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El poder y la gloria: novela de Graham Greene

El poder y la gloria: novela de Graham Greene

El poder y la gloria: novela de Graham Greene

“El novelista Graham Greene retoma a los personajes iniciales que apenas vuelven a asomar en el resto del relato, en una especie de novela circular, y lo finaliza admirablemente”

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En el año de 1938 la política laica del presidente Plutarco Elías Calles llevó a cabo en México la persecución religiosa, encaminada a disminuir las actividades educativas de la Iglesia católica y, sobre todo, a reducir los aspectos más visibles del culto religioso.

La llamada revolución cristera presentó al gobierno mexicano una firme oposición.

La trama de la novela se desarrolla en el Estado de Tabasco, México.

El pueblo estaba en una absoluta pobreza, vivía en chozas hechas de barro y sufría el suplicio del hambre. Pero al final del día todos van a la iglesia, se arrodillan y rezan, mostrando su fe. Esto refleja la verdad del estado: el catolicismo romano es intrínseco a ambos, a la gente y a la tierra. Por otro lado, los terratenientes abusan de sus labriegos pero es suficiente si van a la iglesia y se confiesan. Los curas lo perdonan todo y lo olvidan una vez que salgan de la iglesia. Incluso celebran juntos las fiestas.

Todo esto provoca una reacción en el Estado. Está dirigida contra el clero cuyo último representante es el protagonista de la novela, nuestro cura del whisky: un clérigo en apariencia orgulloso, con muchas ambiciones y más interesado en comer y beber que en sus parroquianos.

El Estado ha ofrecido una última posibilidad a los curas: pueden casarse. Sólo uno de los del estado donde se sitúa la acción (Tabasco) lo hace, pero  los otros prefieren morir. Nuestro protagonista, el cura del whisky, escapa. En este momento su degeneración comienza. Bebe, tiene una hija y abandona sus obligaciones.

 Mientras está huyendo se encuentra muchos otros personajes. Algunos le ayudan: le ofrecen una copa en una calurosa tarde; le dan de comer durante la huida, y otros, alemanes luteranos,  lo aceptan en su casa varios días.

Pero uno de los personajes ejecuta la traición. Este personaje, un mestizo, intenta engañar al cura varias veces, conduciéndolo al final al teniente, un ateo que piensa que la Iglesia tiene una gran responsabilidad en la situación del estado. Su propósito es el final de la pobreza que él vio y vivió cuando era un niño. Quiere ofrecer un futuro mejor a los niños. Sin embargo, considera que la mejor manera de conseguir ese cambio es destruyendo las iglesias, matando a los curas e incluso, matando a los mexicanos que ayuden a los curas.

El cura fugitivo y el teniente perseguidor representan dos ideas abstractas que se oponen. Con doctrinas e ideologías contrapuestas, se extiende en la novela un conflicto que siempre aparece en la historia como un laberinto.

El foco de la novela está sobre el cura y su huida. Tiene que escapar, pero al mismo tiempo ser el último cura del estado le conduce a sus deberes con la humanidad. Se mueve entre su orgullo y sus responsabilidades, sus esfuerzos para escapar y su compasión por los otros. El cura del whisky se debate entre las acciones de su vida cargada de culpa, y la redención que busca en las obras que supone le han sido encomendadas por la gracia divina.

La personalidad no es bloque unitario sino un complejo mosaico. Dentro de un solo hombre están el santo y el pecador, el héroe y el cobarde, el libertino y el místico. Así era el cura del whisky: “En el centro de su propia fe permanecía siempre la convicción misteriosa de que estamos hechos a imagen de Dios: Dios era el padre, pero también la policía, el criminal, el cura, el maníaco, el juez…” El cura fugitivo del relato no ha abandonado la fe, aunque en la confusión social y el temor parezca sucumbir a la falsa esperanza que todavía quedaba para él.

Al final, después de una dura persecución, es capturado, más por su compasión que le lleva a ponerse en peligro, que por los esfuerzos de sus perseguidores, y ejecutado.

El novelista Graham Greene retoma a los personajes iniciales que apenas vuelven a asomar en el resto del relato, en una especie de novela circular, y lo finaliza admirablemente.

En maravillosa coda, un forastero está en la calle. Saluda al muchacho, aquel que había conocido al cura del whisky en la plaza y presenciado su fusilamiento. El forastero acaba de desembarcar; es otro sacerdote que viene en misión evangélica.

Continúa la lucha entre las dos corrientes ideológicas opuestas.

El escritor francés Francois Mauriac, de arraigados principios católicos, ha elogiado esta novela que comentamos:

“Graham Greene parece haber penetrado furtivamente en el reino de lo desconocido, en el reino de la naturaleza y la gracia (…) Ninguna corriente de ideas lo aparta de esta clave que ha encontrado. No tiene ninguna idea preconcebida sobre lo que llamamos un mal sacerdote. (…) Existe la naturaleza corrompida y existe la Gracia omnipotente…”