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Los paisajes en la mirada de Édgar Sánchez

Édgar Sánchez | Cortesía

Édgar Sánchez | Cortesía

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Su interpretación pictórica e imaginaria de los paisajes es una respuesta distinta y a la vez coherente con su trayectoria, tanto desde el punto de vista de la técnica como del lenguaje. Su propuesta estética actual, expuesta desde el 21 de septiembre en la galería D’Museo en Caracas, surge desde el recuerdo de las imágenes más remotas de la naturaleza que guardó en su inconsciente infantil. Hoy las transforma en manchas policromáticas, abstracción o brumosa lontananza, chorros de luz más que paisajes figurativos o anecdóticos.

Nos dice: “Yo los llamo paisajes. Pero no sé si son paisajes porque son inexistentes, son momentos muy especiales, o puede ser la formalidad de lo que ya conocemos,  que me lleva a organizarlos en nuevas circunstancias, con nuevos elementos. Son atmósferas, climas, que son nuevos para mí.”

Hay una clara preocupación por el lenguaje, con técnicas que favorecen la búsqueda plástica a secas, más allá de las convenciones. Hay un esfuerzo lúdico para combinar cromatismos afines o complementarios, para descomponer la vibración de la luz; para plasmar luces y sombras. A través de esta indagación por el lenguaje, con mucha conciencia,  el artista busca encontrar formas más integradas de una manera de expresarse.

La textura, con acrílicos, está hecha, no a punta de pincel, sino con transparencias, densas o fluidas, sobre una base lisa de color neutro, que crea contrastes. Mediante el uso laborioso de plantillas sucesivas en las que el color se trabaja por capas, hay una superposición de planos en mallas reticulares con tramas superpuestas que van enriqueciéndose con puntos apiñados y cuya adición de colores, en gamas variadas de verdes, ocres, sepias y amarillos; marrones, rosas, naranjas o magentas, con un toque inesperado de azules y violetas, le dan veladuras a la pintura. Tonos pálidos o intensos, más concentrados para semejar volúmenes, más diluidos para sugerir atmósferas, convierten la superficie del lienzo en un tejido denso de apariencia grumosa por un efecto óptico, pero muy pulido al tacto.

Con esta técnica acumulativa de minúsculas manchas yuxtapuestas de manera regular y casi puntillista, se plasman en la tela cielos turbulentos cargados de cúmulos generados por tempestades, o pequeños planos geométricos yuxtapuestos, cuadrados o rectangulares, de colores combinados cálidos y fríos que semejan edificios lejanos, o huellas translúcidas de sombras redondeadas, que parecen árboles con sus troncos dibujados, o colinas delineadas sobre un fondo malva yen la parte superior, cielos de lluvia y nubes borrascosas.

Nos dice: “Yo siempre he sido un gran investigador de la técnica porque la técnica es un apéndice del lenguaje, al menos en la plástica. Yo creo que la técnica hace que el lenguaje se haga más fluido y más cercano a lo que expresa. Hasta el punto que llega el momento en que el lenguaje y el  contenido son uno solo, o muchas veces es tal que el lenguaje es el mismo mensaje. Hasta ese punto se puede llegar.”Agrega: “Y la investigación que yo he hecho ha sido continua, comenzando por ejemplo con tramas que estaban realizadas con líneas, en el pasado, me refiero. Posteriormente esas tramas se fueron convirtiendo en tramas puras, hechas con impresiones. Posteriormente a eso, aparecieron tramas hechas con puntos. Después de eso, los puntos se independizaron, crearon una independencia para hablar, no del color, esa no era la intención, sino para hablar del espacio. Y creció realmente el espacio con toda aquella cantidad de puntos. Posteriormente en este momento yo siento que tramas, puntos, líneas, espacio, tienden a fusionarse en una sola proposición.”Pero ¿qué sucede? Y se contesta: “Que la manera de leerla es lo que ha cambiado. Las obras anteriores, vistas desde lejos, se podían leer a distancia por el tamaño de los cuadros. Hoy, pinturas de 1,20 x 1,20 mts., salvo una de 1,50 x 1,50, invitan a una cercanía más íntima y a una lectura pormenorizada.” En esta etapa, precisa el artista, la mayoría de las obras han sido logradas con gran espontaneidad. “Son plácidas, sin prisa y ese era uno de mis propósitos: la recreación de esos momentos de la naturaleza, luminosos, llenos de resplandecencia y efervescencia.” El formato cuadrado es clave. Estable, señala el centro e impone a la vez tensiones dinámicas en la composición. Innovadora propuesta estética y continuidad en la tradición paisajística, que combina figuración y abstracción, es uno de los aportes decisivos de este magnífico artista venezolano.