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Papel literario

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5 bestsellers imprescindibles: juego de niños

La belleza está en la inocencia y la inteligencia se expresa muchas veces en la sencillez. Por eso la literatura infantil es tan valiosa. Porque logra hablar con la voz de la inocencia y con el arte de la sencillez, explicando emociones y conceptos que ni siquiera los adultos entendemos por completo. Adéntrese en un universo de boas que comen elefantes y recupere la inocencia, y quién sabe, quizás también algo de sabiduría

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No todo el mundo puede escribir para niños, vamos a sacar eso del camino para empezar con buen pie. Porque la verdad sea dicha, hay demasiados libros “infantiles” que son francamente papel manchado con tinta. La literatura infantil no es una disciplina o una estrategia de mercadeo, es un arte. Requiere de una extraña combinación de dones, amén de un considerable esfuerzo para pulirlos. El problema radica en que, como los adultos solemos encerrarnos en nuestro propio reflejo, pecamos de prepotentes y pensamos que cualquier cosa que no sea un adulto, es inferior. Y por ser inferior asumimos que le podemos servir “cualquier cosa”.

Así pasa que los libros infantiles se reproducen como mosquitos en churuata, y cualquier texto con dos rimas y un par de dibujitos como “contorno” es vendido con la etiqueta: para niños. Y esto no podría ser más falso. La literatura infantil no es más “tonta” o más “fácil” que la literatura de adultos. Por el contrario. Es si cabe más compleja, más hermosa y muchas veces, más noble.

Llegar a escribir una buena novela infantil implica sintetizar conceptos complejísimos, en un lenguaje sencillo –sencillo no significa estúpido o ridículo– que pueda ser comprendido por las mentes creativas de los niños, no acostumbradas aún a los dobles sentidos, maquiavelismos y otras depravaciones que nos heredan los años. Estos libros son en muchos sentidos la máxima expresión de la eficiencia descriptiva. Adjetivos bien medidos, en cantidad y calidad adecuada. Personajes originales y memorables. Historias inocentes, que encierran en su aparente sencillez, una sabiduría y una belleza que nos acompaña por el resto de nuestras vidas. Déjenos guiarlo, querido lector, por las páginas de relatos que se cuentan no para hacer a los niños dormir, sino para hacernos a todos soñar.

El clásico

El Principito de Antoine de Saint-Exupéry. ¿Quién no sabía que iba a ser este nuestro protagonista? Sin duda alguna la obra de Saint-Exupéry sigue representando la maestría absoluta a la hora de contar un relato infantil. Es un cuento breve, pulido al extremo, y cargado de un simbolismo y una belleza en su relato y sus personajes, que lo mantiene vigente para el lector sin importar a qué edad le llegue a uno el libro a las manos. Léalo de niño  y vea la boa con su elefante, o léalo de adulto, y sonría con nostalgia al transformar mentalmente el sombrero, en su vieja amiga la boa.

Para novatos

Peter y Wendy de J.M Barrie. Poca gente lo sabe, pero el título correcto de Peter Pan – la novela – es Peter y Wendy. Esto se debe a que la primera encarnación de Peter Pan fue una obra de teatro, y es solo en 1911 que se publica la novela bajo el título Peter y Wendy. Esta obra, ingenio del novelista y dramaturgo británico James Matthew Barrie es uno de los libros más reconocidos del mundo. Su persona, ese eterno niño de verde que vuela y es incapaz de envejecer, es uno de los héroes arquetipo de la infancia a nivel mundial. Un libro escrito con la intención de ser leído por y para niños. Su disponibilidad en las librerías y sus excelentes traducciones lo hacen el libro ideal para introducir a los niños a la literatura.

Con un twist

Crónicas de Narnia de C.S. Lewis. La obra maestra del británico C.S. Lewis, Las Crónicas de Narnia, es una historia que esconde un secreto. Como literatura de alta fantasía, es uno de los raros casos donde el escritor logró compaginar diversión con educación. Esta saga de siete tomos crece con el lector, y busca enseñarle a los niños conceptos sobre la fe, tolerancia y sobre todo: la aceptación de la muerte. Los primeros tres tomos son, indiscutiblemente para niños, tocando temas complejísimos de una manera eminentemente mítica y fantástica. Pero los siguientes cuatro comienzan a volverse cada vez más “reales”. Revelando a los niños que nuestra permanencia en la Tierra está sujeta a un tiempo finito, y enseñándonos que aquello que nos define, son las obras de bondad y valor que ejecutemos en ese breve instante en que estamos vivos. Una belleza de saga.

La apuesta

Los gatos guerreros. Esta saga es una curiosidad a todos los niveles. Primero, está escrita por una colectividad de autores: Kate Cary, Cherith Baldry, Tui Sutherland, Gillian Phillips e Inbali Iserles. Segundo, es un universo expansivo que hasta el momento supera los 30 tomos –comprendidos en cinco series de seis libros cada una– y al menos una docena de novelettes. Lo cual la convierte en una saga simplemente enorme. Pero además, Los gatos guerreros tiene la particularidad de no tener personajes humanos. Si, así como lo lee. Esta historia épica de guerreros, batallas, amores, magia y hechicería, se realiza completamente entre gatos. Gatos que viven al lado de los humanos, pero que nos esconden sus poderes. En general está disponible en varias librerías –al menos los primeros cinco tomos– y es francamente divertida e interesante de leer.

La denuncia

Los cuentos de hadas de los Hermanos Grimm. “Blancanieves”, “La Cenicienta”, “Hänsel y Gretel”, “La bella durmiente”, “Elsa la lista”. ¿Les suenan? Muchas de estas historias han sido transformadas por la factoría Disney –llevadas a versiones infinitamente menos macabras en películas infantiles. En colectivo, a estos relatos de hadas y hechicería se les conoce como los cuentos de los hermanos  Wilhelm y Jacob  Grimm. Historias que han construido una parte fundamental de la cultura occidental. Inclusive podríamos atrevernos a decir que en el caso particular de Alemania han colaborado activamente en la levadura moral de la colectividad teutona. Y eso era precisamente lo que los Grimm buscaban cuando comenzaron con la gigantesca tarea de recopilar y reescribir las leyendas folklóricas tradicionales germánicas. Pocos los saben, pero los cuentos de hadas de los Grimm fueron recopilados y redactados con un único propósito: sembrar el amor a Alemania en el corazón de los niños. ¿Por qué? Porque durante los años en que los Grimm comenzaron su cruzada por revivir las viejas leyendas germánicas, su patria estaba invadida por Napoleón. Cargados de moralejas, con un nacionalismo evidente –y con una crueldad realista– estas historias son fábulas ejemplarizantes donde el sacrificio, el amor, el honor, la honestidad y el trabajo duro vencen sobre las fuerzas de la oscuridad.