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Todos tiemblan: La paranoia, motor de la historia (Parte 1)

Acuarela de Paul Klee / Cortesía

Acuarela de Paul Klee / Cortesía

“La franja que limita la desconfianza natural de la suposición delirante (que no deja de tener cimientos en la realidad) inunda los espacios vitales no solo del líder, sino del colectivo que lo circunda”

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Nunca hemos dejado de ser instinto. La desconfianza, por ejemplo, nos hizo evolucionar como especie animal. Sospechar que algo se esconde tras la maleza transformó la ida a los pastizales a buscar alimentos. Armados con la sospecha, nuestros ancestros se adentraban en la espesura con dos opciones: matar o caer ante los depredadores. Pero también, y esto es un detalle crucial, ser víctimas de sujetos de su misma especie. Sin embargo, todo empezó a descarrilarse cuando un líder de la manada empezó a sospechar más de la cuenta. La franja que limita la desconfianza natural de la suposición delirante (que no deja de tener cimientos en la realidad) inunda los espacios vitales no solo del líder, sino del colectivo que lo circunda.

Atacar primero

Así podría resumirse la lógica del paranoico: atacar primero. El complejo psicológico se funda en la proyección del mal en el otro. Por tanto, muchos pueden convertirse en “chivos expiatorios”. Hay que aniquilar para expandir el dominio y proyectar la superioridad de la manada, grupo o partido. La historia ha dejado registro de sacrificios y rituales con que se han legitimado estos procederes bajo señas políticas y religiosas. El ser humano es el único organismo vivo que puede imaginar un daño, rumiarlo, anticiparlo y tomar medidas para evitarlo. El motor, una vez que enciende, no se detiene.

Detrás del aparente confort que brinda el capitalismo globalizado y su liquidez contemporánea –para usar la tesitura de Zygmunt Bauman– palpitan los odios acendrados por siglos. Solo falta que aparezca en el escenario una coyuntura que desate las emociones para que la “tranquilidad” se quiebre. Si se erige el líder carismático explota el entusiasmo primitivo.  Los medios de comunicación difunden las razones y ya casi nadie se salva del contagio. Todo lo demás está prácticamente al bordo del abismo: la guerra. Nietzsche apuntó en 1886: “La locura en el individuo es algo raro, pero en los grupos, en los partidos, en los pueblos, en las épocas, constituye la regla”.

La ignorada paranoia

El escritor italiano Luigi Zoja, en su monumental trabajo Paranoia, la locura que hace la historia (Fondo de Cultura Económica, 2013), asume este reto: llevar a la psicología al terreno de las masas. Esto significa ir a contracorriente de la tradición psicoanalítica del siglo XX, la cual ha entendido a la “paranoia” como una afección típicamente individual. En el Diccionario de la Lengua española  se le define como “perturbación mental fijada en una idea o en un orden de ideas”. Como vemos, el complejo es encapsulado como un fenómeno individual.

En torno a esta característica, Zoja escribe: “El pasaje del pensamiento normal al paranoico, y del paranoico individual a paranoico de masas, muchas veces lo realizan personas con un particular éxito social. Las actitudes paranoicas mejor adaptadas, las ‘locuras [mejor] razonadas’ no solo son difíciles de clasificar como trastornos mentales, sino que a menudo se las admira y se las imita. Son objeto de contagio psíquico en apariencia positivo. La megalomanía, frecuente en los paranoicos, se ve circularmente reforzada por la multitud a quien se dirige el líder”.

No existe una píldora para curar la paranoia colectiva. Tampoco cuenta con una bibliografía que la sustente; es huérfana también de disciplina psicopatológica.  Cae “en la categoría de los acontecimientos sin nombre”. Anónima, ignorada, misteriosa, ha vivido siempre al margen; sin embargo, ha estado moviendo los hilos de la historia humana desde tiempos inmemoriales. “La paranoia ha hecho correr demasiada sangre como para dejársela a los psiquiatras”, enfatiza. Zoja abre la puerta del diván para salir a la calle de la historia.

El mal histórico

La historia y psicología colectiva se retroalimentan sin contratiempos. Luigi Zoja, siguiendo los pasos a Karls Jaspers y Carl Jung, erige lo que él denomina la perspectiva psicoanalítica. En su libro se sitúa entre los comunismos, fascismos y liberalismos para identificar y comprender “el contagio psíquico” que permea la política y la historia en todo el siglo XX. Centrándose en la voluntad de poder, camina por entre los senderos del mal.

Veamos este pasaje esclarecedor: “Más que la individualidad, la paranoia de grupo está profundamente vinculada a comportamientos psicopáticos. Destruye la convivencia civil para golpear cruelmente al chivo expiatorio. El hecho, no obstante, por ser un rito confirmado por todo el grupo, no se experimenta como perverso. Si extendemos nuestras categorías clínicas a los acontecimientos históricos, advertiremos con espanto que casi la totalidad de la Europa centro-oriental padeció de pandemias paranoicas durante la primera mitad del siglo pasado, pero también, de manera más subterránea, durante la Guerra Fría y sus interminables postrimerías”.

El método de Zoja va más allá de indagar los complejos delirantes de líderes como Hitler o Stalin, Bush o Pinochet, Mussolini o Franco. Al contrario, vincula al líder paranoico con las masas y los factores culturales que le dieron aforo. Análisis que nos presenta los peligros de los nacionalismos y el poder de los mass media en este milenio que apenas comienza.