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El monstruo de las sin razones

Grabado de Francisco de Goya titulado <i>"El sueño de la razón produce monstruos"</i> de la serie <i>"Los caprichos"</i>

Grabado de Francisco de Goya titulado El sueño de la razón produce monstruos de la serie Los caprichos

“Los monstruos de la razón siempre aparecerán en aquellos pensamientos que absolutiza la línea personal”

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Por meses, hemos vivido, día tras día, los excesos de un gobierno que no se puede controlar. En vez de resaltar la sensatez y cordura de los que detentan el poder más bien que los asemejan a dictadores y gente confundida. En el caso de los estudiantes la represión ha sido excesiva, cruel. Las sensaciones son de ira, frustración, impotencia. Hace exactamente, dos años, el presidente Chávez exaltaba a los jóvenes “indignados” españoles. Lo vivimos en España cuando pasábamos por aquellas carpas en las diferentes plazas que mirábamos, con respeto y admiración. Nunca supimos que el gobierno español los agrediera, aunque no compartiera sus pensamientos. Hoy, se atacan y detienen a los campamentos pacíficos de los estudiantes venezolanos. ¿Cuál es la diferencia entre aquellos y estos? Ninguna. Ambos luchan por el porvenir y los sueños truncados. Y sus sueños son los de todos. Todos nos vemos reflejados en esa disidencia. Y cada vez que los atacan, en marchas pacíficas y tan hermosas, nos identificamos más con ellos. Ellos, suman. Los otros, restan.

Hablando de sueños rememoro a Goya. Su obra sigue tan vigente como en 1799, cuando realiza una carpeta que llamará Sueños. Y de ahí salen la serie de grabados llamados Caprichos. Por 320 reales saldrían a la venta en un negocio de perfumes y licores, que se ubicaba en la calle Desengaño –¿sería premonitorio?– de Madrid. La más famosa de esta serie es la # 43. Se titula: El sueño de la razón produce monstruos. ¿Quién no la conoce? Refleja a un pintor abatido –quien sabe que si por el cansancio o por los sufrimientos o por las frustraciones, duerme exhausto. Entonces aparecen, a su alrededor, aves extrañas y monstruos. Un mensaje político para su época convulsa. En el anuncio de venta de la serie Los caprichos el dramaturgo madrileño Leandro Fernández de Moratín,  los describe así: “el pintor aragonés ha tenido que exponer a sus ojos formas y actitudes que solo han existido en la mente humana, obscurecida y confusa por falta de ilustración o acalorada por el desenfreno de las pasiones”. Ciertamente la falta de ilustración o el desenfreno de las pasiones es el origen de todos los peligros. Y de acciones que después lamentaremos, aun después de la muerte.

Los monstruos de la razón siempre aparecerán en aquellos pensamientos que absolutiza la línea personal. Aquellas que descalifican cualquier pensamiento disidente o distinto al propio. Y contra esos monstruos hay que luchar, personal y colectivamente. Goya devino en un clásico, casi filosófico, porque sigue tan vigente como Shakespeare o como Cervantes. El hombre sigue siendo el mismo. Y los será por siglos. Y mientras no alcancemos el estado superior de la civilidad y de respetar el pensamiento del contrario, seremos unos monstruos. Estamos nuevamente, viviendo a Goya, con el desenfreno de las pasiones con el contrario. Reflexionemos antes de que los monstruos nos devoren. Estudiantes sus sueños no producirán monstruos, sino serán, a futuro, la razón triunfante. No cesen, no duerman, no desmayen.  Les quedará toda la vida para narrarle  su valentía y coraje,  a sus nietos.  Valdrá la pena.