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La metamorfosis, la grabación íntima de Luis Irán

El guitarrista estrena primer disco como solista / Foto Henry Delgado

El guitarrista estrena primer disco como solista / Foto Henry Delgado

En medio de la catarsis, el cantante habla del caos de la ciudad y dedica las letras a un país vacío. Su nuevo álbum de ocho canciones es un testimonio íntimo sobre los que no están y sobre su propio viaje

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Luis Irán se expone en su primer disco como solista. La metamorfosis es un registro de intimidades, como si hubiera puesto una cámara de video en casa para que conozcamos una nueva etapa de su vida. 

“La familia, la fauna y la convivencia”, “Dragones y ranas”, “La metamorfosis” y “Laberintos” son el mejor testimonio de una persona que a los 42 años de edad empieza a hacer de la música la mejor forma de explayar sentimientos subrayados por la presencia de un hijo, ese niño que cambió las rutinas, invirtió el orden de los cuartos, los juguetes en el suelos y los despertares frente a un pequeño rostro expectante de descubrimientos.

Musicalmente el álbum parece una continuación de su extinta banda Los Paranoias, pero con menos distorsión; un sonido cónsono con la introspección que hace el artista en ocho canciones.

El caos de la ciudad y su decadente salud hacen cada vez más oportuna la reflexión. Pareciera no haber tiempos para paréntesis, así exista el regocijo de la familia. Más bien, mientras más es la responsabilidad y el amor hacia la esposa y el hijo, mayor es la preocupación por el futuro.

Por eso, en el disco, Irán se asoma al balcón de la casa para pensar en aquellos que no están. La disyuntiva del camino a escoger. “Maiquetía” es un tema nostálgico sobre la diáspora. El año pasado, cuando lo presentó como primer adelanto de la producción, recordó a todas esas piezas que han hablado sobre esa separación como “Extranjero” de Franco de Vita o “Camino” de Tomates Fritos. Esta vez, la composición es más que pertinente cuando la emigración aumenta. En 2015 las cifras estaban aproximadamente en 1,5 millones de venezolanos que se fueron al exterior desde 1999.

En medio de la catarsis, el rockero habla de un país vacío en una de las mejores partes de la letra, esa que se refiere al país como lo tangible, todo aquello que es sentido, de lo que se ha sido testigo, así los sentidos no hayan llegado a la más lejana línea de la frontera. La reflexión continúa en “Vienen y van”, la última de La metamorfosis.

La pareja como refugio también tiene cabida. “El libro” es una bien lograda canción romántica dedicada a la madre de su hijo. No habla de eternidad, aunque pida estar hasta el fin. No asume el riesgo, pero deja entrever el deseo de una saga. “Clavos” es la canción lujuriosa de la obra. No hay detalles que se escapen.