• Caracas (Venezuela)

Papel literario

Al instante

8900: Las dos caras de las redes sociales

Bárbara Hoyo | Foto: Cortesía

Bárbara Hoyo | Foto: Cortesía

Novena Parte. “No es difícil distinguir entre aquel que usa las redes sociales a su favor y aquel que las usa como canasta básica de necesidades personales”

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Si en algún lugar coincidimos de este mundo contemporáneo, posmoderno y postraumático, donde somos nosotros pero proyectados; propios pero ajenos; solos pero acompañados, es en la virtualidad.

Espero no ser la única que ha malgastado su tiempo enterándose de la vida de los demás: desde sus reuniones familiares, hasta su relación en pareja. Pasando por estudios, borracheras y resacas, kilómetros corridos, música escuchada, lugares visitados, etc. Eso sin mencionar todas las fotografías inútiles, cursis y con mensajes llenos de lugares comunes que nos tenemos que tragar diariamente.

La razón por la que cerré mi cuenta en Facebook, y algunos de ustedes coincidirán conmigo en la experiencia, fue porque tenía acceso a la vida de mi ex y eso era muy tentador. Y doloroso. Bien me queda el ejemplo que cuando uno tiene las manos en la lumbre, no piensa si debe quitarlas o no, simplemente las quita si es que desea conservarlas. Así me quité yo con todo lo que implicaba: perder contacto con gente que conocí en viajes, perderme el chisme de mis compañeros de primaria, secundaria y preparatoria, o incluso perder lo que la gente que me importa (que era menos del 5% del total de la lista) compartía.

4 años después volví y ¡Oh, sorpresa! todo sigue igual. Punto a mi favor: la que cambió fui yo. ¡Qué maravilla! Ahora lo que sucede dentro de mi microcosmos virtual depende completamente de mí (no es que antes fuera diferente, pero hasta ahora me doy cuenta). Porque para beneficio mío (y de ustedes) no viene escrito en letras chiquitas que tengo que leer lo que cada uno de mis amigos virtuales hace, ni tengo la obligación de compartir lo que no me gusta.

No es difícil distinguir entre aquel que usa las redes sociales a su favor y aquel que las usa como canasta básica de necesidades personales. Aquí, en este mundo entre real e imaginario, hay muchas reflexiones de papel. Me canso de leer soluciones para todo: para educar mejor a los hijos, para ser más saludable, más eficiente, más exitoso, para cambiar la situación del país, para bajar de peso, vamos, hay soluciones para todo. He pasado el tiempo suficiente dentro de las redes sociales para notar que esas soluciones no sirven. Tenemos un amplio catálogo de opinólogos y expertos en materia de lo que sea. Por otro lado, cohabitamos con los plagiarios, aquellos que se alimentan del talento ajeno y que nunca podrán saborear la delicia de la sublimación y la satisfacción. Y están también quienes son puro cuerpo (y puro cuento), otros que se sienten moralmente superiores, los intelectuales (¡Ah jijo, cómo me caen gordos!), los optimistas (no, por favor), los activistas de sofá (firme y firme peticiones digitales), los cocineros (nunca sobran), los quejumbrosos, los estudiosos, los que comparten, los que aconsejan, los que escriben con las patas, los que nunca abren un link, los chistosos, los albureros, los comentaristas deportivos, los ofendidos, los aludidos, los aturdidos, los pobrecitos, los enamorados, los viajeros, los fotógrafos, los vendedores ambulantes, los fiesteros y hasta los religiosos. Cabe mencionar que existe una subespecie, en lo más oscuro de la red, que incluye a los trolls (llámese así a todo aquel que dedica su tiempo para ofender y provocar a los demás), los perversos, los ladrones de identidad y todas esas personas que no solo no aportan sino que además dañan. Todos estamos dentro. Todos nos acomodamos en el lugar donde correspondemos. Y cuando no encajamos, no encajamos. Hay cierta honestidad virtual que no elegimos nosotros.

Fue justo a través de Twitter que descubrí que una red también puede ser una plataforma. La diferencia radica en que la red te atrapa y la plataforma te impulsa. Si bien, no necesariamente todos debemos crear para darle un buen uso, sí me parece importante elegir con perspicacia a quién leer, con quién compartir, y asumir responsabilidad social sobre el contenido que publicamos.

Estoy completamente a favor que cada quien use su tiempo y espacio como quiera (nomás faltaba que no), pero si el verbo “compartir” está de por medio, lo cual incluye a otro individuo, entonces pienso dos veces antes de teclear una palabra tras otra y eso me da el derecho de pedir lo mismo a cambio. ¿Que no cuando uno responde una solicitud de amistad también acepta ciertos términos y condiciones? Porque caray, luego uno se pica leyendo cosas completamente irrelevantes y esa información utiliza espacio. Créanme que si mi disco duro no tuviera tan escasa memoria, probablemente no estaría escribiendo este texto. Pero a veces me rebota en la cabeza la imagen del perro maltratado o el meme del político que, generalmente, es igual de indecente que nosotros. Nada más que nosotros nos aprovechamos de la ventaja de no ser figuras públicas, y pues no. Con esto no quiero decir que el ejercicio crítico, el cuestionamiento social y político, no sean necesarios en nuestra vida cotidiana. Realmente lo son. En lo personal, he aprendido más leyendo aquí que en la escuela. Eso no habla bien de la escuela pero sí habla sobre las enormes posibilidades de encontrar una pluralidad de argumentos fundamentados que también sirven como formación. Todos hemos observado el beneficio de las redes sociales en la democracia. Por lo menos nos hemos dado cuenta que ni todo está bien, ni todo está bien. Ja.

Para concluir este texto les cuento que el otro día una amiga me recomendaba no tomarme tan en serio las redes sociales. Tiene razón, a veces hago muchos corajes por eso. Pero tomármelo en serio me ha ayudado a darle un vistazo a la Bárbara del pasado y así llevar una línea del tiempo de mi vida virtual, que es una pequeña representación de mi vida personal. Y sí, definitivamente, hoy mi perspectiva es distinta. Pero eso no lo hubiera podido saber de no haber caído en todos esos vicios. Hoy pienso que así como todo lo que digamos será usado en nuestra contra, también es posible que todo lo que escribamos sea usado a nuestro favor.

Pensar que por ahí, en un rincón remoto de Internet se encuentran todos mis comentarios, fotos personales, momentos incómodos, mensajes de amor y desamor, confesiones, cachonderías, reacciones y opiniones, no sé, me hace estremecerme un poco. Ojalá que mis hijos, nietos, amigos, colegas, jefes, alumnos y gente que me conoce, nunca encuentren el camino virtual que recorrí para llegar a mí. Por eso vamos a olvidar un poco y a darnos otra oportunidad para comenzar a hacer uso de la plataforma y no de la red. Total, la mayor parte de la basura es reciclable y la mierda también funciona de abono.