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Didascalia: El imaginario teatral venezolano VI – II

La casa de Ramón Díaz Sánchez / Foto: Cortesía

La casa de Ramón Díaz Sánchez / Foto: Cortesía

“El dramaturgo ubica la acción en una construcción colonial que ha pasado de generación en generación hasta Ana María y Manuel Antonio, que desean vender la casa para construir un edificio”

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Un día en La Casa de Ramón Díaz Sánchez

Faltan 5 años para arribar la década de los años 50 y Venezuela atraviesa grandes cambios. El país comienza a sentir los beneficios de la renta petrolera y la consecuente urbanización. Lo más importante: la apertura al extranjero compite con el arraigo de las tradiciones, y esta es una de las principales diatribas que desarrollará el teatro venezolano en su dramaturgia para los años posteriores.

En 1945 aparece el que, según Leonardo Azparren Giménez, es “el texto más ambicioso, exigente y completo de la década” gracias a la pluma del dramaturgo Ramón Díaz Sánchez, quien adaptó al género teatral la ansiedad de toda una sociedad que se debate entre el cambio y la tradición. Se trata de La Casa.

El dramaturgo ubica la acción en una construcción colonial que ha pasado de generación en generación hasta Ana María y Manuel Antonio, que desean vender la casa para construir un edificio. A ello se opone Inés, la otra hermana, quien desea mantener la casa y sus recuerdos intactos, tal y como se ha mantenido y sobrevivido a lo largo del tiempo.

El gran aporte de Díaz Sánchez al imaginario teatral venezolano es su capacidad de representar el pensamiento de la clase media venezolana sin incurrir en criollismos o patriotismos excesivos. Convierte la resistencia al cambio y las aspiraciones de nuestro gentilicio en características clave que hemos conservado a lo largo de los años.

Pero La Casa introduce un nuevo concepto en nuestro imaginario. Se trata del desarraigo, tema que desarrollarán con mayor ahínco dramaturgos como Isaac Chocrón, José Ignacio Cabrujas y Elisa Lerner en los años 60 y 70, cuando aparece lo que los críticos han denominado como “el nuevo teatro venezolano”

Es de grandes dramaturgos saber leer el comportamiento del público para llevarlo a escena y confrontarlo con el mismo, y es de pequeños pueblos mantenerse imperturbable en sus errores para permanecer igual.

Bien dice el folklore popular que todo comienza en La Casa.