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La performance contemporánea a dos voces

 Erika Ordosgoitti / Autorretato

Erika Ordosgoitti / Autorretato

El trabajo de Erika Ordosgoitti es como una eclosión urbana. Entre otras cosas acciones, se le conoce por irrumpir en monumentos público. Por su parte, Carlos Salazar recibió este año la Mención Honorífica en el Salón Jóvenes con FIA por su Proyecto Memento mori/vanitas

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Cuando se le da un vistazo al arte performance que se está realizando en Venezuela nos encontramos con los nombres de Érika Ordosgoitti y Carlos Salazar Lermont. Quizá sean parte de los más activos, pues aparecen cada vez con mayor frecuencia interviniendo en espacios, en especial en las calles caraqueñas, alterando las inercias citadinas y enfrentando a sus transeúntes con metáforas que aluden al borde entre vida y muerte, externo e interno, arte y vida.

El trabajo de Erika Ordosgoitti es como una eclosión urbana. Entre otras cosas acciones, se le conoce por irrumpir en monumentos públicos: produce la interacción entre su cuerpo desnudo con el mundo exterior, para marcar una posición artística generadora de ambigüedades, porque, para ella, “el arte tiene que ser algo que promueva las diferentes posibilidades de lecturas”.

Por su parte, Carlos Salazar recibió este año la Mención Honorífica en el Salón Jóvenes con FIA por su Proyecto Memento mori/vanitas. Para este performance se hizo tatuar en el pecho y en la espalda las palabras que titulan la obra y registró cómo iba sanando. “Es un tatuaje sin tinta (…) Parte de la esencia de ese proyecto radica en que se supone que el tatuaje es algo permanente, que estará para toda la vida [pero] en este caso, este tatuaje va a desaparecer. En ese sentido, se vuelve como una alegoría, si se quiere, de este mismo proceso vano de la existencia. Memento mori/vanitas tiene un contenido que nos hace meditar no tanto sobre la muerte sino sobre la vida”, comenta Salazar.

Aunque trabajan por separado –y desde el punto de vista estético sus propuestas son bastante distintas– en ocasiones han trabajo juntos, como la vez en que crearon el colectivo La vivencia de lo inusual, con el promovieron este arte en la escuela que los formó, la Armando Reverón (hoy Unearte). Ambos coinciden en lo siguiente: en la performance la experiencia predomina sobre el resultado y, además, resaltan la necesidad de menguar la relación poética entre cuerpo y mente.

“Me considero más poeta que artista plástico”: Erika Ordosgoitti

En obras como Sólo estoy siendo, Corre o Me abro la cabeza se percibe la poesía intrínseca producto de la vinculación entre artista, palabra y ciudad.

¿Cómo entablas la relación entre cuerpo y Caracas?

—Caracas es mi entorno inmediato. Y no sólo es mi entorno inmediato, sino que es la iconografía que me influencia y que me determina. Yo no quiero representar nada, pienso que ya todo está ahí, ya todo existe, lo que hago es tomar el valor semántico de la iconografía que está allí. Creo que es importante señalarla porque ella nos forma, ella nos hace, nosotros la hacemos a ella y ella nos hace a nosotros. Allí tú puedes leer el estado de la psicología del ciudadano. Caracas simplemente es el espacio en que el que estoy siempre, una vorágine frenética y violenta.  

Los poemas que recitas en Corra se me hacen surrealistas, ¿tienen algo de eso?

—El vídeo está empotrado en una instalación que consiste en un patíbulo, y tiene que ver mucho con mi relación con la poesía. Me considero más que artista plástico, poeta y, por ello, la performance me parece la forma más abstracta de poesía. La performance es acción y acción es verbo. Siempre escribo, siempre he escrito, siempre leo. Corra tiene un recorrido, es bastante largo y pasa por diferentes estadios. Es un conjunto de poemas que reuní en un texto más largo, hablo de mis experiencias, de sueños que he tenido, por eso te pareció onírico.

¿Por qué insistes en desnudos? ¿Cómo este tiene que ver con tu ética?

—He insistido, no quiere decir que vaya a seguir insistiendo, en el desnudo por varias razones. Básicamente porque funciona perfectamente. Nunca no funciona.

¿Funciona para qué?

—Para concentrar. Tiene altísimo poder de convocatoria. Segundo, me funciona como una metáfora de la creación artística porque es un desgarramiento. Yo no creo en el arte de la investigación. Puede ser que allí haya algo de romántico en mí. Creo en los escritores que escriben con sangre, no creo en los que escriben con tinta, por eso no puedo usar tinta nunca, eso es un artificio.

En adelante, Erika Ordosgoitti recita de memoria y casi literal “Ars poética”, de Rafael Cadenas.

 

“Si no hay control no hay arte”: Carlos Salazar Lermont

Este artista habla con pasión del desarrollo de la performance en Venezuela, dando crédito a quienes son pioneros e influencias, entre ellos a Antonieta Sosa, Rolando Peña, Marco Antonio Ettedgui, Macjob Parabavis. Ha participado en diversos eventos nacionales e internacionales, en los que ha podido vincularse con artistas como Regina José Galindo, Alexander Del Re, entre otros. Desde hace nueve años dicta clases de Dibujo e Historia del Arte.

­¿Hay una conceptualización previa a la realización de la performance?

—El performance es como la pintura, la música o la escultura. Creo que ningún tipo de arte es totalmente programado, a excepción de estos trabajos con carácter conceptual. Si bien la performance frecuentemente se le relaciona con el arte conceptual, yo lo veo más relacionado con la pintura, porque el artista parte de una idea preconcebida, o de un sentimiento, y tiene más o menos un plan de acción, de ir y de qué hacer. Y cuando lo estás haciendo hay cosas que resultan interesantes y otras que funcionan mejor que cuando las pensaste, u otras que omites.

Para muchos pareciera que es un arte sin reglas, ¿es así?

—No, porque si no hay control no hay arte. Eso que tú estas diciendo es más un happening. La performance tiene estructura bien sea conceptual, un plan de acción, entre otras cosas. Puede que se haga una performance en la que se permita el descontrol, pero no es un rasgo esencial, inherente y distintivo.

¿Es realmente subversiva?

—Depende del contexto. Si en Europa hago cosas que he hecho acá en la calle voy preso. Andar desnudo en la calle, en teoría, es ilegal, pero probablemente no pase nada. En sus orígenes tendió a ser subversiva, pero hoy en día depende de la propuesta. Por ejemplo, hice una performance en la que pedía dinero en la calle, y eso es ilegal, pero aquí no pasó nada. Hay una crítica implícita. Yo trato aprovecharme de las ironías para llegar al absurdo, y en esa ironía se expresa el desorden y se expresa la institucionalización de la ironía.

Quizá la performance se asocie a lo subversivo porque primero nos estamos metiendo con nuestra naturaleza como seres humanos. Por ejemplo, dentro de la performance hay muchos desnudos. Sucede que desnudarse debería ser lo más normal de mundo y no lo es. Entonces, el problema no es que en la performance la gente se desnuda fácilmente, sino que hay un problema con el cuerpo en nuestra sociedad y la performance lo evidencia, ya sea de retruque, ya sea intencionalmente, ya sea por casualidad, pero lo hace.