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Forma Crítica

Exposición Forma Crítica / Fotos: Pablo Faccinetto, cortesía Galería Christinger De Mayo, Suiza

Exposición Forma Crítica / Fotos: Pablo Faccinetto, cortesía Galería Christinger De Mayo, Suiza

Los venezolanos Ricardo Alcaide y Rafael Pérez se encontraron en la Galería Christinger de Mayo en Zurich, Suiza

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Forma Crítica permite un diálogo entre dos artistas que nunca se han encontrado. Ricardo Alcaide (1967) y Rafael Pérez (1938-2001), nacidos y criados en Venezuela, pertenecen a dos generaciones de artistas que dejaron tempranamente su país debido a estudios, para finalmente no regresar. Lo que parece como un Grand Tour artístico tiene, sin embargo, que ser contemplado a la luz de las circunstancias políticas tanto en la joven e inestable democracia de los años sesenta como en la actual. Un regreso permanente no era y no es una alternativa prometedora para ellos. Esto tiene como consecuencia que los dos artistas principalmente trabajaran fuera de Venezuela, pero con el foco en un lenguaje de formas no figurativo, marcado geométricamente y atado a una tradición que desde los años cincuenta jugó un rol clave en el camino hacia la “modernidad” en Venezuela.

Rafael Pérez, después de una larga residencia en España e Italia, se estableció en Suiza, donde entró en contacto con los Zürcher Konkreten. Con escepticismo hacia los términos absolutos, él denotó su arte como neo-concreta, a la cual favorecía la denominación más abierta de lo “no figurativo”. En las obras de Pérez esto resulta en un juego de formas consecuentemente geométrico y en la búsqueda de medios para concebir las tres dimensiones –fueran elementos móviles o cuadros sobrepuestos. Su deseo central aplica en cambio en un análisis continuo de los colores y su efecto. En esta fase de capas complejas, el denominador central es la relevancia de la composición de color, lo que también se plasma en los títulos de sus cuadros. Mientras que las series anteriores fueron enumeradas como Fragmentaciones Cromáticas, más tarde llevaron consigo un color en el título.


En el manejo de los colores Pérez no confiaba ni en un sistema predeterminado –lo que lo aparta de los Concretos– ni en la casi inspiración artística mitificada; sino que él mismo elaboró numerosos estudios de color para finalmente seguir su intuición. Este manejo objetivo y no dogmático de los colores fue interpretado en Europa una y otra vez –un kitsch etnográfico– como “colores suramericanos” o “alegría tropical”, frente a lo cual Pérez se opuso vehementemente, ya que se trata de observaciones psicosociales y estereotipos. Por el contrario, él daba gran importancia a las fuentes de sus estudios pues junto con los clásicos europeos de los maestros del color como Josef Albers, Johann Wolfang von Goethe, Paul Klee, Wassily Kandinsky o Johannes Itten. Le fascinaba sobre todo el simbolismo del color de los pueblos indígenas de Latinoamérica como por ejemplo los Mayas, que asignaban a sus deidades colores y puntos cardinales correspondientes. De esto resulta, que el efecto de forma y color de Pérez presenta también un componente espiritual que exige la contemplación de los de cada uno de los espectadores. La exigencia de la modernidad de resolver los grandes problemas sociales con arte y arquitectura, para Pérez fue pura utopía. Al contrario sí exigía del espectador que se abriera a mundos desconocidos.


Ricardo Alcaide, quien después de sus estudios en Londres se trasladó a São Paulo, retoma la crítica a la modernidad, entre otros, en su trabajo Intrusions y en su grupo de obras Shade of Progress, en el que él manipula íconos de la arquitectura latinoamericana. Como el arte abstracto, le correspondió también a la arquitectura de los años cincuenta en Venezuela una posición decisiva.

Durante el régimen de Marcos Pérez Jiménez se debía transformar el país al “Nuevo Ideal Nacional”, lo que también debía manifestarse en el entorno construido. Como resultado, se originaron numerosos objetos de prestigio tanto públicos como privados (por nombrar unos ejemplos: “Villa Planchart” (1953-1957) y –de Carlos Raúl Villanueva– “Ciudad Universitaria” en Caracas (1944-1958)). Especialmente el campus universitario, cuyas ideas obedecen a la síntesis del arte, debía señalar la promesa construida del progreso. Para el trabajo Intrusions, Alcaide utiliza fotografías en blanco y negro precisamente de esas edificaciones y las interviene con elementos geométricos monocromáticos. Los tonos de los colores utilizados hacen referencia a la cultura popular latinoamericana –en este caso Brasil– y por consiguiente asociados con condiciones precarias.


La ya heterogénea Síntesis del Arte será completada con más niveles. No sin ironía, el artista causa perturbaciones en espacios que en su recepción arquitectónica son considerados impecables. Los componentes del cambio en el tiempo y las casualidades estuvieron al tanto en el discurso moderno. Ambos aspectos se manifiestan en el entorno de Alcaide con materiales y Objets trouvés como el portón de hierro –una “forma perdida”. La función original desligada, prueba el portón inútil y superfluo, que Alcaide encontró en un barrio en São Paulo, por las casualidades y cambios de la vida en la ciudad. Son estos fenómenos de metamorfosis que disponen al artista de materiales abandonados –sean empaques viejos o muebles– para coleccionar, para pintar y/o para manipular y así provocar un nuevo sentido.