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Un libro de juventud

Esta obra de JosephKosuth, Una y tres sillas, acompaña la portada de La poética de lo neutroen su versión de 2005

Esta obra de JosephKosuth, Una y tres sillas, acompaña la portada de La poética de lo neutro en su versión de 2005

En 1975 la historiadora del arte Víctoria Combalía publicaba La poética de lo neutro, un pequeño libro que nació de su tesis de licenciatura en donde se dedicó al estudio del arte conceptual en aquellos momentos en que era un tema relativamente “flotante”. 30 años después el trabajo es reeditado para brindar una óptica de la autora que, a pie de página, revisa aquella obra de juventud

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Los cuestionamientos estéticos sobre el arte conceptual que resguardan sus páginas son de sumo interés, lo que se puede contar sobre este libro desde su creación hasta su revisión y sobre el tesón investigativo de su autora también lo son. La poética de lo neutro es un texto de contenido denso desplegado en un poco más de cien páginas que se concibió como una tesis de licenciatura, pero que su exhaustividad, su contenido más crítico que histórico, y la indagación sobre las bases ideológicas del arte conceptual, o acerca de la relación entre arte y vida, provocaron que esta obra de la historiadora y crítico de arte catalana, Victoria Combalía(1952), no se quedara en los límites de un trabajo universitario sino que se convirtiera en un libro de consulta, de crítica, de historia del arte y de reflexión ensayística.

Este estudio no parte del típico expose académico sino que cita, comenta y sitúa en los lugares polémicos a los propios promotores del movimiento conceptual. Cuatro años le tomaron a su autora, alumna de TzvetanTodorov, Julia Kristeva y Michel Foucault, seguir de cerca los pasos del fenómeno conceptualista para desarrollarlo en un despliegue temático amplio e interesante: se dedicó a escribir sobre el backgroud cultural del arte conceptual, sobre los canales de difusión e inserción que en los setenta  el arte conceptual estaba percibiendo, ofreció un “Diccionario sucinto de términos de arte conceptual”, brindó un apartado de “Análisis y críticas  de obras concretas” (especie de catálogo que reúne a Joseph Kosuth, John Baldessari, Hans Haacke, Sol le Witt, etc.). Pero a pesar de este orden que se presiente esquemático, tal vez de sobrada rigurosidad académica, La poética de lo neutro no abandona la lectura crítica y la fenomenológica, y es que para la comisaria de arte este trabajo era concebido como “más que un ensayo sobre autores y obras de aquel movimiento, [era] un pequeño tratado de estética escrito desde las cuestiones que preocupaban a los integrantes del movimiento mismo y que avanzaba hacia una crítica a su empirismo a ultranza”. No era una tesis como cualquier otra, y eso no pasó desapercibido para Jorge Herralde, editor y fundador de la editorial Anagrama, quien en 1975 decidió publicarlo.

Su versión revisada fue publicada en 2005. Quizás uno de sus aciertos es la condición de honestidad que ofrece. Por ejemplo, en la publicación de 1975 la joven autora aseguró que el arte conceptual era un movimiento “etiquetado y prácticamente cerrado en varios países europeos y en Norteamérica”. Más de tres décadas han corroborado que se equivocaba en su apreciación. Y aunque este libro de juventud no es ni el asomo de una suma de fe de erratas, es un trabajo en el que la autora revisa, interroga y, podría decirse, hace cierta antología: es Combalía en un diálogo honesto con Combalía, mediadas por los puentes temporales y por la fuerza de la trayectoria. En medio de esta dinámica, la honestidad en la revisión le reasigna valor a la obra reeditada, pues en la introducción escribe lo siguiente:“vistas las cosas a distancia, he de aclarar que hoy en día el movimiento no está 'etiquetado y prácticamente cerrado' como yo afirmaba en mis primeras páginas entonces. Muy al contrario, a partir de los años noventa hemos visto surgir con gran fuerza un arte neo-conceptual, sólo que con características propias de la posmodernidad”.

Victoria Combalía en La poética de lo neutro ha puesto en perspectiva el arte conceptual del setenta con respecto al de hoy, para luego complementar una narración, añadir datos a la conversación que sostuvo con el movimiento conceptual del setenta. La remembranza se hace presente a pesar de hacer su labor como libro de consulta. Es una obra de lectura diaria, de aquellas que aguardan en la mesa de noche. Reviste una profundidad crítica en donde cabe la contemplación de letras de juventud, que se atrevieron a generar ideas, a proponer reflexiones e indagaciones en medio de campos artísticos en sus momentos difusos pero elocuentes.