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Didascalia: La crítica como instrumento para la culturización de las masas

"Ratatouille" (2007)

"¿Existe la crítica teatral en Venezuela?" preguntaba el crítico Leonardo Azparren Giménez en los años 80

“La crítica parte de un hecho comprobable, verificable, y contiene un juicio de valor analítico. No es una mera opinión”

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Hace poco más de un mes cubrí para Papel Literario de El Nacional el estreno de El Hombre de la Mancha, adaptación del musical homónimo de Broadway. Dicho trabajo a mi parecer –y esto lo digo con la humildad que debe acompañar a la subjetividad de un crítico- falló en aspectos importantes como el interpretativo, el escenográfico y sobre todo, el de adaptación, dirección y producción.

Mi crítica saldría publicada en formato online la semana siguiente. Tenía una semana para exponer y denunciar todos los ultrajes que observé de forma impasible durante poco más de dos horas. Justo esa semana recibí de una fuente cercana y confiable pormenores de la producción que afectaban directamente mi valoración sobre el trabajo. Supe, por ejemplo, que la madre del director –que también era el actor principal del montaje y el productor general- había muerto esa semana, y que el elenco se había visto envuelto en una feroz lucha con el sindicato de trabajadores de la Universidad Central de Venezuela para poder ensayar y desarrollar el espectáculo a cabalidad en el Aula Magna de la casa de estudios.

Tuve que hacerme la pregunta: ¿Qué hacer? ¿Qué decir? El oficio del crítico es difícil. Si cede a la presión del medio y de la piedad incurre en el pecado de la complacencia. Y si se mantiene fiel a sus principios al aclarar que la muerte de la madre no debió haber incidido en cuatro meses de ensayos y producción, corre el riesgo de que su propia progenitora sea insultada y vilipendiada.

"¿Existe la crítica teatral en Venezuela?" preguntaba el crítico Leonardo Azparren Giménez en los años 80. "Dicho así –continúa– con tan poca o ninguna alternativa, no conduce sino a decir que sí, que sí existe, y en relación a los mismos términos en que existe el teatro en Venezuela. Y así, en forma tan concluyente, decimos lo evidente, que es como decir nada".

La crítica cultural es un género cuasi-periodístico. La crítica parte de un hecho comprobable, verificable, y contiene un juicio de valor analítico. No es una mera opinión: es un estudio crítico de un hecho cultural.

Si lo enmarcamos en el ámbito académico, nos damos cuenta de que el periodismo cultural, salvo la existencia de jornadas ocasionales, no forma parte Importante de ningún pénsum académico. Ni en un periódico importante. Se le da prioridad de cuartillas y caracteres a las estrellas, a la frivolidad, y muy poco por decir nada al análisis crítico formal de un espectáculo que, de alguna u otra forma, tendrá una repercusión positiva o negativa en las masas.

La labor del crítico cultural se hace también cuesta arriba por el simple hecho de que somos una sociedad intolerante a la crítica. Lo vemos cada día por parte del gobierno y sus adeptos. Y lo vemos cada día Cuando a alguien osa meterse con el mal llamado y sobrrvalorafo talento nacional. Porque es necesario comprender que todo esfuerzo es válido, pero no todo esfuerzo conlleva a un resultado exitoso. Ahí entra el crítico: para rescatar lo bueno y señalar lo no tan bueno. Se busca corregir y evitar el trágico escenario de un artista ciego, carente de guía, que repite el mismo error una y otra vez.

Ahora bien: ¿Cómo un crítico puede ser un formador? ¿Qué debe aportar su escrito?

Pues bien, el crítico no describe la mano, sino que lee las líneas de sus palmas. De nada sirve describir lo que se está viendo sin desentrañar su significado real, el subtexto detrás de esas palabras que escribe el poeta, el novelista, y el dramaturgo para el actor

El crítico rescata el símbolo, la lectura que da el director al texto y el autor a su personaje, y de qué forma lo hace y si logró hacerlo a cabalidad.

El crítico debe mantenerse fiel a su juicio y no venderlo a cambio de una supuesta amistad. No puede, no debe ser cándido ni complaciente. Debe ser capaz de decir verdades incómodas de forma accesible. Su palabra es un puño de hierro en un guante de seda. Y su objetivo debe ser instruir a su lector. Enseñarlo a criticar y a demandar trabajos de calidad.

Cuando solo hay ruinas, la gran misión debe ser construir. De eso se trata. Para eso criticamos.