• Caracas (Venezuela)

Papel literario

Al instante

El orden alfabético: Hitler

Adolf Hitler / Foto tomada de War History Online

Adolf Hitler / Foto tomada de War History Online

“La campaña para sosegar a quienes han expresado su rechazo a la publicación, ha agregado otras consideraciones: ‘Mi lucha’ es un libro extemporáneo, portador de pocas ideas con las que el lector pueda identificarse”

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Dicen las autoridades educativas de Alemania, y en ello cuentan con el apoyo de expertos, que Mi lucha, el libro de Hitler, no debe seguir siendo un tabú. Alguien agrega: hay que normalizar la relación con Hitler. Una variante de lo anterior queda plasmada en la frase, “no se puede seguir ignorando”. El aclamado historiador Antony Beevor opina que es mejor publicarlo, para así despojarlo del “encanto de lo prohibido”, tan atractivo a los jóvenes. De hecho, son numerosos los que han suscrito este argumento: ya que el libro está disponible por internet en varias lenguas, no se agrega riesgo alguno si se imprime y se coloca en librerías.

El anuncio hecho por el Instituto de Historia Contemporánea de Munich sostiene lo siguiente: que la edición autorizada viene cargada de un aparato de notas y comentarios que desmontan, rebaten, niegan e, incluso, se burlan de Hitler (he leído un reportaje en el que uno de los historiadores que escribió alguna de las notas, se ufanaba de los chistes que le hizo a Hitler). Estos biempensantes confían en que una edición anotada es suficiente para neutralizar los contenidos de Mi lucha. Pero hay más: han dejado en claro que serán los profesores de secundaria los encargados de guiar la lectura (y, suponemos, de vigilar que los jóvenes lean las notas que desmienten a Hitler).

La campaña para sosegar a quienes han expresado su rechazo a la publicación, ha agregado otras consideraciones: Mi lucha es un libro extemporáneo, portador de pocas ideas con las que el lector pueda identificarse. Más: sus respuestas no funcionarían en el mundo de hoy. Su estilo es extraño, un tanto obtuso. Por lo tanto, el beneficio de publicarlo consistiría en que “inmunizará” a los jóvenes (por lo tanto, Hitler sería viral). Hay una paradoja en todo ello: ¿Por qué habría que inmunizar, prevenir en relación a algo que no representa ningún peligro?

Un simple paneo por el estado de cosas del mundo podría arrojar estos titulares: un terrorista decapita a su madre por oponerse a que milite en una banda de asesinos llamada ISIS; un psicópata, entre los muchos que detentan poder en mundo, anuncia el ensayo de una bomba de hidrógeno; los más desalmados criminales del planeta son reconvertidos en seductoras figuras para las industrias del entretenimiento; grupos de varones, que incluyen a refugiados, se organizan para asaltar lugares concurridos (por cierto, en la misma Alemania donde esperan neutralizar a Hitler con una edición anotada de Mi lucha) y abusar sexualmente de mujeres indefensas; a diario somos testigos de la multiplicación de casos de pederastia, tráfico de seres humanos, operaciones de esclavitud, crímenes cometidos con saña inenarrable, reclutamiento de niños de 9 y 10 años para convertirlos en sicarios o en carne de cañón. Quiero decir con esto: Hitler no está enterrado. Se ha multiplicado. Ha mutado. Se ha reproducido a este punto: el mundo en el que vivimos es el mundo del Mal. Del Mal en proyección ilimitada.

Moisés Naím lo razonaba en un artículo reciente: el planeta está habitado de instituciones que no cumplen ni sus objetivos ni sus promesas. Las revulsiones de la realidad sobrepasan hoy a todas las formas del establecimiento. Los argumentos que ondean las instituciones (y los historiadores son una de las instituciones más socorridas de nuestro tiempo) se activan para adormecernos. Con fundamento Canetti decía que uno de los métodos preferidos del diablo consistía en tranquilizarnos.

Publicar el libro de Hitler es una forma de legitimar una idea: que la fuerza bruta y radical debe ser impuesta a los débiles. Esa lógica es la que sustenta al anti judaísmo, al racismo, al militarismo desproporcionado, todas fuerzas activas y vigentes hoy. La lógica esencial de Mi lucha es la aplastar a quienes se oponen a la ideología fanática. Boualem Sansal, escritor argelino, lo ha advertido con lucidez proverbial: el islamismo radical opera bajo la misma lógica del nazismo. Si aceptamos que el mal campea hoy por el mundo, podemos añadirle ahora este adenda: y ahora cuenta con una herramienta más: una edición del panfleto de Hitler, solo que anotada por las ilusiones de unos anotadores fascinados con sus propias anotaciones.