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Una misma noche, hacia una sinfonía del horror

“Una misma noche”, Leopoldo Brizuela

“Una misma noche”, Leopoldo Brizuela

“Nada queda al azar en este trabajo; ni las analogías entre el personaje principal –Leonardo Bazán– con el autor, ni los hechos de los cuales se vale Leopoldo Brizuela para elaborar una profunda reflexión acerca del poder y sus perversione” 

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Si algo caracteriza a Una misma noche es lo espeluznante de los hechos expuestos y la manera como son narrados. Esta novela es una construcción sumamente sobria y con una verosimilitud extrema. A partir de hechos reales ocurridos durante la dictadura argentina de Videla, y sobre la base del asalto a una casa vecina a la del protagonista, el escritor arma un poderoso artificio que sume al lector en una trama pavorosa.

Nada queda al azar en este trabajo; ni las analogías entre el personaje principal –Leonardo Bazán– con el autor, ni los hechos de los cuales se vale Leopoldo Brizuela para elaborar una profunda reflexión acerca del poder y sus perversiones. Pero la gran cosa aquí es la posición del ciudadano común cuando los mecanismos de un Estado terrorista se ponen en evidencia y se manifiesta el miedo.  La constelación de lo narrado llega a situaciones límite que bien podrían estar en el territorio de lo indecible, como acertadamente expresa su creador cuando sostiene que “Somos los relatos que contamos sobre nosotros mismos. Pero también somos aquello que no podemos expresar en ningún relato”.

Centrado en la Argentina de la actualidad y en el mal que sobrecoge hoy por hoy a buena parte de las ciudades suramericanas, la inseguridad, Brizuela elabora un andamiaje de dos tramas paralelas que alternan entre 2010 y 1976. Estas fechas sirven de contexto para la narración de dos eventos análogos; por un lado el asalto a la casa vecina de Bazán por parte de una banda del crimen organizado y, por el otro, para desarrollar la crónica de eventos ocurridos a Diana Kuperman, una abogada vinculada –dentro de la ficción– al caso real de Papel Prensa y todo el horror implicado en ello. 

La aproximación a los hechos es gradual de modo que emula la dinámica del recuerdo. El lector se acerca paulatinamente al momento cuando una patota del régimen de Videla llega a la casa de las Kuperman. En esa escena nefasta piden la colaboración de la familia Bazán y el padre del narrador, en un rapto nazi fascista, se apresta a forzar la puerta de la casa de las vecinas con el beneplácito de los milicos. Las palabras del autor en ese instante “mi padre ya no es mi padre. Se vuelve uno de ellos” son leit motiv durante toda la obra. El tono del novelista es lapidario y apela a la condición humana más elemental cuando Bazán dice a su madre: “eso que pasa al lado, mamá, es nuestra derrota”. Y, en efecto, ello es lo que ha significado el dominio de cualquier sistema dictatorial o nazi fascista –llámese del signo que se llame; porque en Latinoamérica las castas militares, en líneas generales, han puesto en evidencia la derrota de lo humano por el ejercicio de la barbarie–.

El texto abunda en la reflexión del fenómeno escritural y en la metaficción en el sentido de que, mediante la narración de lo indecible, podrá el propio protagonista exorcizar lo que él asume como su parte de culpa y la de su familia. Van apareciendo así una sucesión de hechos suspendidos en un presente continuo que no dejan sino una sensación de profunda vergüenza ante aquello que es capaz de hacer el individuo inserto en la maquinaria del poder brutal. Las realidades propias de un escritor en su mediana edad quedan también patentes en esta construcción.

La novela llega a un clímax cuando Brizuela describe las instalaciones de la Escuela de Mecánica de la Armada argentina donde eran ejecutados crímenes de lesa humanidad. En ese momento el tono del relato es como el de una sinfonía del horror, el lugar por donde se entra “al lado oscuro de todas mis palabras”. Y, en efecto, uno de los planteamientos vitales de este texto en torno al poder perverso y genocida es el hecho de que lo importante era que todos se manchasen por el bien de la “complicidad general”.

Asistimos a una pieza clave de la narrativa contemporánea en el entorno de los nuevos espacios sociopolíticos. De igual manera, ella constituye una reflexión acerca de cómoestá planteado el fascismo en el ámbito latinoamericano. Sin duda, Una misma noche constituye una demoledora denuncia, así como una apuesta de gran sobriedad e impecabilidad técnica.

 

UNA MISMA NOCHE

Leopoldo Brizuela

Santillana Ediciones Generales

Madrid, 2012