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Líneas Tardías: La visita a ciegas que cuenta M. Night Shyamalan

The Visit (2015)

The Visit (2015)

La más reciente película del cineasta indio, “The Visit”, narra una historia de dos jóvenes que van a conocer a su dos abuelos, que viven en una zona remota de Estados Unidos. En la casa empiezan a ocurrir una serie de hechos bastante tenebrosos

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M. Night Shyamalan no se ha salvado de la leña. Varias de sus películas han sido consideradas prescindibles después del éxito de Sexto sentido. Sin embargo, en su haber existen obras que no han recibido la atención que realmente merecen. Largometrajes de los que se puede hacer una lectura interesante más allá del suspenso y la intriga con los que a primera vista se vinculan.

Por ejemplo, The Village (2004) es una historia que se adentra en el temor colectivo a lo extraño, el miedo a lo que está más allá de la frontera, lo externo es impuesto como potencialmente dañino. Claro, el cineasta también es responsable de fiascos como After Earth (2013).

En su más reciente película The Visit (2015) el director cuenta la historia de dos jóvenes que van a conocer a sus abuelos, que no le hablan a la madre de los pequeños desde que ella decidió dejar el hogar por un amor.

Los menores viajan solos y ella aprovecha la ocasión para irse de vacaciones: un crucero junto a una nueva pareja. En ese contexto ocurre la aventura de los pequeños, que van prácticamente a ciegas a una casa habitada por dos seres que suponen amables y protectores, pero a los que ni siquiera le han visto la cara. El contacto se la limitado al que permiten las líneas telefónicas.

La edad de la pareja protagonista, próxima a la adolescencia, permite a la historia justificar cierta desventaja ante la hostilidad que pronto experimentarán. En la casa de los abuelos empezarán a ocurrir extraños hechos poco acordes a lo que pueden esperarse de un par de ancianos ya en retiro que en principio demuestran un cariño enorme a los visitantes.

Hay par de escenas risibles, pero el resto mantiene en zozobra a quien logra conectarse con una historia aparentemente predecible, pero con un giro para nada deleznable.

Además, el cineasta –que también es guionista del filme– presenta a los dos jóvenes como unos entusiastas cineastas que aprovechan el viaje para grabar lo que será un documental sobre su travesía. Shyamalan no los subestima, más bien les da criterio y buena técnica en su empresa, es su palmada en la espalda a las nuevas tecnologías y las posibilidades de aprovecharlas para crear.

Las cámaras entonces se convierten en la herramienta que registra lo que el par de abuelos empiezan a demostrar, sus comportamientos erráticos, sus incoherencias e inquietantes caminatas nocturnas en los pasillos.

Si en The Village el temor era a lo que estaba en el bosque, en The Visit lo terrorífico proviene de la intimidad de un hogar que pretendía ser hospitalario y familiar.

Shyamalan logra una acertada película sobre relaciones familiares y locura en una inhóspita granja de Estados Unidos.