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Los pleitos de Fray Mauro de Tovar

Los pleitos de Fray Mauro de Tovar

Los pleitos de Fray Mauro de Tovar

Tomó posesión del obispado Fray Mauro y casi de inmediato comenzaron sus invectivas en contra del gobernador Ruy Fernández de Fuenmayor. Nunca antes en tal magnitud se había expresado en Venezuela una virulencia y agresividad como esta entre el poder eclesiástico y el político

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El primer obispo de Venezuela fue Rodrigo de Bastidas, en 1531, y la sede del obispado desde entonces estuvo en Coro hasta que el rey ordenó por Cédula Real el traslado a Caracas, en 1637, y al año siguiente se establece en la capital de la provincia de Venezuela el obispo Juan López Agurto de la Mata, a quien le tocó el traslado de Coro a la capital. El obispo fallece en esta ciudad en 1637.

Y el primero que llegue a Caracas directamente será un obispo nacido en Villacastín (España) y ordenado como tal el 3 de octubre de 1639: el benedictino Fray Mauro de Tovar.

Tomó posesión del obispado Fray Mauro el 20 de diciembre de 1640 y casi de inmediato comenzaron sus invectivas en contra del gobernador Ruy Fernández de Fuenmayor. Al parecer, le molestó por oídas las pompas con que se había casado con la caraqueña Leonor Jacinta Vásquez de Rojas, el mes anterior. En verdad, es difícil saber de dónde surgió la tenaz animadversión de Tovar por Fernández, pero es un hecho que fue in crescendo y el gobernador halló oposición a todas sus iniciativas por parte del obispo. Esta negativa llegó hasta la burla, el insulto y la descalificación, así como las permanentes amenazas de excomunión contra él y los suyos por parte de Fray Mauro.

Nunca antes en tal magnitud se había expresado en Venezuela una virulencia y agresividad como esta de Tovar contra Fernández. Es decir, entre el poder eclesiástico y el político. Evidentemente, buena parte del conflicto se debió a la frecuente incursión de Tovar en predios jurisdiccionales de Fernández y al uso de la amenaza de excomunión como instrumento de chantaje, ambas agresiones basadas en la pésima opinión que tenía Tovar de Fernández y de sus condiciones como gobernador. Uno de los momentos álgidos de esta diatriba fue el terremoto de Caracas del 11 de junio de 1641.

Este sismo fue famoso no sólo por su intensidad sino porque fue advertido por un orate. En aquella ciudad tan nueva que sus habitantes no conservaban memoria de sus avatares geológicos, amanece al asombro el 11 de junio de 1641 entre las ocho y media y las nueve de la mañana, el día de San Bernabé, cuando es estremecida por un terremoto que casi no dejó casa en pie. Entonces, un orate de nombre Saturnino tuvo facultades premonitorias, y estuvo varias semanas por las calles de la ciudad entonando unos versos: "Qué triste está la ciudad,/ perdida ya de su fe,/ pero destruida será/ el día de San Bernabé./ Quien viviere lo verá".

El 10 de junio en la tarde Saturnino subió al tope de la colina de El Calvario, entonces en las afueras de la ciudad, a esperar la catástrofe. En efecto, se cuenta que al pitoniso lo despertaron los gritos de la gente aterrorizada con el sismo, y Saturnino regresó a la ciudad como un profeta, entre los vítores de la gente.

En la asistencia a los damnificados del terremoto estuvieron juntos Tovar y Fernández, pero la proposición del gobernador de mudar la ciudad a Chacao, dada la magnitud de la destrucción, fue adversada por el obispo, quien no sólo se negó sino que la emprendió de nuevo contra Fernández. Las noticias del enfrentamiento fueron tales que la Audiencia de Santo Domingo envía a un juez pesquisidor a sustanciar las desavenencias y es asesinado. Incluso, un sacerdote deslizó la propuesta de pasar por las armas también al gobernador, según versiones de la época.

La otra fuente de conflicto permanente fue la recluta de milicias para retomar Curazao, tarea en la que estuvo Don Ruy desde que recibió la orden del rey y, la verdad, no había logrado el concurso de la gente y los pertrechos necesarios, entre otras razones por el permanente saboteo de Fray Mauro, promoviendo la deserción masiva de soldados. Finalmente, reúne un contingente cercano a los mil hombres y zarpa de La Guaira con destino a Bonaire, desde donde busca conocer el estado de las fortificaciones holandesas en Curazao. En resumidas cuentas, el Consejo de Guerra reunido en Bonaire consideró temeraria la operación y la abortó. Regresan a La Guaira. Después de años de dificultades, al tener a punto la reconquista se acobardan y los capitanes y soldados prefieren desarticular la faena bélica.

Del fracaso de Fernández en Curazao hizo Tovar un nuevo libelo en su contra: lo acusaba del gran costo que había tenido la jornada sin resultados favorables.