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Texto-fobia: Borges según Coetzee

Jorge Luis Borges / Foto www.famousauthors.org

Jorge Luis Borges / Foto www.famousauthors.org

“Borges, nacido en 1899, cultivó la anglofilia pero, dice Coetzee, sus influencias se reducían a Stevenson, Chesterton, Kipling y Wells”

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En su libro Costas extrañas (Ensayos 1986-1999), publicado por la Editorial Debate en 2005, J.M.Coetzee incluye un ensayo titulado “J.L. Borges, Collected Fictions”. Este texto que, según está titulado, se ofrece como una reflexión sobre la obra de Borges traducida al inglés, también puede leerse como la puesta en cuestión de su vitalidad literaria.

Coetzee comienza el ensayo diciendo que en 1961, fecha de la creación y primera entrega del premio Formentor creado por los directores de seis de las mas importantes editoriales de Occidente con la intención de rivalizar con el Premio Nobel, sorprendió a Borges en medio de un largo bache creativo pues las obras que lo habían consagrado databan de las décadas del 30 y el 40.  En ese año se le concedió simultáneamente a Samuel Beckett y a el.

Borges, nacido en 1899, cultivó la anglofilia pero, dice Coetzee, sus influencias se reducían a Stevenson, Chesterton, Kipling y Wells; y su postura vanguardista no supera o no va mas allá de 1920. En 1914 viajó a Suiza con su familia. Allí lo sorprendió la Primera Guerra Mundial. Gracias a esta circunstancia, recibió una formación en francés y aprendió por su cuenta el alemán. Es importante que Coetzee hace mención de las influencias vanguardistas de Borges, específicamente el Imaginismo español y el Expresionismo alemán; y la filosofía del  gnosticismo alemán.

Regresa a Argentina en 1921. Coetzee nada dice de Fervor de Buenos Aires, ni de la presencia cultural emblemática de Florida y Boedo. Salta de allí a su participación en la revista Sur de Victoria Ocampo, creada en 1931. Borges es un colaborador capital de Sur.

En el libro El jardín de los senderos que se bifurcan se publicó inicialmente relato por relato en la revista Sur entre 1939 y 1941, tiempo que marca “el principio de su gran período”. El primer relato de este conjunto “Pierre Menard” descansa sobre las ideas de David Hume según las que el pasado carece de existencia y no es mas que una sucesión de estados mentales. “Lo que consigue Borges es inventar un vehículo (imperfecto en este caso, pero que perfecciona rápidamente en los relatos posteriores) a través del cual las paradojas del escepticismo filosófico puedan ser representadas con elegancia y llevadas hasta sus vertiginosas consecuencias”. Borges no lo incluyó en su Antología personal. En  cambio, se refirió a “Tlon, Uqbar, Orbis Tertius”como uno de sus mejores textos junto a “La Biblioteca de Babel” Vio al primero como  una exploración y una invención de un mundo a través de la escritura de una completa descripción de el mismo. Se trata de la “consternación” de un individuo para quien su cotidianidad y la de sus antepasados es inaprehensible.

Coetzee considera El jardín de los senderos que se bifurcan, Ficciones y El Aleph como las expresiones de la época mayor y de la época intermedia del autor bonaerense.

En relación a la lectura borgiana posterior de “Pierre Menard”, dice Coetzee que el autor  pasa por alto el entusiasmo y el éxito creativo con los que el narrador registra todas las etapas de un universo ideal que absorbe a otro real; “en una vuelta de tuerca de la paradoja que es un rasgo característico de Borges” lo cual conduce a pensar que el universo es un simulacro tras un simulacro, tras otro simulacro, tras otro simulacro. Esto está en consonancia con la cosmología gnóstica, según la que el universo es obra de un creador menor alojado en otro universo y así sucesivamente.

“Funes el memorioso” continúa el modelo borgiano, pero presenta la novedad de que el autor sitúa los hechos en un contexto reconocible de Argentina. Se trata de un escenario local, ubicable a diferencia de los textos que le preceden.

 

De la acogida a Borges en Francia, El Nobel sudafricano-australiano dice que es natural que “las audaces ficciones idealistas acerca de mundos creados por el lenguaje o de personajes inmersos en textos despertaron el interés de una generación de intelectuales franceses que acababan de descubrir la lingüística estructural donde Ferdinand de Saussure”, quien definió el lenguaje como un campo autorregulado dentro del cual el ser humano carece de poder, y donde mas que hablar es hablado por el lenguaje, se significa no en si mismo sino que el individuo se significa en el lenguaje, en el cual el pasado (diacronía, visión longitudinal, histórica) es reductible a una serie de estados superpuestos (sincronía, cortes transversales, inmediatez).

Lo que asombró o tal vez solo les provocó curiosidad a los lectores franceses de Borges fue que el había encontrado un modo de acceder a la textualité a través de rutas inventadas por el mismo. (De hecho, hay motivos para creer que Borges encontró su camino hasta dicha textualidad a través de Schopenhauer y, especialmente, de Fritz Mauthner  (1849-1923). A Mauthner no se le lee mucho en la actualidad.

En Otras Inquisiciones de 1952, se ofrece la oportunidad de una lectura simultánea del Borges narrador y el Borges ensayista. Ante esto, pregunta Coetzee: “¿Qué recursos le ofrece a este erudito escritor la técnica narrativa para que le permita llevar las ideas hasta extremos que no alcanza la técnica del ensayo discursivo?” Y continúa: “La respuesta que da el propio Borges, siguiendo el ejemplo de Coleridge, es que la imaginación poética permite al escritor unirse al principio creativo universal. Si se apoyara en Schopenhauer, añadiría que este principio tiene la naturaleza de la voluntad antes que (como diría Platón)de la razón.

Es aquí, en Otras inquisiciones, donde comienza a aparecer “Borges y yo”; Borges según el mismo. Cuál es el real y cuál el literario es un asunto que, y gracias a Dios, queda sin contestación.

El ensayo de J.M. Coetzee, por demás interesante, aunque uno  discrepe en ciertos puntos o eche de menos ciertas omisiones, es, también erudito. El último tema que entresacaré de el, pues se trata de un texto al que le he entrado a saco, es el encuentro de Borges con  Thomas Di Giovanni en 1967. A partir de ese momento, comenzó una colaboración que arrojó dos cosas fundamentales: el resurgir del Borges narrador y su “intromisión” como autotraductor. Es, y en esto coincido del todo, un hecho que el maquillaje, el retrabajo, la intención de suavizar las asperezas del español al ser vertido al inglés, es una re-escritura.

De esta unión, Borges publica en 1970 El informe de Brodie, que, en conexión con “Funes el memorioso” acentúa mas aun el énfasis en el arrabal de Buenos Aires y la Pampa  argentina. Ya no hay más lugar para espejos y laberintos. Y el lenguaje, por el que Coetzee manifiesta alta admiración a lo largo del ensayo y especialmente hacia el final del mismo, se ha simplificado todavía más: Borges en el Prólogo acusa recibo de la influencia de Kipling.