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El maestro Domingo

Domingo Irwin / ARCHIVO

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“Irwin no descuidaba ningún aspecto de su obsesión académica y sostenía que nuestras Fuerzas Armadas siempre han sido utilizadas por los partidos políticos de izquierda o derecha creando un grave problema en la esfera de actuación militar”

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Domingo Irwin, “El maestro”, como lo llamaban con afecto sus numerosos alumnos de la UCAB y de la UPEL, acaba de partir hacia lo ignoto. Su inesperado deceso no le permitió concluir su último proyecto editorial que adelantaba en el Instituto Mario Briceño Iragorri, pero deja ante sí un valioso legado generado por sus grandes dotes de docente, de investigador y de escritor. El maestro se graduó en el Pedagógico Caracas y obtuvo su título de Magister en Seguridad y Defensa en el Instituto de Altos Estudios de la Defensa Nacional, lo que lo motivó a dedicar sus esfuerzos académicos a la investigación de las relaciones cívico-militares en la historia venezolana de los últimos dos siglos.

No fue poco lo que localizó en sus investigaciones. Durante casi todo el siglo XIX, Venezuela estuvo dominada por la violencia de guerras civiles y de seudo-revoluciones que llevaron al poder a caudillos militares que gobernaron durante 150 de los 200 años que ha vivido nuestra nación. Esta realidad lo llevó a investigar la relación entre militarismo y pretorianismo, dedicando especial atención al tema del profesionalismo militar iniciado en nuestro país a partir de 1910.

Ese interés suyo por el tema militar se profundizó cuando efectuó sus estudios de magister en planeamiento para la defensa en el Centro de Estudios Hemisféricos de la Defensa en la Universidad de Defensa Nacional ubicado en Washington, los cuales perfeccionó durante el Doctorado en Historia que realizó en la UCAB. Esos estudios le dieron material abundante para escribir las obras Balance y perspectivas de las relaciones civiles-militares venezolanas en la segunda mitad del siglo XXRelaciones civiles-militares en el siglo XX; Caudillos y caudillismo en Venezuela. Ese interés suyo por las relaciones cívico-militares en la historia republicana de Venezuela lo convirtieron en una autoridad en la materia y en referencia obligada cada vez que se elaboraba una investigación sobre este tema, por cuyo motivo fue llamado por las universidades más exigentes para que dictara seminarios doctorales.

Su mutis ocurre en un momento crucial para la historia del país, en el que parece estarse afianzando en el poder una autocracia surgida de elecciones, pero sustentada en una novedosa forma de dominación pretoriana, en detrimento del derecho de los venezolanos. Sin embargo, Irwin no descuidaba ningún aspecto de su obsesión académica y sostenía que nuestras Fuerzas Armadas siempre han sido utilizadas por los partidos políticos de izquierda o derecha creando un grave problema en la esfera de actuación militar. En uno de sus últimos trabajos señaló que el derrocamiento militar de gobiernos electos parecía haberse convertido en un lejano recuerdo, pero advirtió que han surgido nuevas formas de influencia militar distintas a los golpes de estado.

Si se analiza el panorama político-militar venezolano actual se observará que el maestro tenía mucha razón. En efecto han surgido formas populistas de gobierno que cuentan con el apoyo de una parte determinante de las Fuerzas Armadas, lo que trae como consecuencia que hay presencia política activa de los militares en las áreas de mando civil, generando una molestia profunda de corte antimilitarista en el sector intelectual y ello podría  poner en peligro los principios de la democracia liberal y la estabilidad política nacional, hasta llegar incluso a crear un ambiente indeseable que coloque al país en una situación riesgosa de guerra civil.  

En ese sentido el maestro  se quejaba constantemente de que los estudios de seguridad y defensa se encontraban en situación de enorme descuido en Venezuela. Su tesis era la necesidad histórica de profundizar en el profesionalismo militar y de  consolidar el control civil como parte de un modelo de convivencia en el cual ambas partes puedan coexistir en sus respectivas áreas de influencia sin causarle un trauma indeseable al país. Desde luego su estrategia en ese sentido era la de salvaguardar el sistema democrático y llevarlo a un grado de optimización para que el respeto por el estado de derecho sea la norma que rija a la sociedad.