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Emergencias: doce cuentos de escuela

“Emergencias. Doce cuentos iberoamericanos”, (Editorial Candaya, 2013). Edición y prólogo de Jorge Carrión

“Emergencias. Doce cuentos iberoamericanos”, (Editorial Candaya, 2013). Edición y prólogo de Jorge Carrión

“Los personajes principales, en palabras de Carrión, son una ‘galería de seres huérfanos, a menudo habitantes de un ámbito global, con dificultades para articular relaciones humanas.’ Reflejan de alguna manera la realidad iberoamericana moderna”

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Sentado en el café de siempre, tomando lo usual, el protagonista desafía al destino mientras espera encontrarse con su musa. Del otro lado de la ciudad, una estudiante se convierte en novelista con el empeño de un profesor quizá demasiado entusiasta. En España, o en alguna ciudad de Iberoamérica, un escritor, un profesor, una actriz porno japonesa, un doctor, un inmigrante, la tecnología y Gastón Tevez se transforman en los protagonistas de doce historias muy diferentes unas de las otras pero, en esencia, una sola, unidas por el “director de orquesta” Jorge Carrión, en este experimento literario llamado Emergencias.

El cuento es el género literario que mejor representa las crisis y las renovaciones. Los novedosos modelos intentan arriesgar más a los personajes en la caza de emocionantes e inesperados finales. Aunque no todos logran alcanzar la meta sin que el personaje se pierda en las formas. En Emergencias, los osados aprenden a coexistir con los tradicionales modelos literarios pero en algunos peligra la coherencia de las historias. Sus doce autores, Carolin Bruck, Ramón Bueno Tizón, Wilmar Cabrera, Antonio Galimany, Carlos Gámez, Yannick García, Jari Malta, Mónica Ojeda, Alex Oliva, Mariana Font, Eduardo Ruiz y Tomás Sánchez Bellocchio, acuden al cuento para dar a sus personajes la oportunidad de existir brevemente, a veces con una apurada profundidad, mientras intentan corromper las formas naturales de narración. El título se conecta, entonces, no con las problemáticas de los personajes sino con la iniciación de sus escritores, que buscan abrirse camino en este difícil mundo del cuentista. Es su graduación.

Los personajes principales, en palabras de Carrión, son una “galería de seres huérfanos, a menudo habitantes de un ámbito global, con dificultades para articular relaciones humanas.” Reflejan de alguna manera la realidad iberoamericana moderna con pocas diferencias específicas de los localismos de cada escritor. Sin embargo, las historias se pierden en su complejidad narrativa y nos dejan en su mayoría con finales tan abiertos que pierden su significado, dejando al lector con una necesidad de conclusión un tanto negativa. Los cuentos, aunque breves, se convierten en historias confusas, largas, que piden retroceder una y otra vez en búsqueda del personaje que se pierde en los detalles descriptivos.

Emergencias es una muestra de lo que nos une en la literatura hispana: narrativas que comparten algo más que las reglas de un mismo idioma. Intencionalmente –esperamos–, quizá para reflejar la esencia iberoamericana de la obra, los cuentos descubren evidencias de que sus creadores pertenecen a una misma escuela –la del Máster en Creación Literaria de la Universidad Pompeu Fabra–. Aunque poco comparten en contenido (una ciudad, la inmigración, una emoción), la narración sigue una línea invisible que conecta indudablemente un cuento al siguiente. Ni siquiera la leve diferencia gramatical que distingue a los argentinos y uruguayos del resto de las nacionalidades hace notar, o destacar, una narrativa de otra. Todos siguen un mismo molde: el iberoamericano con aires de modernidad. El resultado, sin embargo, son historias sin rastros culturales que emocionen, que hagan conexión con el lector por lo que los cuentos pierden, en muchos casos, nuestra atención.

“Maria Ozawa” y “Duboc, el director de escritores” son los mejores representantes de las renovaciones del cuento en esta muestra emergente. Sus personajes dejaron de lado la necesidad por ser diferentes y únicos en su estilo; más bien, demostraron que lo más difícil en la simpleza del cuento es conseguir rápidamente, sino inmediatamente, la emoción que logra identificar al lector, conectarlo y mantenerlo a su lado durante todo el trayecto. Los finales, uno abierto y el otro un poco más enredado, son menos ostentosos y brindan esa sensación calurosa de conclusión con la que esperamos conectar realmente con el protagonista y, por ende, con el narrador. Nada está fuera del molde y son poco osados, pero en estos casos, poco importa: las historias tienen tanto que decir que finalmente podemos olvidar la forma.

Las reglas están claras cuando se trata del cuento. Solo los de verdadero talento creativo pueden atreverse a romper el delicado esquema del cuentista. Sin embargo el riesgo es en extremo esperanzador: la literatura en su pura expresión. En este libro, la escuela de creatividad literaria nos persiguió desde las primeras líneas y se hizo aún más evidente al final con el “Decálogo del Escritor”. Quizá es un juego intencional del editor, que nos propone aprender de su escuela, ya que nos ha otorgado las herramientas de cómo ser un escritor. Nos convierte fácilmente en los jueces, y nos permite evaluar cada cuento por las doce reglas o, al revés, otorgar a cada cuento una regla. Cada autor nos demuestra que cumplió con al menos uno de los mandamientos de Augusto Monterroso.

Además de intentar demostrar el talento de sus alumnos, Carrión cayó en una de las trampas más clásicas en la escritura de cuentos: dejar una moraleja. Y la que nos dejó un libro como éste es el de seguir la última instrucción del Decálogo de Monterroso: desconfiemos de las reglas y los moldes.

 

EMERGENCIAS

Varios autores

Jorge Carrión (ed.)

Editorial Candaya

Barcelona, 2013