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Texto-fobia: Una novela de Orlando Chirinos

Orlando Chirinos | Foto cortesía

Orlando Chirinos | Foto cortesía

“La excelente prosa, en la que destacan un sobrio lirismo y la recreación del habla del lugar, otorga unidad a las diferentes voces e historias y da al mundo ficcionalizado autonomía y peso específico”

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En virtud de los favores recibidos (Caracas, 1987) es en mi opinión la novela más interesante de Orlando Chirinos; y esto es mucho decir, dado que el corpus del autor es de altísima calidad.

La novela que me ocupa se desarrolla durante una sola noche, la del velorio de Justina, la prostituta del pueblo. Allí se dan cita todos los habitantes, tanto los que la frecuentaron como los que la adversaron, se solidarizaron y la ignoraron. Mediante la sucesión de narradores (cada capítulo está contado por un narrador diferente) Chirinos logra, gracias a la combinación de diversas ópticas particulares, el retrato de una sociedad en que confluyen la crítica social y la presentación de conflictos individuales. La excelente prosa, en la que destacan un sobrio lirismo y la recreación del habla del lugar, otorga unidad a las diferentes voces e historias y da al mundo ficcionalizado autonomía y peso específico.

La obra se desarrolla en una zona rural empobrecida y de difícil acceso por su ubicación montañosa. En esa comunidad depauperada sobresale la figura de un personaje que es el hombre más rico del pueblo y cuyo poder se extiende hasta la urbe, ya que posee negocios en Coro y en Carracas. Tras su aparente rol de benefactor, se esconde un hombre corrupto, apoyado por las autoridades eclesiástica y policial.

En este marco se dan cita el jefe civil y el sacerdote, un antiguo guerrillero, un campesino rezandero, una hermosa muchacha ingenua codiciada por todos los hombres y una de las personas principales del lugar. Pero lo que le da al texto un valor especial es que la comarca no está representada solo a nivel de la anécdota, sino en tanto comunidad periférica opuesta al centro hegemónico. Esta puesta en escena pasa fundamentalmente por la ficcionalización de la oralidad.

Como han indicado diversos estudiosos, el paso de la cultura oral a la cultura escrita ha dejado rezagada una serie de comunidades que por su alejamiento de los centros hegemónicos conservan un conjunto de vestigios orales y no terminan de incorporarse de un modo cabal al sistema de la escritura. 

En virtud de los favores recibidos está organizada en quince capítulos, cada uno de los cuales lleva por título el nombre del personaje narrador. No existe entre ellos un orden jerárquico. Todos forman parte de una especie de coro dentro del que cada uno va teniendo su lugar. Igualmente la organización de los capítulos es acumulativa y no jerárquica. Como ha señalado Walter Ong, el pensamiento y la comunicación orales son acumulativos antes que subordinados o analíticos. En la novela, los capítulos van aportando distintos datos sobre la historia del pueblo y de sus habitantes, pero no es necesaria una lectura lineal para entender la trama. Independientemente del orden en que sean leídos, la historia se capta de la misma manera. No se trata tampoco de que el lector deba hacer luego de la lectura una reacomodación lineal de los elementos a la manera de las exigencias de la narrativa experimental. Se trata tan solo de que la historia está narrada fragmentariamente, como en una conversación y así debe ser entendida. A diferencia de la fragmentariedad textual que requiere una reacomodación posterior, en la ficcionalización de la oralidad, la aparente inconexión es expresión de un modo de pensamiento igualmente fragmentario.

A nivel del discurso, en algunos casos los personajes narradores hablan con otra persona; y en otros momentos el discurso adquiere la forma de monodiálogo en el sentido de que se escucha la voz de uno solo de los hablantes, pero en esa voz se evidencian las huellas de la presencia de un interlocutor. En otros casos el discurso está dado por la representación de la conciencia del narrador, pero no de un modo caótico a la usanza de las vanguardias artísticas del siglo XX; sino como la sucesión de ideas que, sin guardar una relación jerárquica, constituyen un conjunto coherente.

Tanto en el caso de que el capítulo represente un monodiálogo, como cuando prevalece el pensamiento de algún personaje, las ideas se relacionan de un modo acumulativo. Por ejemplo, uno de los narradores comienza hablando del pecado de la prostitución, sigue con la enfermedad que mató a Justina, critica al playboy del pueblo, alaba al jefe civil, al terrateniente y al cura; y continúa con lo bonito que está el jardín. Todo esto en un solo párrafo que se extiende a lo largo de siete páginas y media, sin ningún signo de puntuación. Este único párrafo está conformado por oraciones coordinadas que suponen la agrupación de elementos de igual importancia y naturaleza, a diferencia de la subordinación que implica jerarquía.

Si Orlando Chirinos ha elegido la elaboración literaria de una comarca oral como un modo de cuestionar el espacio sacralizado de la escritura al representar a nivel del discurso un código opuesto desde el punto de vista de los parámetros culturales dominantes, también realiza una crítica social en la construcción de la historia.

El velorio de Justina permite la reunión en un mismo espacio y tiempo determinados de todos los habitantes del pueblo a despecho de sus distintas categorías sociales. En esa reunión, el centro, el personaje en torno a quien todos se aglutinan, es un ser que en condiciones corrientes no hubiera tenido ese poder de convocatoria masivo. Esto recuerda el concepto de carnavalización definido por Bajtin. Para Bajtin, la literatura carnavalizada es la que ha recibido directa o indirectamente la influencia de alguna forma de folclor carnavalesco antiguo o medieval.

La situación antes descrita está muy próxima a un evento que ocupa el centro neurálgico del carnaval: la coronación burlesca y el destronamiento posterior. Este motivo está presente en una serie de manifestaciones culturales de un modo más o menos elaborado e incluye a los reyes efímeros de ciertas actividades.

El velorio de Justina equivale a una entronización en la medida en que ella se convierte en el centro de la reunión, en “la homenajeada”. Pero este privilegio tiene lugar como una excepción, en una irrupción del curso normal de la vida, cuando todos los individuos abandonan provisionalmente sus actividades habituales. No se trata de un gesto burlesco, ya que la muerte es asumida por todos con respeto; pero si hay ambivalencia en la actitud de los presentes: la mayoría de ellos no estaría allí si Justina aun viviera; la única forma de que la reconozcan es estando muerta. Por un momento desaparecen las jerarquías sociales y se hacen un solo cuerpo homogéneo en la participación de ese acto colectivo. Estos aspectos introducen la posibilidad de dialogizar, es decir, de cuestionar la presencia de una verdad única. Así como mediante el discurso, al erigir como norma un habla tradicionalmente confinada al espacio cerrado de la comarca, se cuestiona la escritura como espacio del saber letrado. Así también, al hacer que todo gire en torno del velorio de la prostituta del pueblo, Chirinos está ejerciendo una provocación desde el interior de la estructura de la novela.

Quedan muchos aspectos importantes que redundan en una lectura enriquecedora de En virtud de los favores recibidos. Mi lectura de hoy se afinca en tiempos pretéritos y busca con regocijo entusiasmar a los lectores con esta obra de Orlando Chirinos o con cualquier otro libro de su deslumbrante producción.