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Daniel Galera: Tuve un interés natural por los libros desde muy pequeño

Daniel Galera

Daniel Galera

Novelista, cuentista y traductor, es una de las voces contemporáneas de la literatura brasileña. En 2012 fue seleccionado como uno de los 20 mejores jóvenes escritores brasileños por la revista Granta. Ha publicado los libros Até o dia em que o cão morreu (2003), Mãos de cavalo (2006), Cordilheira (2008), Cachalote (2010) y Barba ensopada de sangue (2012)

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L a relación de Daniel Galera (São Paulo, 1979) con la palabra es un asunto natural.

Consecuencia de un hábito y de un entorno. Creció en un ambiente de lectura, con muchos libros en casa. Sus padres leyeron siempre y, por tanto, desde pequeño tuvo la idea de que el libro era algo importante. A los 14 años leía cuentos, cómics, a Joao Gilberto Noll, Rubem Fonseca y clásicos de la literatura universal. "Tuve un interés natural por los libros desde muy pequeño. Era un lector muy ávido. Y es curioso porque demoré muchos años en percibir que también tenía interés en escribir".

Eso que él llama demora duró hasta los 17 o 18 años, a esa edad comenzó a pensar que la escritura era el oficio al que se quería dedicar. Galera empezó su carrera literaria en Internet, publicando en fanzines virtuales, sites y blogs. Tuvo una breve experiencia como editor independiente. Hoy es uno de los autores del catálogo de Companhia das Letras y se dedica a la traducción.

--Haces muchas cosas que giran en torno a la palabra y al libro. Eres escritor, traductor y editor. ¿Cómo se fueron articulando esos oficios? --La verdad, decir que soy editor es un poco exagerado, tuve una experiencia como editor corta, duró apenas tres o cuatro años y fue con una editorial muy pequeña.

Comencé a escribir en 1997, más o menos, y empecé a publicar en Internet. En el año 2001 hice dos cosas: resolví que iba a publicar mi primer libro, iba a agarrar esos cuentos de Internet, escoger los mejores y hacer mi primer libro y, al mismo tiempo, junto con unos amigos que también eran escritores, decidimos que, en vez de enviar los originales para las editoriales, crearíamos nuestra propia editora. Teníamos un poco de conocimiento sobre publicaciones, teníamos ganas de experimentar el placer de crear nuestros propios libros, escoger el papel, el tipo de fuentes, de letras, la portada.

Decidimos crear esa editorial, llamada Livros do Mal, y para inaugurarla publicamos nuestros propios libros.

Mi primer libro fue publicado por Livros do Mal, en una edición muy pequeña, de 600 copias, vendimos todo en tres o cuatro meses, imprimimos un tiraje más y tuvo una recepción muy buena en los medios y en la crítica en Brasil. Lo que nosotros nos estábamos proponiendo era tomar autores que estaban publicando en Internet, que no tenían atención de las editoriales consagradas.

Conocíamos esos autores porque estábamos trabajando en Internet también y queríamos revelarlos para el público brasileño, proponer una pequeña renovación en la literatura brasileña. Y funcionó, el proyecto fue muy bien recibido en la prensa, tanto que mi segundo libro, que fue mi primera novela, fue editado también por Livros do Mal.

Livros do Mal era una editorial independiente, utilizábamos nuestro propio dinero, hacíamos la divulgación, distribuíamos los libros en las librerías, era todo hecho por nosotros.

Publicamos nueve libros diferentes de seis autores, no era mucho, pero comenzó a hacerse famosa y empezamos a recibir muchos originales y pedidos de librerías. Percibimos que íbamos a tener que transformar aquél proyecto casi afectivo, muy pequeño, en una editorial de verdad. Eso nos obligaba a ser editores en vez de escritores y traductores. Entonces estábamos obligados a escoger entre dedicarnos a escribir y traducir, o convertirnos en editores. Decidimos que queríamos ser autores y terminamos con Livros do Mal.

Desde 2004 trabajo exclusivamente como traductor y escritor. Y escribo de vez en cuando para periódicos y revistas, hago trabajo free lance para editoriales, pero principalmente traduzco y escribo. Entonces, esa apariencia de que hago muchas cosas diferentes es un poco engañosa.

--Pero eres músico también. --Dicen que soy músico también. La verdad es que toco guitarra, tuve una banda underground por dos o tres años, pero es un hobby, no soy músico. Para mí un músico es quien estudia música y se dedica de verdad a la música. Yo agarro la guitarra para tocar con amigos, por lo tanto, no es propio decir que soy músico.

--¿Cuándo te diste cuenta de tu vocación por la escritura? --Creo que comenzó en los últimos años de la escuela. Los profesores elogiaban mucho mis escritos, pero todavía no lo tomaba en serio. Comencé a tomarlo en serio cuando entré en la universidad a estudiar Publicidad. Detesté la publicidad, detesté el curso pero, al mismo tiempo, conocí a otras personas que, como yo, querían ser escritores, cineastas, directores, artistas. Aquel ambiente fue importante porque comenzamos a intercambiar textos. Y también habían clases en el curso de comunicación sobre literatura, que funcionaban casi como talleres literarios.

En ese ambiente comencé a tomar más en serio la literatura y percibí que no quería ser diseñador, ni publicista, que mi lenguaje de trabajo, mi talento, si había alguno, era para escribir.

Creo que publicando en Internet fue cuando percibí que tenía algún talento, porque personas de todo Brasil comenzaron a leer los cuentos y me mandaban mensajes, comentarios; percibí que tenía la capacidad para ser escritor. Y comencé a creer en eso.

--¿Cuándo decidiste usar el blog como medio de publicación? --La verdad, no publicaba ficción en blogs. Construí un site de literatura, llamado Proa da Palavra, que publicaba sólo ficción, escrita por mí y por otros autores. Durante algunos años tuvimos una publicación electrónica que era enviada solamente por correo electrónico, en Porto Alegre; se llamaba Cardosonline, era una cosa universitaria pero comenzó a ser leído en todo Brasil. En Cardosonline empecé a ser conocido como escritor de cuentos, comencé a formar un pequeño público lector, así que cuando publiqué mi primer libro ya habían personas que me conocían. Internet fue muy importante para mí.

Lo que abrió las puertas de las editoriales fue Livros do Mal, pero los libros que publiqué con Livros do Mal tuvieron una buena recepción por Internet. A partir de esas dos publicaciones, algunos editores se interesaron por mi trabajo y fui publicado por Companhia das Letras y desde entonces publico con ellos.

Fue un trabajo de años que culminó con ese contrato con Companhia das Letras. Muchas personas dicen que tuve mucha suerte porque Companhia das Letras me escogió para publicarme cuando era muy joven, pero los que dicen que tuve suerte, ignoran todo el trabajo que hice antes: estuve cinco o seis años publicando solo, haciendo mis propios libros, vendiendo mis propios libros, sin eso no habría llegado a donde llegué.

--Escribiste una novela gráfica, ¿cómo fue esa experiencia? --Fue publicada en Brasil en 2010, se llama Cachalote. Fue una sorpresa para mí. Siempre me gustó leer historietas pero no tenía intención de escribir alguna. Pero cuando viví en São Paulo conocí a Rafael Coutinho, el ilustrador del libro, él es genial, un tipo joven; él estaba buscando un compañero, un escritor para hacer una novela gráfica. Fuimos presentados por un amigo en común en São Paulo, en 2008. Nos convertimos en amigos y apareció una sintonía creativa muy grande desde el primer momento. Decidimos trabajar juntos, no sabíamos lo que haríamos pero sabíamos que íbamos a hacer un libro juntos.

Comenzamos a intercambiar libros y películas y empezamos a crear la historia de Cachalote. Fue un trabajo que duró más de dos años. Yo trabajé en el guión de la novela como si estuviese escribiendo una novela, para mí el tipo de abordaje creativo era el mismo, pero la forma del texto era otra porque estaba escribiendo para que otra persona ilustrara. Yo sabía que el lector no iba a leer mi guión, pero era muy estimulante creativamente porque podía contar la historia sólo a través de imágenes, podía ayudar a inspirar a Rafael a crear ilustraciones. El resultado es que el libro tiene muchas páginas sin texto, es un libro de casi 300 páginas.

Para mí fue muy estimulante hacer ese cambio de lenguaje.

--Dijiste en una entrevista a un diario brasileño que Bar- ba ensopada de sangue, desde el punto de vista del lenguaje, es tu novela más personal. ¿A qué te refieres? --El estilo de la última novela es muy parecido con la voz espontánea que tengo en la cabeza cuando estoy pensando o escribiendo una historia. No intenté distorsionarla mucho y sí potenciarla. Creo que en otras novelas mías, como Mãos de cavalo, hay un trabajo más complejo con el lenguaje, no es exactamente mi propia voz, quería crear otro efecto. Mi otra novela, Cordilhera, es aún más diferente, el narrador es una mujer y la historia es distinta a las historias que acostumbro escribir, es un estilo más trabajado, diferente de mi propia voz interna.

En la última novela creo que escribí lo más cercano posible a mi propia voz, a la manera como imagino las historias, convertida en lenguaje. Creo que es un libro cuyo estilo está más cercano a mi propia visión del mundo, no sólo como autor sino también como persona. De todos mis libros es el que está más cerca de eso.

--También eres traductor. Y traducir es una labor, en cierta medida, de autoría. --Sí. Para mí traducir es un arte creativo también, a pesar de usar un texto que escribió otro. No se puede inventar la historia pero se puede reinventar el lenguaje, es necesario reinventar el lenguaje.

Y esa es la paradoja de la traducción: para ser fiel al autor original es necesario reinventar el lenguaje hasta un cierto punto, ese equilibrio muy delicado es parte de la traducción. Comencé a traducir por casualidad. En aquella época había publicado mis dos primeros libros, todavía no había publicado con Companhia das Letras, pero una persona de la editorial, que conocí en el trabajo, me ofreció una traducción de un libro que era escrito por un bloguero, Salam Pax, un iraquí que tenía un blog sobre la guerra de Irak, el Guardian lo publicó en un libro y Companhia das Letras lo editó en Brasil. Ellos me conocían como un escritor que navegaba en Internet, que conocía blogs y me ofrecieron la traducción a pesar de ser muy joven. Intenté hacerlo, a ellos les gustó el resultado, a mí me gustó el trabajo, pedí otras traducciones y desde entonces nunca más paré.