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El oficio del editor

En el marco del ciclo "Atlántida: el arte de escribir y editar", Manuel Borrás, hombre de vasta trayectoria en el mundo de los libros, visitó Caracas para compartir su visión y experiencia editorial. Habló, entre otras cosas, acerca de los rasgos que debe tener un buen editor y su disposición pedagógica

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La Oficina Cultural de España en Venezuela presentó el ciclo "Atlántida: el arte de escribir y de editar". Una de las conferencias se centró específicamente en la actividad del editor. Para ello, fueron invitados como ponentes Mariana Marczuk, directora general del Grupo Planeta en Venezuela y Manuel Borrás, editor literario de la Editorial Pre-textos de España; Ulises Milla, de Ediciones Puntocero y Alfa, fue el moderador. Cada uno, desde su perspectiva, abordó la situación y características de la actividad editorial en el presente y sus posibilidades.

Marczuk enfocó su atención en la realidad de la labor de quienes se dedican no sólo a editar libros, sino a distribuirlos y venderlos en Venezuela.

A partir de un texto titulado "Contra la pared: una mirada sobre el mercado editorial de la Venezuela de hoy"; al que definió como un caso muy particular en el contexto hispanoamericano: de tamaño impreciso, con estadísticas poco confiables, políticas económicas adversas y trabas burocráticas asfixiantes. Así dibujó el contorno que dio una aproximación al escenario económico y político que enfrenta el negocio de los libros en el país.

Sin embargo, no todo es cuesta arriba. Autores venezolanos convertidos en verdaderos éxitos editoriales, que se mantienen firmes en el empeño de mejorar la calidad de sus propuestas junto con un significativo número de lectores exigentes, deja abierta una rendija por donde entra una luz que, con empeño y estrategias adecuadas, lejos de apagarse podría aumentar su intensidad.

Borrás, por su parte, intervino para conversar acerca de su oficio, de la actividad en la que ha invertido más de treinta años, de su experiencia en la artesanía de la palabra. Para él, un editor, antes que editor, debe ser un buen lector y un crítico honesto. Al leer, hay que saber oír correctamente.

Por lo tanto, el editor, que es lector, debe ser intuitivo y tener una afilada capacidad para aguzar los sentidos y elegir lo que, a su juicio, sea verdaderamente importante. Debe también ser generoso y tener siempre presente que todo autor está, prácticamente, obligado a crear hacia el futuro.

Además, según sus palabras, un editor necesita ser paciente, esperar el momento adecuado; entender que la literatura es de naturaleza lenta y la mejor opción es apostar a ese ritmo. Trabajar con aquello que no puede olvidar, lo que genere en él una honda emoción, porque no hay impresión verdadera sin expresión. También es importante que el editor se aleje de la autocomplacencia.

Una de las preguntas recurrentes cuando se discute el tema de los libros y el mercado editorial es el asedio del libro electrónico al libro impreso, y acaso la desaparición de éste. Al respecto, el invitado, haciendo gala de su temperamento afable y lúdico, respondió que hay muchas maneras de quemar libros y una de ellas es afirmar algo semejante. Puso en la mesa un ejemplo: él, en su abultada agenda de viajes, ha observado que en los aviones la gente lee libros en papel, los que usan tablets u otros dispositivos electrónicos similares, por lo general, juegan al póquer.

Sin embargo, retomando el tema esencial, el de Borrás editor, quizás la reflexión que encierra el secreto de su filosofía tiene que ver con la manera en cómo se forma un lector. Y su planteamiento es tan sencillo como contundente: editar es en esencia pedagogía. A un lector hay que seducirlo, y para seducir, sin duda, hay que hacer las cosas bien.