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Siete palabras

La existencia del Papel Literario tiene su fundamento en la autonomía

La existencia del Papel Literario tiene su fundamento en la autonomía

Si fuese posible establecer alguna periodicidad que interprete la historia de El Nacional, la del Papel Literario será distinta y más evidente: cada etapa se corresponde a la autonomía y determinación del director del momento

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Autonomía
La existencia del Papel Literario tiene su fundamento en la autonomía. De Juan Liscano, su primer timón, a estos tiempos, ha sido la determinación, la voluntad de cada uno de sus directores, su marca profunda, el sello de su acontecer. El Papel Literario ha vivido ajeno a las imposiciones. En ningún otro lugar de la prensa venezolana, ese anhelo que llamamos libertad de pensamiento, ha tenido la validez que ha alcanzado aquí. Al Papel Literario se le ha permitido ser. En Miguel Otero Silva y en Miguel Henrique Otero ha prevalecido la voluntad de dejar hacer. A quienes hemos tenido la responsabilidad de conducirlo, se nos entregado un permiso, que en esencia es un permiso del espíritu para pensar y actuar con criterio propio.
Quisiera incitar al lector a este punto: la autonomía que se nos ha concedido no es cualquier cosa. No ha sido una concesión. Ni un pacto. Ni una prebenda. Ni mucho menos una transacción asociada a una coyuntura. Nadie debería desatender lo que esto significa: se trata de un dejar hacer que se ha prolongado, sin fisuras, por setenta años. Esa autonomía que nos ha sido obsequiada (a los lectores, a los escritores y artistas, a los responsables de producir el Papel Literario), da cuenta de una vocación. Es un dato profundo, común a uno y otro Otero. Y es por ello que me atrevo a sugerir esto: cuando se escriba la historia de El Nacional, historia inseparable de las vidas de estos dos hombres, podrá comprobarse esta hipótesis: que el principio esencial compartido por padre e hijo ha sido una modalidad del desprendimiento: abrir puertas y ventajas, dejar que las cosas tengan lugar y circulen.
 
Acogida
Se ha dicho: suplemento cultural de El Nacional. Páginas que son la expresión de la diversidad cultural venezolana. El Diccionario General de la Literatura Venezolana señala: “La portentosa base de datos del Papel Literario constituye el testimonio de la expresión de nuestra cultura y el registro del impacto de la cultura universal en nuestros horizontes nacionales”. Cada una de estas afirmaciones es apropiada. Pero estoy impelido a añadir que el Papel Literario ha sido un lugar de acogida. Y no sólo de los autores, sino principalmente de una condición lectora: del lector-ciudadano, de la persona que aprecia los asuntos que acechan al espíritu. Digo acoger en este sentido: admitir con los brazos abiertos. Hospedar del mejor modo posible.
 
Trayectoria
Si fuese posible establecer alguna periodicidad que interprete la historia de El Nacional, la del Papel Literario será distinta y más evidente: cada etapa se corresponde a la autonomía y determinación del director del momento. Quiero decir: si el Papel Literario tiene una trayectoria perceptible a lo largo de 70 años (el movimiento de un punto a otro que alcanza a ser visible en la distancia que otorga el largo tiempo), también tiene trayectorias específicas. A lo largo de siete décadas, el Papel Literario ha sido uno y muchos. Salvo Juan Liscano, el fundador, todos hemos tenido ocasión de leer el modo, la intención de nuestro respectivo precedente. Y esto podría ser un dato relevante para los historiadores de la cultura: no se ha producido un rompimiento. Lo que ha predominado son modalidades, más o menos visibles, de continuidad. Han variado, huelga decirlo, los focos y puntos de vista, los gustos y la arquitectura interior del suplemento. Antes de mis veinte comencé a leer y a archivar este suplemento. Como lector es grande mi aprecio por el magnífico Papel Literario que dirigía Luis Alberto Crespo. Entre sus muchos atributos, debo destacar su sentido de la dispersión, inherente a la abigarrada esfera de la cultura.
 
Escasez
El Papel Literario es un bien escaso. Lo ha sido siempre, sólo que en los últimos años esta condición se ha acrecentado. La bajísima disponibilidad de espacios que proyecten a escritores, artistas e intelectuales, es una condición crónica venezolana. Ha habido momentos más pródigos, comparados con la penuria de hoy (penuria agravada por la incomprensión crasa en las empresas de la utilidad que tiene la circulación de bienes culturales). Esta precariedad de la oferta, así lo entiendo, define lo que el Papel Literario de hoy ha elegido como su responsabilidad. Administrar un bien precioso, tal es nuestro deber semana a semana. La responsabilidad de la que hablo está lejos de la pura declaración retórica. Son realidades que se reflejan en la gestión y en la pauta. Hay diligencias que ocurren fuera del alcance del lector. Una de ellas: persuadir a los colaboradores de que escriban textos más cortos, que permitan incluir más temas y materiales. Pero hay algo más relevante. El predominio de la alternancia en el Papel Literario de estos años es producto de esa comprensión. Al homenaje que articulamos sobre una figura consagrada, le sigue un recorrido crítico a un grupo de exposiciones, de modo que, en la entrega siguiente podamos dedicarnos a los nuevos narradores venezolanos, mientras preparamos una entrega dedicada a la que entiendo como una causa de nuestro tiempo: la reflexión y denuncia crítica de las formas de lo totalitario, las pasadas y las que ahora mismo están en progreso.
 
Heroísmo
Hace unos tres o cuatro años fui invitado a participar en un encuentro iberoamericano de directores de suplementos culturales. Tuve la ocasión de conocer a personas, excepcionales y cultas, de España y de otros países de América Latina. Pero al finalizar traje conmigo dos conclusiones, que en la lógica de estas notas, posiblemente sea apropiado compartir: una, que el Papel Literario es una experiencia única o casi única entre sus pares en lengua española, porque ha logrado, por decisión de Miguel Henrique Otero, permanecer como un territorio diferenciado de la abrumadora materia del entretenimiento, que en todos lados tiene una potencia que arrolla todo cuanto tiene a su alrededor. Ese deslinde es el que nos ha permitido proteger, por ejemplo, que los dichos de Rafael Cadenas publicados en estas páginas no sean obligados a convivir con el periodismo post funerario y de culto a Michael Jackson. Este heroísmo de lo excepcional está ligado de forma profunda con otra modalidad de heroísmo: el de la persistencia. Y es justo esto lo que hace únicos en Venezuela y en casi todo el universo del periodismo en lengua española, a Miguel Otero Silva y a Miguel Henrique Otero: que ambos han mantenido por setenta años un espacio de acogida que es, lo reconozcan o no los negadores de oficio, simplemente excepcional, casi milagroso.
 
Gratitud
Guardo un agradecimiento simbólico a Miguel Otero Silva, a quien no conocí: a él debemos la decisión de fundar estas páginas. Pero ese sentimiento es en lo sustantivo, distinto de la gratitud real que siento hacia Miguel Henrique Otero, cuya voluntad (expresión de su sentido de autonomía) ha preservado al Papel Literario, en medio de no pocas dificultades. Si algo debo añadir, que sea esto: autores, colaboradores y lectores también podrían suscribir mis palabras de gratitud hacia él. Pero estas no terminan aquí. Debo a Pablo Antillano, en largas y decisivas conversaciones que compartimos hacia finales de los ochenta y durante los noventa, un estímulo invalorable: el de no acabar nunca de pensar, la convicción de a todo podemos darle siempre otra “vuelta de tuerca”. Debo a Vasco Szinetar, a su eterno machacar, desviar mi atención de los textos y ampliar mi atención a la cuestión de las imágenes. Carolina Guerrero, Albor Rodríguez, Ana María Carrano, Maruja Dagnino, Francismar Barreto, Sara Maneiro, Beatriz Castro, Karina Sáiz Borgo, Luisa Pescoso y Virginia Riquelme, han sido magníficas interlocutoras y personas de trabajo que han hecho posible que el Papel Literario cumpla con las exigencias de los procesos de producción. Hacia Diajanida Hernández, desde hace seis años coordinadora de estas páginas, mi gratitud incluye algunas velas encendidas: su apoyo es y ha sido simplemente invalorable.
Lector

Por último, algo más personal: ser el encargado del Papel Literario no ha erosionado la dicha que experimento al leer. Y aun cuando ya los he leído en la pantalla, a menudo vuelvo a los textos que me han conmovido. Y sobre el papel (lo cual ratifica mi estatuto dinosaurio) me gustan todavía más. Y es a esos autores de textos que a veces resultan memorables, a los que también, usted y yo, estamos conminados a decir gracias.