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Yo mismo
autobiografía (1)

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El Tema

Yo soy poeta. Creo que en esto reside todo mi interés. Y en las cosas sobre las que escribo: el amor, las canciones, las calles, los rostros, las ciudades, los niños. Y, también, los paisajes del Cáucaso. Pero solo me pongo a escribir cuando todas esas cosas han ido haciendo subir en mi interior el nivel de las palabras.

La Memoria

Burliuk decía: la memoria de Mayakovski es como el camino de Poltava, todo el mundo se deja un zueco en él. Pero la verdad es que nunca recuerdo los rostros ni las fechas. Lo único que recuerdo es que los Dorios emigraron a alguna parte el año 1100. Pero he olvidado los detalles de este asunto (que debió ser importante). En cambio, almacenar en la memoria cosas como «Ocurrido el 2 de mayo en Pavlovsk», es algo indiscutiblemente mediocre. Por eso me gusta tanto flotar libremente en mi cronología.

Lo Principal

Nací el 7 de julio de 1894 (o del 93): la opinión de mamá y el registro administrativo de mi padre no se ponen de acuerdo. En todo caso, estoy seguro de no haber nacido antes. ¿Dónde nací? En una aldea llamada Bagdadi en el departamento de Koutassi, Georgia.

Miembros de la Familia

Padre: Vladimir Constantinovitch (guarda forestal de Bagdadi), muerto en 1906.

Mamá: Alexandra Alekseevna.

Hermanas: 

            a) Liuda,

            b) Olia.

También tenía una tía, Aniuta. Al parecer, no existen más Mayakovski.

Primer Recuerdo

Conceptos pintorescos. Lugar desconocido. Invierno. Padre se ha suscrito a la revista Patria. Patria tiene un suplemento «humorístico» muy celebrado (esperábamos impacientes su llegada). Padre se pasea y entona su habitual «Allons enfants de la par quatre». Acaba de llegar Patria. No he terminado de abrirla cuando me pongo a gritar (al ver un dibujo): «Qué gracioso. ¡Un señor y una señora que se están abrazando!». Se rieron mucho. Pero después cuando llegó el suplementó (y el verdadero momento de reírse), comprendí que era de mí de quien se habían reído antes. Así fue como aparecieron nuestras divergencias a propósito de los dibujos y el humor.

Segundo Recuerdo

Conceptos poéticos. Verano. Muchos invitados. Un estudiante muy alto y muy guapo –B. P. Gluchkovski–. Dibuja. Un hermoso cuaderno con tapas de cuero. Papel brillante. En el papel un hombre muy alto, sin pantalones (o quizás es que los lleva muy ceñidos)  y delante de un espejo.

El hombre se llama «Eugenioneguine». Boria era alto y el hombre dibujado también. No había duda: «Eugenioneguine» era Boria. Lo seguí creyendo durante tres años.

Tercer Recuerdo

Conceptos prácticos. De noche. Papá y mamá cuchichean sin parar al otro lado del tabique. A propósito de un piano. No me puedo dormir en toda la noche: una frase se agitaba en mi cabeza. En cuanto nos levantamos se lo pregunto: «Papá, ¿qué significa «con temperamento»? La explicación me fascinó.

Malas Costumbres

Verano. Demasiados invitados. Acumulación de cumpleaños. Papá está orgulloso de mi memoria (y cada vez que hay una fiesta tengo que aprenderme varios poemas). Para el cumpleaños de papá tuve que recitar:

Un día, ante una multitud.

de montañas congéneres...

Estaba harto de los congéneres y de las «rocas». No sabía lo que eran, y nunca en la vida tuve ocasión de tropezarme con ellos. Más tarde supe que esto era lo  «poético» y empecé a detestarlo.

Las raíces del Romanticismo

La primera casa que recuerdo claramente, era de pisos. El primero es el nuestro. En el bajo, un pequeño establecimiento de vinos. Una vez al año, arbas de uva. La pisan. Yo la como. Ellos la beben. Estamos en una antiquísima fortaleza georgiana, cerca de Bagdadi. La fortaleza está dentro del rectángulo de una muralla. En cada ángulo, montículos ascendentes de tierra batida, para los cañones. Al otro lado de las murallas –llenas de troneras, para las ballestas– están los fosos. Y después de los fosos, los bosques y los chacales, las montañas, emergiendo de los bosques. Había crecido. Y quería escalar la más alta. Hacia el norte, las montañas iban en disminución y luego desaparecían. Pensaba: esto es Rusia. Y me sentía increíblemente atraído hacia ella.

Lo Extraordinario

Unos siete años. Padre me llevaba con él cuando hacía la ronda, a caballo, por el distrito forestal. Un puerto. De noche. Nos envuelve la niebla. Hasta padre es invisible. Avanzamos por un sendero estrechísimo. Padre engancha con su manga una rama de escaramujo. En un abrir y cerrar de ojos, la rama cae sobre mí y las espinas se me clavan en los mejillas. Me quejo en voz baja, mientras me arranco los pinchos. Niebla y dolor desaparecen al mismo tiempo. Cuando las madejas de niebla se desvanecen hace su aparición, bajo nuestros pies, un resplandor más intenso que el del cielo: la electricidad. Es la fábrica de duelas para toneles del príncipe Nakachidzé. Después de la electricidad, la naturaleza perdió interés para mí. Era demasiado imperfecta.

El Aprendizaje

Mis maestros fueron mamá y diversas primas hermanas de todo tipo. La aritmética me parecía algo inverosímil. Por ejemplo, cuando se repartían manzanas y peras entre los chicos, había que contarlas. A mí nunca me las habían contado (hay tanta fruta en el Cáucaso). El ABC, en cambio, me pareció muy agradable.

Primer Libro

Se titulaba La granjera Ágata. Si en aquella época hubieran caído en mis manos muchos libros como aquél, habría abandonado definitivamente la lectura. Por suerte, el segundo fue Don Quijote. ¡Eso sí que era un libro! Me construí una espada y una armadura de madera y me puse a atravesar de parte a parte todo lo que me rodeaba.

Fragmento de “Yo Mismo. Cómo hacer versos”. Alberto Corazón Editor. España, 1971.