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Texto-fobia: Humberto Mata, La parte por el todo

Humberto Mata | Foto cortesía

Humberto Mata | Foto cortesía

“Incendios’ es una historia que espera por ser contada. Aunque los hechos ya han ocurrido, estos carecen de un narrador que los abarque y aquí, justamente, radica lo fundamental del texto”

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La obra de Humberto Mata es vasta, impecable,compleja. Volver sobre ella es siempre un privilegio y un placer, pero el compromiso de una aproximación total excede los alcances de esta columna. Por ello, La parte por el todo, he elegido para este artículo un relato suyo que me gusta especialmente: “Incendios” de su libro Toro Toro.

“Incendios” es una historia que espera por ser contada. Aunque los hechos ya han ocurrido, estos carecen de un narrador que los abarque y aquí, justamente, radica lo fundamental del texto: sobre una historia desdibujada, un narrador inexacto, a medias informado, lleva a delante el acto de contar al mismo tiempo que hace una pesquisa. El cuento, entonces, se basa en una precariedad: ¿Quién sabe lo que realmente sucedió? En este margen de lo no conocido se abre el espacio para la fábula. La trama se bifurca en dos posibilidades: acuerdo o estupro entre la pareja que viaja en el navío. Así de amplio como se muestra el espectro del encuentro de los personajes, es de amplia la libertad del que cuenta.

El narrador advierte, nos advierte porque nos sabe sus receptores, de estas imprecisiones. No juega con ellas de un modo ligero, sino que trata de desplazarse por la debilidad de las evidencias. Estas son pocas y simples: la embarcación partió con el hombre y la mujer a bordo.

El incendio, la noticia del incendio, abre y cierra el texto dándole un carácter circular: un cuento que, como la tradición oral, siempre podrá repetirse pero no necesariamente del mismo modo. Así se establece un puente, más bien una insinuación, entre oralidad y escritura; entre literatura y paisaje.

Porque detrás de todo está el paisaje: detrás de la gran historia del incendio y de la minúscula anécdota de los dos navegantes. Y allí, está el narrador que nos va guiando de acuerdo con su propio deseo. No puede ser, por supuesto, un guía seguro.

Si para algunos toda historia guarda una identidad como una certeza, la bifurcación con la que se inicia el cuento abre muchas posibilidades. La primera y evidente: una narración que encierra muchas otras porque, así como tiene principio documentado, no tiene final conocido. La aventura es por lo tanto el viaje no ya por el río como hacen los personajes, sino por una trama incierta. El narrador transita un paraje desconocido, oteando caminos, descartando vías; dando al lector, a quien nombra e increpa, una cartografía incompleta imaginada. Ha comenzado por el testimonio del escribiente y en su deambular suma inexactitudes e inventa nombres para los personajes, elige un punto de vista, así como podría haber elegido otro, selecciona un fragmento sin explicar por que y no disimula las suposiciones. Como dice el texto: “Aquel punto siempre en alejamiento es nuestra única certeza”. Pero atención: hay que volver a la historia y el narrador cambia de tema.

Ya en otros textos, Humberto Mata se ha enfrentado y puesto al lector a lidiar con la incertidumbre de lo narrado. No son extrañas en su obra las historias elípticas cuyo tema esencial es la duda. En “Incendios”, al poner en cuestión la veracidad de la memoria oral y escrita, pone en tela de juicio la realidad misma y los principios de la representación. La oralidad (se parte de lo que otros cuentan que sucedió) y la escritura (el texto del escribiente y la reflexión sobre el ensamblaje de una historia) se dejan colar una junto con la otra para dar cuerpo a una trama que intriga y atrapa, de la que queremos saber más y que nos conduce a la duda.

Si los personajes recorren un camino ignoto que podría llevarlos a cualquier puerto, el narrador vive él mismo proceso al trabajar con fragmentos de ausencias en una pesquisa de registros que no acaba de consumar. Y el lector no se salva de esto. En el acto de la lectura puede, como receptor, llegar a cualquier parte, ya que el narrador no demora en hacer su advertencia: él no conoce del todo la historia, por lo tanto, cada palabra del cuento será una osadía.

Con imágenes que (des) dibujan un paisaje, “Incendios” permite inferir la poética del autor.

A Humberto Mata hay que leerlo. Es un menester siempre seductor.