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La lengua y el poder: el discurso como objeto de estudio crítico

"El lenguaje humano es poder"

"El lenguaje humano es poder"

No solo desde la lingüística actual, sino también, y anteriormente, desde la filosofía, la psicología y la sociología se han levantado voces que exigen que las formas de transmisión de las ideologías y el poder que se ejerce a través de la lengua

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El lenguaje como facultad humana de comunicación a través de medios lingüísticos tiene múltiples manifestaciones que configuran en conjunto todo discurso. Muchas son las definiciones que pueden encontrarse en torno al concepto de poder; muchas, incluso, en torno al lenguaje. No obstante, si algo está claro, es que el lenguaje humano es poder: poder en el más amplio sentido, en el que a partir de la morfología que en nuestra lengua posee dicha palabra se explica así mismo semánticamente. La lengua, es decir, aquella manifestación del lenguaje que constituye un sistema de signos orales y escritos que sirven a una determina comunidad como instrumento de comunicación verbal es, quizás, la más importante de ellas a la hora de estudiar las relaciones sociales y las estructuras de poder.

No solo desde la lingüística actual, sino también, y anteriormente, desde la filosofía, la psicología y la sociología se han levantado voces que exigen que las formas de transmisión de las ideologías y el poder que se ejerce a través de la lengua y que tienen su reflejo en el discurso sean fenómenos estudiados de forma crítica y exhaustiva. Así lo han hecho en el siglo pasado Jürgen Habermas, Karl-Otto Apel y Michel Foucault, por citar solo algunos de los nombres que han tenido una marcada influencia en el desarrollo de la transdisciplina que hoy se conoce como Análisis Crítico del Discurso (ACD), denominación que coexiste con Estudios Críticos del Discurso (ECD) e incluso con Lingüística Crítica (LC).

La LC y el ACD pueden definirse, en palabras de una de sus fundadoras, “como disciplinas que fundamentalmente se ocupan de analizar, ya sean estas opacas o transparentes, las relaciones de dominación, discriminación, poder y control, tal como se manifiestan a través del lenguaje” (Wodak 2003: 19). Tres son los conceptos que, indispensablemente, se toman en cuenta al analizar críticamente el discurso: poder, historia e ideología.

Sobre las metodologías que se siguen en el ACD, Ruth Wodak y Michael Meyer (2003) han compilado importantes aportaciones de numerosos analistas críticos del discurso en una obra fundamental: Métodos de análisis crítico del discurso, traducida y publicada en español por la editorial Gedisa. Asimismo, y con anterioridad, uno de los autores que colaboran en el volumen, Norman Fairclough, expresó su visión crítica de la relación entre lenguaje y poder en Language and Power (1989) y contribuyó a la constitución de dichos estudios con sus obras posteriores, entre las cuales se destaca su importante libro Critical Discourse Analysis (1995). Lo propio ha hecho el analista holandés Teun van Dijk, quien es quizás hoy el lingüista crítico más conocido en el mundo de habla hispana por su labor docente e investigadora en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona (España) y sus trabajos y conferencias en Latinoamérica. Su obra se ha centrado, principalmente, en la transmisión del racismo y la discriminación en los medios de comunicación masiva, fundamentalmente en la prensa. Entre sus muchos libros enmarcados en la línea del ACD se destacan Ideología. Una aproximación multidisciplinaria (1999) y Discurso y poder (2009).

Entre las propiedades del discurso que permiten transmitir ideologías, poner de manifiesto las relaciones de poder que a menudo pasan desapercibidas por gran parte de los individuos involucrados en la interacción social y de las que se valen algunos emisores para controlar los modelos mentales de sus destinatarios se encuentran, según señala van Dijk (1999, 2009), las siguientes: los temas (macro estructuras semánticas); los esquemas discursivos (superestructuras, esquemas textuales); el significado local; el estilo; los recursos retóricos como los símiles, las metáforas y los eufemismos; los actos de habla; las múltiples dimensiones interaccionales del discurso, como por ejemplo la distribución de turnos, la división en secuencias, etc.; así como otros rasgos lingüísticos y pragmáticos relacionados con la morfología, la sintaxis, el léxico, las presuposiciones y las implicaturas.

Si bien no ha sido su única línea de investigación, la relación entre lengua y poder y su representación lingüística y discursiva en Venezuela ha tenido y sigue teniendo importantes figuras académicas cuyos trabajos han sido citados internacionalmente; a saber, las profesoras Adriana Bolívar, Frances D. Erlich, María José Gallucci e Irma Chumaceiro (Universidad Central de Venezuela), Alexandra Álvarez Muro (Universidad de Los Andes), Thays Adrián (UPEL-IPC), Lourdes Molero de Cabeza (Universidad del Zulia) y el profesor Julián Cabeza (Universidad del Zulia).

Sin duda alguna, analizar críticamente el discurso es una labor loable en medio de la coyuntura política que nos ha tocado enfrentar a los venezolanos: una tarea que, si bien se intenta realizar con la mayor objetividad posible y se emprende con una clara honestidad académica e intelectual, implica un serio compromiso con la libertad y una denuncia de la manipulación que a través del discurso se lleva a cabo desde los diferentes sectores políticos que hacen vida en el país.