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Papel literario

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5 bestsellers imprescindibles: Latinoamérica en su tinta

Quizás sea por la cercanía, que indudablemente empaña todo con la bruma de la querencia, o quizás sea por la realidad propia de que el castellano –como lengua y como arte– mucho le debe a la América Latina. Pero sea por lo que sea, lo cierto es que escoger solo cinco entre los textos creados por nuestros escritores latinoamericanos, es francamente imposible

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Aquí hay plumas y gallos para rato. Gallos de pelea y gallos metafóricos, de esos que despiertan al coronel sin tregua todas las mañanas. Y plumas, plumas que garabatean desde crudas realidades, hasta realidades que se cocinan con aliño de magia. Hablar de bestsellers latinoamericanos es irremediablemente tocar la puerta a Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Rómulo Gallegos, Jorge Luis Borges, Pablo Neruda, Octavio Paz, Isabel Allende, Julio Cortázar y pare usted de contar. Son muchos. Casi se diría que demasiados –casi–  si no fuera por lo buenos que son cuando rasgan el papel.

Por eso –a modo de apología– quisiera rescatar y mencionar algunos textos, pero sobre todo el sabor que de Latinoamérica parecieran dejarnos, antes de pasar a la enumeración formal. Empezaremos con El general en su laberinto de Márquez, una novela con pretensiones históricas que tiene una magia extraña, una capacidad de atraparnos en la miseria gloriosa de los últimos días de Bolívar. La última semana en la vida de un hombre que fue a la vez victorioso y fracasado, todo en un mismo instante. Y en esa nota agridulce la Canaima de Gallegos toca puertas similares, pero hacia un pueblo entero. Un pueblo que está convertido en nación dentro de Doña Bárbara y también dentro de Macondo. Un pueblo que no ve la luz al final de El Túnel de Sábato, cegado por sus pasiones individuales y sus locuras de amor. Un pueblo que parece por momentos diluirse en empréstitos impagables contra un destino glorioso que nunca termina de llegar, no importa cuántos reyes existan en la baraja, sólo para resurgir luego de sus cenizas como La casa de los espíritus de todo un continente. Un pueblo que busca cobrar una herencia moral, cruzando el desierto infinito del “¿quién somos?” mientras persigue el fantasma de un tal Pedro Páramo.  Así es nuestra Latinoamérica. Una promesa incumplida de una mujer hermosa, que a nosotros –amantes de la literatura– no nos gusta cuando calla, porque parece como ausente.

El clásico

Cien años de soledad, Gabriel García Márquez

Cien años de soledad de Gabriel García Márquez.  Poca cosa importante se puede decir de esta novela que no arranque o termine  –o contenga en cualquier parte de la oración– la palabra Macondo. Macondo es Aracataca, pero también es Caracas y Bogotá. Es Santiago de Chile y México D.F. Macondo es un ministerio público a las 2 de la tarde y nuestra casa los fines de semana. En Cien años de soledad, Gabriel García Márquez pinceló más que a una familia, a una cultura. Una pieza compleja, larga, pero que resulta lectura obligada para cualquiera nacido en estas latitudes, y lectura recomendada para cualquiera con ojos.

Para novatos

La casa de Asterión, Jorge Luis Borges

La casa de Asterión –y los cuentos de Jorge Luis Borges en general–. Cuando decimos La casa de Asterión decimos Jorge Luis Borges. Punto. Escogimos este cuento en particular por meros caprichos literarios. Pero cualquiera de los hijos de tinta de Jorge Luis bien servirían. Narrar mucho de este relato en particular es destruirlo.  Jorge Luis Borges como cuentista es sublime. No sólo por la maestría en el uso del lenguaje –aquello de “ni una coma de más o de menos”– sino por la capacidad de narrativa que tiene. Es cierto que, comparativo con los demás textos seleccionados, La casa de Asterión es solo una brizna de paja en un campo de trigo. Apenas tiene página y media. ¡Pero qué página y media! Si le da la oportunidad, quizás sea la mejor brizna de paja de toda su vida.

La apuesta

La muerte de Artemio Cruz, Carlos Fuentes

La muerte de Artemio Cruz de Carlos Fuentes.  Esta novela no es de factura reciente, por el contrario, fue producto del ingenio del mexicano Carlos Fuentes en 1962, así que tiene unos buenos años. Pero hoy en día es muy reducida su distribución dentro de nuestra Venezuela, y eso ha hecho que las más jóvenes generaciones de lectores la desconozcan casi por completo. La verdad sea dicha, La muerte de Artemio Cruz podría resumirse diciendo que es un testamento a la historia reciente de México. Pero en realidad es mucho más. Es una confesión de un ficticio político y terrateniente corrupto, que surgió como defensor de los pobres, y terminó como tirano de un pueblo. Ese testimonial que de Artemio crea Fuentes, es la radiografía de todo un pueblo.

Con un twist

El niño del jueves negro, Alejandro Jodorowsky

El niño del jueves negro de Alejandro Jodorowsky. Alejandro Jodorowsky es lo mismo que decir “polémica”. Sus derroteros por los caminos místicos de la “tarotmancia” y la taumatúrgica “new age” lo han convertido en blanco de aplausos y burlas a partes iguales. Pero al margen de su cuestionable concepción de la metafísica, Jodorowsky escribe, y escribe bien. En particular su obra El niño del jueves negro destaca en la narrativa latinoamericana precisamente por lo que Jodorowsky destaca en la vida: por lo extraño. Su estilo de ciencia ficción con tintes de terror paranormal hace de la obra una rara avis. No es fácil conseguirla en las librerías, pero si la ve en la estantería agárrela sin dudarlo. Se estará llevando a su casa una novela que puede amar, o bien odiar con todo su ser. Pero de seguro será una novela completamente diferente a todo lo que haya leído previamente. 

La denuncia   

Pantaleón y las visitadoras, Mario Vargas Llosa

Pantaleón y las visitadoras de Mario Vargas Llosa. En esta sección en particular, al menos dentro de la novela latinoamericana, hay y sobran exponentes. Mucho de lo que desvela a nuestros escritores está en el tema social. Pero en el maremágnum de novelas que denuncian, reclaman o dialogan sobre nuestra cultura, destaca la historia ficticia de Vargas Llosa. Pantaleón y las visitadoras es el exponente más descarnado –y también el más humorístico– de cómo un hombre honesto termina corrompido por la oscuridad imbatible de nuestro hado como pueblo latino. En una sola frase: “Pantaleón Pantoja es un hombre que se hunde por la solidez de sus principios”, Vargas Llosa resume el drama real de muchos intelectuales latinoamericanos.