recrea la figura nimbada de su madre

Escucha

por enésima vez

el llanto fastidioso de un niño

Ignora los misterios de la bóveda celeste

tan fría tan azul

Está ocupado en sí mismo

ha cerrado los ojos y contempla

un pálido destello en su interior

él mismo es un cosmos inconmensurable

El blanco del papel lo enceguece

no sabe qué decir

porque tampoco sabe qué cosa ver:

si el cielo de afuera o el cielo de adentro

Se ha parado de la silla

va a la cocina

toma un vaso con agua

–tiene sed–

recorre la casa en silencio

y reconoce en ella

ciertos fragmentos dolorosos

de su vida

el primer amor el otro amor

el sucesivo

Es hora de ir a la cama

piensa

se arrebuja en ella

–tiene frío–

toma un libro que no lee

escucha

por centésima vez

el llanto insistente del niño

La noche se hace eterna

–tiene sueño pero no puede dormir–

 

Divagación XIV (De Poemas del Escritor)

Esa mujer me pertenece

porque yo conozco su mayor secreto

es mía en todo sentido

y está en mí de dos maneras

aunque ella lo niegue

y confíe en su fuerza

inútilmente

la poseo

aunque no sospeche

que estoy entrando en ella

incandescencia

donde el cuello tiembla

diminuta serpiente

porque no me reconozco

dócil como estoy

atento a ella

a esa mujer que es mía

en la misma medida

que fuerza y gira

su cabeza balcánica

medusa

para que yo

de alguna forma

muera

 

Daguerrotipo de una desconocida (De Los bajos sentimientos)

Miro el retrato donde no me reconozco

Soy yo es cierto pero

¿cómo respiro

cómo tengo labios cabellos

y aún suspiro?

¿Cuándo ha sido esta mujer huraña

que mira cual extraña

a mí que no la entiendo ni conozco

y nunca ha sido

Yolanda en la fotografía?

Soy yo no hay duda

son mis ojos mi cabello

mi mano apoyando mi cabeza

cansada extrema dura

la muñeca

donde un reloj da una hora

quién sabe qué hora

Soy yo es cierto pero ¿dónde

en qué lugar del mundo de mi casa

del país que aborrezco o el soñado

estuve un tiempo así hasta ese punto

tan oscura?

Nunca la belleza fue negada pero

¿esa tesitura?

¡Son mis labios!

Jamás tuve esa boca ni esa comisura

¿fue besada?

 

Sonata (De La quietud)

Debo enterrarte de mí

ser bruta con todo

lo aquello que tuvimos

tu cuerpo tocado

como un loco

Voy a tocar tus cabellos

de boca enterrada

todo aquello que perdimos

amor mío

                        el aire los perfiles

Voy a enterrarte de mí

con todos mis recuerdos

                        la vez lejana con mi madre en los rieles

Voy a cavar muy hondo en mi cadáver

Hender la pala en el fruto del cráneo

donde duermes

como una niña inválida

 

Nomme de guerre (De Épica del padre)

Así no quede rastro de lo que fue en el tiempo:

ni tú ni ella a los ojos de nadie.

Mi bisabuela, siendo artista,

nunca firmó sus obras,

tenía un nombre de guerra

con el que toleraba sus pasiones.

La pintura fue una de ellas,

la otra, educar a sus hijas.

Fue implacable, según dicen,

reprimió los excesos,

y ahogó las risitas de las niñas

en los pasillos.

Con respecto a la pintura,

tengo en mi cuarto un óleo

que representa una potrada,

a cuyo pie se lee, a la izquierda,

en letra clara, el nombre del artista.

Veleidades románticas, devaneos,

forzar la identidad al punto

de esconderse en el deseo:

un hombre, pareciera, un extranjero.

Pero este cuadrito no resistirá demasiado el tiempo.

Todo en él se ha ido diluyendo, los caballos,

el paisaje que enmarca la escena

que bien puede ser un fragmento

de la campiña inglesa.

Los colores han perdido el brillo

que alguna vez tuvieron,

y al cuadro lo cubre un velo

igual al que opaca

la mirada de mis padres.

Decrepitud se llama, y olvido

que premia la falta de talento.

 

Herencia (De País)

I

Pertenezco

a este pedazo de la tierra.

Reconozco como míos

el aire

que fue de mi infancia,

los relatos de mis padres

jóvenes y eternos,

cuanto su vista levantó

de estos valles

donde abreva el deseo.

II

Yo soy aquella en la fotografía,

de pie,

entre el miedo y el deslumbramiento.

Le he sido fiel a su memoria

a cuanto sus ojos recuerdan

de aquel cielo,

al lomo

de los caballos relucientes.

Pero vuelve el recuerdo

de aquella ocasión en que quise sustraerme,

y no hallé lugar que me resguardara

de mis despóticos fantasmas coloniales.

Así me hundo en esa putrefacción cálida,

mientras manos que son de nadie me arrancan del cuerpo.