• Caracas (Venezuela)

Papel literario

Al instante

El peligro de ser “negro”

Portada del libro <i>El poder en la sombra </i>

Portada del libro El poder en la sombra

Tercera entrega de la “Serie 21 crímenes de papel”

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Lo peor que puede hacer un político es ganarse la enemistad de un escritor de ficción. Hazaña, por otra parte, no demasiado difícil, sobre todo hoy en día. Aunque el escritor de ficción no pueda hacer tanto daño inmediato como podría hacerlo, pongamos por caso, un periodista de investigación o un “wikiperiodista” contemporáneo –Carl Bernstein, Bob Woodward y Julian Assange serían los ejemplos perfectos–, no hay que olvidar que las venganzas de los escritores de historias suelen trascender en el tiempo. Ahí quedan los ejemplos de Dante y Chaucer para demostrarlo. Pero parece que, en su momento, Tony Blair olvidó estos ejemplos.

Hasta el 27 de junio de 2007, Blair ocupó el cargo de primer ministro del Reino Unido, cuando dimitió después de casi una década en el cargo. Ese mismo año, Robert Harris dejó lo que estaba escribiendo para escribir El poder en la sombra, Theghost, en su título en inglés. Y a juzgar por su contenido, no es demasiado difícil deducir que esta novela es la pequeña venganza de Harris contra un líder al que en el pasado él había apoyado con entusiasmo, incluso con dinero para sus campañas. Pero ya no se trataba del Tony Blair de la tercera vía, el que había llegado al número 10 de Downing Street a sacudir el polvo reaccionario de las muy criticadas políticas sociales de Thatcher y Major; ya no era el Blair que manejó con tacto la muerte de Diana de Gales. No; el de 2007, era el Blair que ya cargaba con la pesada losa que llevará encima el resto de su vida: el primer ministro que apoyó a George W. Bush en su locura guerrerista que tantos muertos ha dejado, el que mintió junto al presidente de Estados Unidos acerca de las armas de destrucción masiva que Sadam Husein (no) tenía.

Adam Lang es el trasunto de Tony Blair en la novela; un ex primer ministro cuyo mayor legado serán sus memorias, pero que necesita desesperadamente alguien que se las ayude a terminar, pues el que lo hacía, su asistente, Mike McAra, ha aparecido misteriosamente muerto. A través de su agente, el protagonista, que además es el narrador de la novela –al final sabremos por qué– es contratado como “ghost-writer”, una curiosa figura editorial que en España llaman “negro”, aún no sé si haciendo referencia racista al escritor contratado que escribe lo de otros, haciendo un trabajo de negros; o si hace referencia a la posición necesariamente oscura, oculta, opaca, del escritor fantasma que escribe las palabras para que otros las firmen. En todo caso, es un oficio ya de vieja data y que cada vez es más requerido por políticos, empresarios, artistas y, en muchas ocasiones, por escritores perezosos o sin imaginación.

El narrador acepta sustituir al anterior “negro” con la esperanza de que en los ratos libres podrá avanzar en su propia novela, y con ese ánimo se desplaza hasta una apartada casa en la isla de Martha’s Vyneyard; allí, alejado de la prensa, pretende trabajar con el ex primer ministro Lang en sus memorias. Como el manuscrito ya está escrito, se supone que el libro avance más rápidamente, pero pronto descubre que el manuscrito es un florilegio de lugares comunes y prosa mediocre que le llevará mucho tiempo adecentar. Paralelamente, al primer ministro lo acusan de crímenes contra la Humanidad y sobre él pende la amenaza del tribunal de La Haya, lo que, para el nuevo negro, hace el trabajo más peligroso. Además, se enreda sentimentalmente con la esposa de Lang y poco a poco empieza a descubrir un lado oscuro que no se esperaba: en la vida de Lang hay algunos detalles ocultos que le llaman la atención, contradicciones y distintas versiones de su pasado; y, como es un escritor curioso, comienza a investigar. Grave error. Allí se abre la puerta que solo da hacia un abismo. Para Lang. Para él.

Lo más interesante de este thriller contemporáneo, aderezado con referencias actuales y juegos de intriga que tanto gustan siempre, es el punto de vista del narrador: todo lo que vemos es lo que ve el protagonista, de quien nunca sabremos el nombre; y leyendo la historia de cómo escribe las memorias políticas de un gobernante corrupto, de vida turbia, estamos al mismo tiempo leyendo una autobiografía, en lo que nada, literalmente hasta las últimas frases, es lo que parece: “Sin embargo, tal como apreciarán ya que se acercan al último párrafo, esto me pone en un dilema. ¿Debo sentirme contento de que estén ustedes leyendo estas líneas, o no? Contento, desde luego, porque al fin hablo con mi propia voz.” Y a continuación, Harris tiene la maestría necesaria para dejar dos últimas frases que no decepcionarán al lector que ande buscando respuestas. Una vuelta de tuerca en la que se pone en tela de juicio, al mismo tiempo, la honestidad de los personajes, del autor y de la historia; y todo queda en manos del lector, la víctima inocente de siempre. Es lo malo de tener escritores fantasma que hagan el trabajo sucio en la antesala del poder.

EL PODER EN LA SOMBRA
Robert Harris
Editorial Grijalbo
Barcelona, 2008