• Caracas (Venezuela)

Papel literario

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“La literatura que me interesa está del lado del riesgo”

Patricio Pron

Patricio Pron / Lisbeth Salas

Patricio Pron (Argentina, 1975) estuvo en Caracas para presentar el libro Trayéndolo todo de regreso a casa, una colección de 20 relatos escritos entre 1990 y 2010, editada por Puntocero 

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Mientras habla, Patricio Pron mueve las manos sobre la mesa, sobre su pierna, como si estuviera escribiendo en la libreta que tiene al lado, como si estuviera tecleando, como si ordenara cada palabra, buscando un orden, la precisión de la reflexión. Hace pausas, habla calmadamente, baja la mirada y la levanta como si agarrara otro impulso. Busca el ritmo de las ideas que va desgranando con cada respuesta. Mientras habla hace un ejercicio de orden y precisión.

Estamos en la Plaza Altamira de Caracas, en el Festival de Lectura. Pron vino a presentar la antología de cuentos Trayéndolo todo de regreso a casa, editada por Puntocero. Sentados en uno de los cafés de la feria, se escucha la bulla del pabellón infantil, pasan carros por la avenida, se oyen cornetazos, suena la máquina de café, pasan grupos de niños de colegio, pero nada parece perturbar a Pron. Ni siquiera pierde el hilo cuando Vasco Szinetar se acerca para saludar y avisar que lo esperará. Retoma la respuesta justo donde la había dejado.

Trayéndolo todo de regreso a casa reúne 20 relatos, escritos entre 1990 y 2010, seleccionados por el mismo Pron con un fin específico: publicarlo en Bolivia, Uruguay y Venezuela. “Comencé a percibir una cierta demanda de libros míos en sitios donde no llegaban. Recibía a menudo correos o mensajes en mi blog de lectores en Bolivia, Venezuela y Uruguay. Se me ocurrió que podía satisfacerse esa demanda con una selección personal de textos, que englobara 20 años de trabajo, a ser publicada por tres proyectos editoriales latinoamericanos, cuyos catálogos me interesaban particularmente. De modo que hice esa antología personal y se la di a tres editoriales: Estuario, en Uruguay; El Cuervo, en Bolivia; y Puntocero, en Venezuela, con la finalidad de que los lectores locales pudiesen conocer mi trabajo a precios locales”.

—Esto plantea una relación distinta del autor con sus lectores y sus libros. Te estás ocupando personalmente de a dónde están llegando tus libros y quiénes los están leyendo.

—Sí, ese tipo de cosas escapan al control de un autor. Los libros recorren caminos azarosos y su autor no puede ejercer ninguna influencia en la forma como esos libros circulan. Sin embargo, creo que sí puede ocuparse de sus lectores. La literatura es una forma de diálogo, a diferencia de muchos colegas míos que creen que es un monólogo, para mí siempre ha sido un diálogo y un diálogo requiere, naturalmente, al menos de dos personas. Para mí era importante establecer ese diálogo con los lectores venezolanos, entre otras cosas, porque yo mismo había estado dialogando como lector con muchos autores venezolanos, de manera que me parecía deseable propiciar ese diálogo ya no como lector sino como autor.

—En el prólogo de la antología dices que esta selección pasó por un proceso de corrección y reescritura, y que tienes un deseo de corregir el pasado. ¿Crees que igual se pueda ver cómo el escritor ha transitado esos años?

—Me temo que sí. Como cuento en la nota introductoria, yo perseguía varios objetivos al preparar esta antología, no solamente hacer que mi obra estuviese a disposición de los lectores en sitios que hasta los momentos no lo estaba, sino también, en lo posible, corregir un pasado que me parece que requería corrección, no solamente desde el punto de vista literario, sino también desde el punto de vista humano o personal.

Lo que descubrí durante la preparación de la antología fue que el pasado no puede ser corregido, yo mismo a la hora de enfrentarme a estos textos iniciales, deseoso de corregirlos, me di cuenta de que no podía hacerlo, que era como corregir la obra de otra persona, cuyas intenciones, cuyos objetivos eran desconocidos para mí. De tal forma que, un poco decepcionado, lo que hice fue una corrección sintáctica y gramatical, prácticamente escolar, de estos textos iniciales.

Descubrí que mi trabajo parecía organizarse en torno a ciertos períodos vinculados con desplazamientos y cambios que se habían producido en mi biografía. Después de darle muchas vueltas lo ideal era presentar los relatos de forma cronológica, de modo que el lector determinara si se había producido una especie de progreso en mi trabajo o una franca decadencia y para que escogiese cuál de esos autores que yo había sido era de su agrado. Naturalmente presentar estos textos de esta forma suponía un riesgo, pero la literatura que me interesa está siempre del lado del riesgo y de la innovación.

—Sin embargo, en los cuentos hay una línea que los recorre: todos estos personajes están fuera de quicio, fuera de lugar, y las situaciones están como dentro de una grieta del cotidiano. Hay un interés por lo raro, lo absurdo, lo extraño que está dentro del cotidiano.

—Sí, es muy posible. No se trata de un tipo de intención o al menos no es el resultado de alguna forma de deliberación consciente, sencillamente esa parece ser la forma en que veo el mundo, como un sitio en el que reinan estas cosas: la incertidumbre, la inquietud, lo extraño, etc. Creo que eso también lo hace el hecho de que todos los personajes se encuentran en un momento en el que hay que tomar una decisión, a menudo la primera decisión que toman en sus vidas; deben decidir, para utilizar el título de un libro mío anterior, si pretenden ser de las personas que embellecen el mundo o de aquellas que lo afean y lo arruinan, eso los emparenta. Y también que en el marco de esa toma de decisiones, lo que descubren es que aquello que les habían dicho que el mundo es no es, necesariamente, lo que el mundo es. Todos ellos se encuentran en un momento en que la realidad es como una capa de hielo congelado que comienza a agrietarse y ellos comprenden, por primera vez, y a veces también por última, que han sido víctimas de una especie de broma cruel.

—En tu escritura hay una preocupación particular por el lenguaje: están las palabras necesarias, no más. Hay un intento de despojo. Se apuesta por la potencia de la imagen, por la estructura y la fuerza de las anécdotas.

—Sí, exacto. Eso se debe a dos razones. La primera de ellas es que, a diferencia de algunos colegas míos, no concibo al lector como una persona pasiva, y no lo hago porque en mi propia experiencia como lector este interviene y realiza un papel activo en la lectura. Esta es la primera convicción: el lector no es pasivo y no es particularmente idiota, de manera que no hace falta que le expliques mucho las cosas. La segunda razón por la que se produce esto puede que se deba a la influencia del periodismo en mi trabajo, estudié periodismo inicialmente, o lo que muy pomposamente se llama Comunicación Social. Y lo que aprendí a través de los años que llevo escribiendo en prensa es que no puedes contar con la paciencia del lector, debes ganarte la paciencia del lector.