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Todos bebemos de la misma agua

Parte del montaje “Todos bebemos de la misma agua”

Parte del montaje “Todos bebemos de la misma agua”

La escritora venezolana entrevista desde Madrid al dramaturgo Fernando Calzadilla 

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Fernando Calzadilla es venezolano. Caraqueño. Diseñador, dramaturgo, profesor de escena y del performance. Artista multicultural cuyo largo trabajo tanto detrás como delante de la escena abarca más de cincuenta años de carrera. Ha logrado una rara e interesante combinación de experiencia profesional con estudios sobre el arte del teatro desde casi todos sus ángulos.

Su experiencia profesional abarca Nueva York, Londres, Viena, Caracas, Miami. Su trabajo ha estado ligado a los nombres de Martha Graham, Carlos Giménez, Guillermo Díaz Yuma, José Ignacio Cabrujas, Denis Stoklos, Elizabeth Albahaca, Moisés Guevara, Jacobo Borges, Abdel Hernández y  Stephanie Ansim.

Actualmente vive en Miami. Le preguntamos sobre su trabajo dentro del Miami Center Teather, el estreno de Everybody drink the same water (Todos bebemos de la misma agua) así como su relación con otros venezolanos que trabajan  en esa ciudad.

El uniforme militar en el imaginario venezolano

—¿Por qué te instalas en Miami?

—Trabajo. Cuando yo termino todos mis cursos, todos los requerimientos que tenía que hacer para el doctorado en Nueva York los podía escribir en cualquier parte. No tenía que estar atado a la universidad o Nueva York.

—¿Nos puedes hablar un poco sobre tu doctorado?

—Mi doctorado fue sobre el  Estudio del Performance. Y  mi tesis de grado  sobre los escenarios políticos. Y mi caso de estudio es el fallecido comandante Hugo Chávez.

—¿Nos hablas un poco más sobre tu doctorado?

—Estudios del Performance tiene dos premisas: todo puede ser performance y todo se puede estudiar como performance. Uno de los aspectos más desarrollados por Diana Taylor, que fue mi directora  de disertación, es el performance político.

—¿Diane Taylor, de la Universidad de Nueva  York?

—Si. Ella escribió un  libro fundamental, capital hoy en día que se llama El archivo y el repertorio. Y es  allí donde habla de cómo se repiten las cosas. Cómo se repiten los escenarios políticos. Introduce la idea del escenario para analizar los performance políticos. En mi disertación lo que hago es tomar esa idea y la desarrollo más y la aplico al caso Chávez. Para mí el caso Chávez es un escenario del siglo XIX que reaparece en el siglo XX y en el siglo XXI, con todos los imaginarios políticos del siglo XIX: el héroe, el militar. Si ves la historia política de Venezuela, doscientos años de historia,  nosotros solamente tuvimos cuarenta años de democracia y los otros ciento sesenta años los puedes reducir a seis nombres: Páez, los Monagas, Guzmán Blanco, Gómez, Pérez Jiménez, Crespo. Hemos tenido un dominio militar muy fuerte a lo largo de nuestra historia y mucho más aún en el siglo XIX, que se define por la contienda militar interna.  Chávez lo que hace es una reactualización de eso. Yo analizo tres momentos  críticos: el primero, cuando él dijo, juro sobre esta moribunda constitución.  Y nadie tuvo el valor de decirle: mire señor o usted jura como es o no  es presidente.

—¿Y por qué nadie lo detuvo?

—Porque el imaginario es muy fuerte. Él encarna al  héroe, el hombre de acción. El militar. Ese es un imaginario que está demasiado arraigado en la conciencia política del venezolano. Acuérdate que Chávez salta a la fama no por el fallido golpe de estado,  ni porque lo ponen preso sino porque él asume la responsabilidad y dice: fallé, por ahora. Y él asume la responsabilidad y en ese momento se catapulta a la fama porque hasta  ese momento nadie había tomado responsabilidad por nada.

—¿Y cómo usas  estos hechos para tu doctorado?

—Yo uso toda la parte teatral que connota el poder para analizar los escenarios políticos. Por ejemplo, el próximo gran golpe de teatro que usa en 1999, con escasos meses en la presidencia, cuando se cumple el aniversario de la muerte de Bolívar. Chávez va al Panteón y manda a sacar la espada de Bolívar del Banco Central y desenvaina la espada en el Panteón. Eso es un hecho absolutamente teatral que tiene que ver con una reactualización  de los ideales del siglo XIX. Chávez era un tipo inteligente y fue el momento en que él realmente se convierte en la imagen de Bolívar. Él retoma la imagen de Bolívar que es lo que él venía planteando desde la campaña. El otro gran golpe teatral que él hace es en julio, de nuevo, cuando las “megaelecciones”, en el momento en que la Asamblea Constituyente elimina todos los poderes menos el presidencial. Y Chávez  está en un limbo legal porque  no es presidente de la cuarta, porque no existe, ni presidente de la quinta porque no lo han elegido presidente. Y cuando llega el 5 de julio con el tradicional desfile militar en los Próceres,  Chávez se pone el uniforme de gala de general. Un uniforme que no se usaba, que no se sacaba desde los tiempos de Pérez Jiménez. De hecho ese era el uniforme que usaba Pérez Jiménez. Y él se pone ese uniforme  rompiendo todas los códigos y todas las normas, primero, porque él no es presidente y por lo tanto no es Comandante en Jefe de las Fuerzas Militares y, segundo, porque él fue dado de baja  del ejército de forma no honorable y no fue reincorporado a las Fuerza Armadas. Él realmente no tenía cómo ponerse ese uniforme dentro de la legalidad. Pero él da otro golpe de estado, otro golpe magistral y se pone ese uniforme   y así aparece en esa famosa foto donde canta el himno nacional. Y esa foto se hace icónica.  Esa es la foto que los seguidores de Chávez pegan en la constitución, en el librito azul. Que ponen en las pancartas: ¡Chávez mi comandante!  Y eso es para mí es un golpe de teatro  de cómo se usa el vestuario para transmitir significados. El vestuario en el teatro no solo viste al actor sino que también trasmite significados. Es un performance.

Teatro en Miami. Pero en inglés

—¿Escribes su disertación en Nueva York y por motivos laborales se instala en Miami?

—Si. Me vengo a Miami porque a Elaiza  (Elaiza Irizarry, su esposa) le ofrecen un puesto de gerencia muy importante en el Center for the Performing Arts de Miami. Era una excelente oportunidad. Y no son muchas las ciudades de los Estados Unidos en las que me gustaría o podría vivir. Nueva York, Chicago, San Francisco o Miami, para nosotros que somos latinos.  De resto, vivir en los Estados Unidos es muy fuerte. Yo no podría vivir en una ciudad como Orlando, Houston o los Ángeles. Me encantaría vivir en Chicago con la que siento una gran afinidad cultural pero hace demasiado frío.

—¿Y  cómo llegas  a trabajar con Stephanie Ansin?

—Elaiza termina su contrato de trabajo para el Center for the Performing Arts y comienza a trabajar con esta compañía que para ese entonces se llamaba el Play Ground Theater  (rebautizada como el Miami Theater Center) y Stephanie Ansin es su directora.

Eso fue como en marzo. Yo conocí a Stephanie, ella supo lo que yo hacía y empecé a trabajar con ella como dramaturgo haciendo una adaptación de Alicia en el país de las Maravillas. Y mientras estaba haciendo ese trabajo de dramaturgia ella estaba un día haciendo un paseo por internet y  vio mi página web.

—¿Así que no entraste cómo diseñador?

—No. Porque ella me conoció así. Ella me contó lo que estaba haciendo con Alicia y hablamos de ese proyecto. Ella me dijo que si la quería ayudar. Yo estaba en ese momento embalado con mi disertación. Y lo dudé bastante cuando me ofreció el trabajo. Porque yo sabía que eso iba a parar la disertación. Yo terminé mi disertación en el 2012 y Alicia se estrenó en el 2008. Cuatro años tardé en terminarla. Pero empecé esa relación de trabajo con Stephanie que ha sido el pico de mí carrera. No sólo escribo con ella las obras que producimos sino que también diseño, y hago escenografía, iluminación y vestuario.

Al andaluz en una historia de intriga y suspenso en Miami

—¿Nos cuentas sobre Everybody drink same the water?

—Está pieza comenzamos a trabajarla después que terminamos Inana, basada en la mitología Sumeria. La primera civilización que existe en Mesopotamia. Inana es el primer arquetipo femenino de la civilización occidental y ella era la diosa del amor, la guerra, la fertilidad, estrella de la mañana y de la tarde, diosa del cielo y de la tierra. Tenía todos esos títulos.  Después de eso empezamos a leer cuentos y folclore de todas partes del mundo. Nos interesamos en las historias del rey Salomón. La desechamos,  pero nos conectamos con el folclore judío. Pensamos que era interesante trabajar una obra con ese folclore y eso nos llevó a los marranos. Empezamos a investigarlo. Encontramos que además de los marranos estaban los moriscos. Los marranos que eran judíos convertidos al cristianismo y los moriscos que eran musulmanes también convertidos al cristianismo, porque si no lo hacías tenías que salir de España. Y fue cuando descubrimos la existencia de Al Andaluz, que fue esta época dorada en el Sur de España, donde florecieron las artes, la ciencia, las matemáticas y la astronomía. Durante la Edad Media, todo no fue brujas y barro. Nos topamos con esta maravilla que influyó en Europa hasta el siglo XXI. Nos dijimos, esto es algo de lo que poco se habla, que casi nadie conoce. Porque España niega que eso pasó. Después de los reyes Católicos se borran esos ocho siglos de historia árabe.  Cuando nosotros conocemos a Aristóteles es porque las traducciones se hacen del árabe al latín. Y cuándo cae el Imperio Romano, después de Constantino,  desaparece toda la literatura que pudiera ser considerada no cristiana. Y es a través de Al Andaluz que entra de nuevo la historia griega, la filosofía griega a Europa.   Maravillados con esto, con ese momento en que lograron convivir las tres religiones  monoteístas, decidimos quedarnos en ese momento.

—¿Y es allí donde nace Todos Beben de la misma Agua?

—Si. Porque de esa convivencia fue que se produjo una época de oro, no sólo para ellos, sino para todos, para el mundo. Se dan fenómenos como la Escuela de Traductores de Córdoba; Alfonso X, el Sabio, escribe las Cantigas de Santa María; Averroes, Maimonides. Mientras Córdova tiene quinientos mil habitantes con quinientos baños públicos, seiscientas fuentes, calles pavimentadas e iluminadas, agua corriente, cloacas. En Paris viven diez mil personas con la mierda en la calle. La pregunta que nos hicimos Stephanie y yo fue ¿Por qué ese período es relevante para nosotros hoy en día?

—¿Para nosotros los americanos o para nosotros el mundo?

—Hablo de nosotros el mundo occidental. Lo que nos interesó fue ese momento en que estas tres religiones, que tienen un origen común, logran esa convivencia. No digo que todo fue color de rosa y no existieran problemas, pero la mayor población  de Córdoba eran cristianos, cristianos que se llamaban así mismo “mozárabes”. Que eran cristianos arabizados, hablaban árabe, vestían como los árabes, comían como los árabes pero eran cristianos que practicaban el cristianismo. Tenían su iglesia, su liturgia, después estaban los judíos que practicaban su religión en la sinagoga. Porque aunque estaban bajo el dominio de los islámicos pagaban un impuesto y practicaban su fe. Los baños públicos estaban divididos por sexo, una entrada para hombres y otra para mujeres, pero no por religión. Se bañaban juntos, comían, caminaban juntos. Así que empezamos a buscar una fecha que nos sirviera para contra nuestra historia.

Veintiséis de junio de mil doscientos treinta y seis

Y encontramos éste número mágico. 26 de junio de 1236, que es cuando Fernando III de Castilla entra a Córdoba después de un sitio de seis meses. Allí no hubo peleas, no hubo una campaña militar, el Emir de Córdoba entrega la ciudad después de seis meses. Fernando la tenía sitiada con 300 caballeros solamente y Aben Hud tenía dentro una ciudad protegida por treinta y seis mil hombres.

—¿Y qué pasó?

—Hubo una traición de dentro, que permitió tomar la ciudad. Comenzamos a usar personajes históricos en nuestra ficción: los Tello Meneses, por ejemplo, que eran dos hermanos. Está el príncipe Alfonso, que después sería Alfonso X, que estaba en Córdova. Fernando III, por supuesto. Y la madre de Fernando, la abuela de Alfonso, Berenguela de Castilla, que es un súper personaje.  Agarramos toda esa historia e hicimos una ficción que incluye ciertos hechos reales. Rodamos la fecha un poco, ya no es 26 sino 20. Chequeamos que fue viernes, que históricamente hubo luna llena. Lo pusimos en ese momento porque lo quisimos hacer coincidir con el solsticio de verano. Y lo que desata todo el conflicto es que Elvira, que es la dama de compañía  de Berenguela, a la que traemos aunque no estaba históricamente,  Elvira , que es un personaje que existió , le trae agua a la reina, pero por una serie de sucesos la termina tomando el Rey Fernando III. El agua estaba envenenada y el Rey no muere pero cae en coma. Y allí comienza todo el conflicto de la obra. Y allí es donde nos separamos de la historia real.

—¿Y qué pasó? ¿Quién la envenenó?

—Pues tienes que verla.

—Usted no un emigrante nuevo. Tiene muchos años viviendo en Estados Unidos. ¿Cómo es su relación con los otros artistas venezolanos que están instalándose masivamente en Miami?

—Una pregunta difícil. Una pregunta muy difícil. Yo estoy integrado a la sociedad. A esta sociedad. Y yo trabajo en inglés. No voy mucho al Doral, que es la urbanización dónde hay mayor concentración de venezolanos. Hay mucha gente allí trabajando y haciendo cosas pero no formo parte de ese grupo, porque mi trabajo es full time. Entre investigar, escribir, diseñar escenografía, iluminación y vestuario, no me queda tiempo.  Y la verdad es que mi relación con otros venezolanos creadores pasa por  ser creadores y no por ser venezolanos. Sucede que están aquí, son talentosos, tienen experiencia y trabajamos juntos. Soy poco gregario. Hay gente haciendo teatro en español en Miami. A mi parecer es muy difícil. Es muy incipiente. Y si me oyen los que hacen teatro en español me van a matar. A mí en lo personal me parece muy incipiente y no tiene la calidad a la que nosotros veníamos acostumbrados. Creo que eso va a cambiar, porque hay mucha emigración latina viniendo a Miami.

—¿Cómo es tú relación con el teatro qué se hace en Venezuela actualmente?

—No existe. Mi última conexión fue con Moisés Guevara en el Trasnocho. Y ahora que salió del Trasnocho y de Venezuela para mí se terminó la relación del teatro con Venezuela.

—¿Y si te llaman?

—No me sobra tiempo. Como te digo. Mi trabajo aquí me implica siete días a la semana, veinticuatro horas. Es por lo mismo que no trabajo con otras compañías fuera de Miami Theater Center.