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Texto-fobia: Enza García Arreaza

Enza García Arreaza | Foto Archivo

Enza García Arreaza | Foto Archivo

“Cállate poco a poco’ contiene doce cuentos. Estos cuentos tienen la virtud de que pueden ser leídos autónomamente y a la vez se enganchan como ficha de un todo orgánico”

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Cállate poco a poco (Monte Ávila Editores, 2008) de Enza García Arreaza (Puerto la Cruz, 1987) es un libro que me ha resultado deslumbrante. Lo leo como un texto profundamente sexual en el sentido más amplio de la palabra. La palabra es sexo y agonía. Cállate poco a poco contiene doce cuentos. Estos cuentos tienen la virtud de que pueden ser leídos autónomamente y a la vez se enganchan como ficha de un todo orgánico. Estos cuentos mantienen una autonomía estética deudora de la estética global.

Digo que son cuentos sexuales, impúdicamente sexuales, porque rasgan las telas del entramado social que se resiste con todas sus defensas.

El epígrafe del libro es en este sentido una advertencia “se mira mal la vida sino se ve la mano que piadosamente mata” (Friederich Nietzsche). Pensemos en un cuento, por ejemplo, “Dios no trabaja de noche”. La anécdota es la siguiente: una mujer es expulsada de un carro en el que va con un hombre; el hombre la maltrata, la insulta. Ella camina “con los tacones en la mano, arrastrando un perfume y un vestido de fiesta que junto con el aire frío promocionaban el cliché más bondadoso de la noche”. Entra a un bar en el que es confundida con una prostituta. Tiene un diálogo, muy a lo Truman Capote, que la enhebra con el dueño del lugar. Ella está dispuesta a todo, menos a un viejo porque el semen de los viejos es ácido. Más ácido aun, más repugnante, es el recuento de la vida de la mujer. El final es la aparición en el bar de su exmarido. Una coincidencia verosímil y feroz. Al final ella se para y atraviesa el salón “corroído por una luz fermentada”. Y se pierde en la noche.

La protagonista es una víctima para quien no hay redención, ni siquiera un desquite. Simplemente la vida es así.

Pensemos en “Disidencia”, un cuento escrito “En nombre de las que no han podido decir nada”. Muestra la intemperie en la que quedan dos niñas cuando su madre se va con el tercer hijo, enfermo, en busca de un ambulatorio. La madre ve como un hombre se cuela por el techo del rancho, sin embargo, sigue su camino y dentro de la casa sucede una violación. El lector esperaría las trompetas de la tragedia. En vez de eso, la vida continúa y se repite cíclicamente: la madre que sale en busca de otro ambulatorio y sucede en el rancho una nueva violación. Esta vez, una de las hermanas mayores abusa sexualmente de la menor. No hay drama, simplemente hay una constatación. El cuento, como todo el libro, está libre de quejas y lágrimas inútiles.

Los dos cuentos mencionados, son una muestra del tipo de sexualidad que impregna al libro. Es una sexualidad violenta y soez. Las piezas de Cállate poco a poco construyen un retrato descarnado de la condición humana en un contexto contemporáneo. En cada texto hay un falo que revienta un himen y como totalidad el libro ejerce una violencia silenciosa en el lector. Estamos hablando de un libro muy peligroso, pues transmite la condición humana terrible que se mezcla con el placer de la lectura más hedonista. Aquí hay un goce, pero es un goce callado. La expresión está marcada por la clandestinidad de la tragedia. Una tragedia que no es ignorada por el lector y muchísimo menos por la autora. La voz narrativa que practica un distanciamiento indiferente y cruel no se estremece ante los avatares sufridos. Queda en el lector un rictus sin sospecha que lo deja en la intemperie.

Podría pensarse que Enza García Arreaza conoce esa ambientación de la mayoría de los textos. Pero el libro tiene un peso específico que no permite reduccionismos sociológicos. Contextos externos tenemos todos, pero el artista los introyecta y los procesa para producir un contenido nuevo, moral y estéticamente hablando. Esto es una verdad.

Un buen libro cautiva de dos formas. La primera es la lectura en sí misma. La aventura de la palabra y la historia. El descubrimiento paso a paso del tuétano narrativo.

La segunda fascinación es la fantasía del lector en relación al autor. Invariablemente uno quiere conocer un rostro, una edad, un registro vital y así lee sobre el autor (de ahí la atracción y vigencia de biografías y autobiografías). Uno quiere conocer al autor. En mi adolescencia yo quería ir a la Selva Negra a conocer a Herman Hesse. Permanentemente leo y releo las vidas de Djuna Barnes, AnneSexton. Me detengo en los prólogos y las contraportadas. Uno, como lector, vive el vértigo de la tentación: sabueso o espía.

En este, su primer libro, Enza García Arreaza es mucho más que una promesa. Es una escritora de talento y oficio que sabe manejar la técnica y conducir al lector hasta el paraje elegido. Un paraje que no puede ser amable ni trágico sino, como el libro de J.M. Coetzee, una desgracia.