• Caracas (Venezuela)

Papel literario

Al instante

Sobre La mirada de José Tomás Angola

José Tomás Angola / Manuel Sardá. Archivo EN

José Tomás Angola / Manuel Sardá. Archivo EN

Presentación de “La mirada del suicida al caer y otros relatos” (Libros El Nacional, 2016). Caracas: Festival de la Lectura Chacao, 27 abril, 2016

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

El conjunto ofrece 15 relatos cortos y me apresuro a decir que son cortos y redondos, como exige el género de narrativa breve. Se proponen, se desenvuelven y llegan con puntualidad a un desenlace inesperado. Están escritos con la mano certera, pulida, y en ellos no parece sobrar ni faltar. Son redondos porque obedecen a una ley fundamental en la escritura de cuentos, la narración no puede divagar, dar demasiadas vueltas, circunloquios, como en las novelas, donde el autor se permite paseos extraterritoriales y anécdotas secundarias. Son, hasta cierto punto, lacónicos, y eso me parece que se relaciona con la experiencia dramática, con la concisión del lenguaje teatral. No quiero decir que se traslade un género a otro sino que la escritura viene acostumbrada a ceñirse, a acotarse, a que las voces hablen con precisión, como ocurre en las obras teatrales.

Son, además, relatos claros. La forma narrativa es explícita, va al grano, pero no quisiera que esto se lea como una afirmación de que son relatos realistas, porque lo son y no lo son. En unos cuantos de ellos se confunden los planos, el inmediato de la realidad que está ocurriendo y el de la fantasía, el espacio abierto que le queda al lector para interponer su propia interpretación.  Daré algunos ejemplos:

El primero, que da título al volumen, La mirada del suicida al caer, se mueve por lo menos en tres planos. Un primer plano en el que el protagonista nos relata su vida anodina, no demasiado exitosa pero tampoco demasiado fracasada. Es la vida de un hombre ordinario, que vive en un apartamento de clase media en el este de Caracas, que se gana la vida y la de su familia aunque no ha podido realizar sus aspiraciones de escritor, y que debe lidiar con la enfermedad de uno de sus hijos. Y en medio de su rutina sucede un hecho inesperado, es testigo del suicidio de un vecino que cae por delante de su balcón. Hasta aquí un relato realista, ocurre algo perfectamente posible, y no demasiado raro: alguien toma la decisión de acabar con su vida. No voy a relatar el desenlace, por supuesto, porque echaría a perder el disfrute de la lectura, así que me referiré a los otros planos que mencioné. El protagonista nos dice que guardó varios de sus cuentos en un pendrive. De modo que el detective que es todo lector puede legítimamente preguntarse si en realidad nos cuenta una circunstancia que presenció o que imaginó, y que lo que estamos leyendo no es otra cosa que uno de sus cuentos inéditos. Es decir, que nadie se cayó del balcón sino que alguien, detrás del balcón, imaginó que eso podía suceder y quiso escribirlo. Pero nos queda a nosotros el espacio de suponerlo. Y un tercer plano, más inquietante, preguntarnos por la identidad del suicida. Aquí lo dejo. Pero añado lo siguiente, y es el juego de espejos al que el autor nos invita. Una triple dimensión de la imagen que nos devuelve el único objeto de ese apartamento de clase media del este de Caracas que es descrito: un espejo rectangular adornado con motivos chinos que su esposa, aficionada al Feng Shui, colocó al lado de la puerta principal.

El segundo nos remite de nuevo al tema del doble que ya había sido anunciado con el espejo. Se titula Niebla y es un diálogo entre dos voces cuya identidad rápidamente descubrimos: son Dostoyevsky y uno de sus personajes más conocidos, Raskolnikov, el asesino de Crimen y castigo. En este encuentro imaginario, puramente literario, aun cuando el lector no conozca la novela del ruso, entramos en una dramática que exige un pacto con los lectores que les permita moverse en las líneas de la pura ficción. Hablan un autor y su personaje, y si bien en la realidad de la escritura el personaje requiere del autor que lo ha creado, en el cuento se reinvierte la perspectiva: es el autor quien necesita de su criatura de ficción. No diré para qué.

En Los superiores Angola regresa a este dúo mortal, ahora entre figuras también literarias pero en este caso anónimas. Es la lucha entre dos personajes que se consideran superiores el uno del otro, el autor y el crítico, que a veces, no siempre, son enemigos; aquí la infinita vanidad y la envidia son, en realidad, las protagonistas. La acción va tomando cuerpo en el relato y el final es sorpresivo, como esperamos de los cuentos. ¿Quién es quién?

De alguna manera este texto nos abre la puerta a la violencia, que sale de la intimidad y pasa, si se quiere, a lo que llamamos violencia social. La ternura y la violencia injustificada, o incomprensible, como se presentan en Ida y vuelta, o la que cotidianamente nos rodea como en Tranquilo, bicho, tranquilo. La violencia que engendra la violencia, la violencia que crece en el interior y puede convertir a cualquiera en un depredador, el asesino que disfruta de su propia violencia.

Estos temas que estoy ahora mencionando supongo se hacen conocidos para todos. Resuena en ellos la vida cotidiana. Pero he aquí algo que quiero resaltar con mucha claridad y que sugerí al principio. Son cuentos que pudieran ser calificados de realistas, si es que esa denominación importa, pero son cuentos. Son ficción. Pretenden ser narrativa de ficción y lo son. ¿Por qué hago hincapié en algo que pareciera obvio? Porque no lo es del todo. José Tomás Angola nos dice desde la primera página que ha tomado el riesgo de querer escribir en clave literaria, que aunque la realidad cotidiana que vivimos todos está en el horizonte, y sus signos no se escapan al lector, no quiere hacer de ella una crónica. No está mezclando géneros, entre crónica y cuento, no está denunciando hechos por todos conocidos, como en un reportaje. Está escribiendo en su época y en su contexto, por lo que inevitablemente se mezclan los signos de ese contexto en la ficción, como ocurre en cualquier época. Pero está apostando duro porque sabe muy bien que en este momento, aquí en Venezuela, la literatura atraviesa un momento difícil. No me refiero a los obstáculos editoriales, económicos, y de más. Me refiero a que la narrativa se ha permeado de tal manera de los referentes sociales que fácilmente lo literario se ve absorbido por lo circunstancial. Y de alguna manera, no sé muy bien cómo porque es, ya lo dije, difícil, pero pienso que la literatura se mueve en un incierto plano que queda más acá o más allá de los referentes cotidianos.

Yo no sé cómo le irá a este libro, espero que muy bien, pero sí sé que su autor brinda por la literatura. Así que deseémosle suerte.