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Estado de la lengua en Venezuela X
Responde Miguel Szinetar

Miguel Szinetar / Foto ©VascoSzinetar

Miguel Szinetar / Foto ©VascoSzinetar

Siete preguntas conforman la serie, que dio inicio ayer. 12 intelectuales y escritores han respondido a las preguntas formuladas. El lector está invitado, desde el 17 hasta el 28 de julio, a seguirla diariamente en la página web de El Nacional

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―¿A la crisis venezolana se corresponde una crisis de la lengua en Venezuela? En otras palabras: ¿cuál es el estado en nuestro país, de la lengua en uso? 

A la crisis venezolana actual, se corresponde una crisis de la lengua. La crisis de la sociedad venezolana, es total y sistémica. Comprende a todos y a cada uno de sus elementos, relaciones y modos de articulación. La lengua, expresión concreta de la Facultad lingüística del hombre, es un elemento central de la sociedad y de su crisis. No puede no haber correspondencia entre crisis, lengua y sociedad. Esta correspondencia debe ser investigada. La investigación podría arrojar conocimientos esenciales para la superación de la crisis.

Para responder la segunda parte de esta pregunta, usaré una metáfora médica: La lengua en uso en Venezuela está enferma. Su estado es grave, muy grave, de pronóstico reservado.  Está penetrada por el virus de la lengua totalitaria, que gradualmente, al mismo tiempo que la va destruyendo, se reproduce, crece y se desarrolla en su interior.

El virus irrumpió en el discurso de Chávez y de su entorno,  y se expandió en toda la sociedad . Actúa del  siguiente modo: se introduce en el interior de las palabras. Destruye el vínculo que las unifica; las descompone y divide. Separa y contrapone los significados a los significantes. Penetra  el ámbito de los significados. Destruye la conexión que unifica su multiplicidad. Los valora y clasifica. Los selecciona. Los que no corresponden a su finalidad, los excluye, proscribe o elimina. Los que corresponden, los incorpora a sí. De esta forma crea las bases de un conjunto de palabras adaptadas a su finalidad. También genera nuevas palabras para su expansión y uso. El virus, no solo desintegra las palabras que constituyen la lengua en uso, sino, también, las subjetividades que las contienen. Y los contextos culturales correspondientes.

―Los estudiosos señalan que una de las consecuencias derivadas de la lengua totalitaria, es la alteración del vínculo de las personas con que lo que llamamos verdad: con los hechos y con la lógica de los hechos. ¿Ha logrado la lengua del régimen y sus prácticas, alterar la percepción de la realidad por parte de los ciudadanos?

El discurso totalitario tiene como finalidad, la destrucción de la psique del hombre. De sus facultades básicas, conscientes e inconscientes: lenguaje, pensamiento, intuición. Estas facultades, en su articulación, determinan la diferencia específica del hombre respecto a los animales. La finalidad del discurso totalitario es degradar al hombre: animalizarlo. Pero: ¿qué tipo de animal emerge de la interioridad humana como efecto de la acción destructiva del discurso totalitario? Emerge una nueva forma de animal que contiene en sí, la necesidad y el deseo de suicidarse como especie, de matarse a sí mismo en su doble determinación funcional de sujeto/objeto, valiéndose de la captura del aparato estatal y de su poder; usando los recursos creados por el hombre en el decurso de su historia, y particularmente, los medios científicos y tecnológicos.

El tipo de animal que emerge es el que apareció y actuó en Ruanda, en Auschwitz y en el Gulag; y el que hoy nos amenaza en Venezuela.

Las prácticas del chavismo, que es, en esencia, un regimen totalitario,  han logrado, sin duda, alterar,  la psiquis individual y colectiva de la nación.  Han logrado, en mayor o menor grado, trastornar la percepción de la realidad por parte de los ciudadanos. Pero, paradójicamente, han estimulado también, el creciente despliegue (manifestado el 6-D) de la conciencia democrática; de la necesidad imperiosa de defender políticamente la lengua en uso y la facultad del lenguaje; el convencimiento de que, solo mediante el libre diálogo público, solo en libertad, pueden ser creados e intercambiados, palabras y hechos verdaderos.

―Chávez puso en práctica el uso reiterado del insulto a sus oponentes. ¿Cree que los insultos del poder deben responderse en los mismos términos?

Los insultos del poder no deben responderse en los mismos términos. El insulto tiene como finalidad atacar, agredir, herir, causar un daño, un dolor: matar simbólicamente al otro (en nuestro caso, al oponente) negándole su condición de interlocutor, de persona, que como tal, no puede dejar de participar en el diálogo, público y privado, porque el diálogo es la actividad básica del hombre, como individuo, que habla consigo mismo, y como ser social, que necesita, para afirmarse y desplegarse en su existencia, dialogar con su alteridad, con su condición de ser otro: con el otro, con lo otro.

Los insultos del poder, constituyen una  manifestación de la necesidad y el deseo de insultar, por parte de los grupos militaristas que detentan  el aparato del estado, lo retienen y usan ilegítimamente, violando, de manera sistemática, la ley fundamental de la nación: la constitución nacional. Irrespetando sus mandatos  básicos: la libertad de palabra y de pensamiento; y la separación y autonomía de los poderes.

Los que nos oponemos a esta violación, y deseamos restituir en nuestra patria, el poder de la ley acordada por todos, no debemos usar el insulto como medio de comunicación,  con nosotros mismos, o con nuestros oponentes. Nos corresponde generar y desplegar, en  oposición al discurso totalitario, el discurso inherente a la nueva etapa de desarrollo de la democracia venezolana: un discurso basado en nuevas formas de diálogo.

―¿Hay algún insulto, afirmación, eslogan o acusación lanzada por el régimen de Chávez y Maduro que le haya afectado personalmente?

Los insultos, afirmaciones, eslóganes y acusaciones lanzados contra sus oponentes por el régimen de Chávez y  Maduro, me han afectado (agredido) personalmente: en mi condición de persona, de miembro de una familia, de grupos e instituciones: de individuo de la especie humana que nació y vive en Venezuela, amenazada hoy, por el discurso y la práctica totalitaria.

―Deseo pedirle que comente la frase que sigue a continuación, copiada de la cuenta oficial de Twitter del Ejército: “La lucha por la independencia continúa, Bolívar galopa con su espada desenvainada”.

El concepto esencial de la idea contenida en la frase,  es el de lucha a muerte contra los enemigos de la patria y de su independencia. Esta lucha, supuestamente concebida y realizada, en una primera fase, por Bolívar (por su espada desenvainada, presta para atacar y  vencer a los enemigos, al ejército español instalado en el país desde los remotos tiempos de la conquista, habría sido incompleta. Bolívar triunfó, sí, pero no pudo, traicionado por los enemigos, independizar completamente a la patria. Los enemigos no fueron totalmente liquidados. Siguieron (siguen) viviendo y tramando la destrucción de la república. Pero, hoy, el ejército venezolano, revolucionario, anti imperialista, y profundamente chavista, estaría decidido a continuar la lucha contra los nuevos enemigos: los  imperialistas norteamericanos y sus lacayos criollos, empeñados en destruir  la patria mediante una guerra económica no convencional, de cuarta generación. Pero, serán vencidos por el actual ejército, constituido por los herederos de Bolívar y de su espada desenvainada: serán destruidos, y sobre sus restos, la Fuerza Armada Bolivariana, aliada con los hijos de Chávez provenientes del mundo civil, construirán, al fín, el mundo soñado por el Comandante Supremo: el mundo de la suprema felicidad.

La frase comentada, su contenido oculto y subliminal, se inserta,  totalmente, en el discurso totalitario: en su intencionalidad, finalidad y objetivo estratégico: mantener para siempre en el poder a los militares y a sus aliados.

―¿Es legítimo el uso de la palabra traición en la opinión pública? ¿Hay quienes han cometido traición? ¿En qué sentido ha ocurrido?

La palabra traición tiene una posición central en el vocabulario totalitario. Se refiere a la acción y efecto de cometer un delito, el delito de traicionar, de hacer traición a una persona o cosa: de quebrantar la fidelidad o lealtad que se les debe tener. De este (supuesto) delito, en un estado totalitario, puede ser imputada cualquier persona, militar o civil, que atente contra lo que el propio estado, sus dirigentes y su máximo líder, consideren lo que significan; la seguridad, la confianza, la soberanía, el honor, la independencia. La determinación e imputación del delito de traición es  arbitrario. Depende de la voluntad de los que controlan al estado.

La palabra traición, como cualquier otra, puede, y no tiene por qué no ser usada. Forma parte del léxico de la lengua en uso. Pero, usada por un estado totalitario, que desprecia y anula la opinión pública,  se convierte en un arma mortal contra los enemigos (externos e internos) de dicho estado. El uso de la palabra traición por parte del estado totalitario, para eliminar a sus opositores, considerados enemigos, es ilegítimo.  Viola las leyes fundamentales que determinan la existencia  del hombre. ¿Quiénes han cometido traición? ¿Los que se oponen al proyecto totalitario, o los que lo representan e impulsan?

―¿Debe ser la lengua una política pública del estado democrático? ¿Dirigida a qué objetivos?

El estado de una verdadera democracia tiene que colocar la política orientada hacia la defensa y el desarrollo de la lengua, como una de sus políticas centrales. Debe destinar a su logro los recursos suficientes: financieros, materiales y humanos. Debe velar por el cumplimiento de los objetivos introduciéndolos como ejes de los procesos de  búsqueda y realización de conocimiento en todos los ámbitos educativos de la sociedad. Pero, sobre todo, debe crear las condiciones para que sean los propios ciudadanos, en el ejercicio cotidiano y libre del diálogo, quienes tomen conciencia del lenguaje y de sus manifestaciones. El uso, la defensa y el desarrollo del lenguaje democrático tiene que estar en el centro del movimiento político nacional empeñado en restaurar la democracia.