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Didascalia: El día que cambió la vida del Sr. Odio

El día que cambió la vida del Sr. Odio | Foto: Alexandra Blanco

El día que cambió la vida del Sr. Odio | Foto: Alexandra Blanco

“Cuando se habla de dos sentimientos tan opuestos y definidos como lo son el odio y el amor, la solución más fácil sería representar a uno con el color negro y al otro con el rosado”

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De todos los géneros teatrales, pienso que el teatro infantil es uno de los más difíciles por el reto que significa mantener a un niño entretenido durante hora y media de espectáculo. No hay que olvidar que, según varios estudios, un niño en edad pre-escolar presta atención durante un promedio de 10 minutos y luego quiere pasar a otro tema. De modo pues que el artista que trabaja con niños no debe perder de vista nunca que debe mantener al niño enganchado y a sus padres entretenidos durante hora y media de espectáculo, que puede ser interminable si el niño está aburrido.

El teatro infantil además que habita en cada uno de ellos. En ese sentido El Día que cambió la vida del Sr. Odio, pieza escrita y dirigida por Oswaldo Maccio cumple con todo lo anteriormente expuesto. Se trata de un día en la vecindad del Sr. Odio, encarnado por el actor Gabriel Agüero –quien recientemente fue seleccionado como ganador del Premio Marco Antonio Ettedgui– y su reacción al enterarse de la mudanza de su nuevo vecino y archinémesis: el Sr. Amor, interpretado magistralmente por Orlando Paredes, quien hace gala de su desenvolvimiento actoral al darle vida a tres personajes más: la madre del Sr. Odio, su doctora y la Madre Superiora del colegio donde nuestro protagonista estudió de pequeño. Las vicisitudes del Sr. Odio para expulsar a su nuevo vecino, así como los cortos pasajes de su vida, para explicar su actual forma de ser, son narrados por un personaje omnisciente que Citlalli Godoy representa con gracia y simpatía a lo largo de toda la obra.

En esta pieza la dirección de arte juega un papel importantísimo. La escenografía es sencilla y se compone de una serie de puertas que llevan al espectador a los apartamentos de nuestros personajes principales, así como al lugar de los hechos que marcaron la personalidad del Sr. Odio. La producción es minimalista pero bien cuidada en los mínimos detalles, y logran transportar al público en tiempo y espacio con gran eficacia.

Cuando se habla de dos sentimientos tan opuestos y definidos como lo son el odio y el amor, la solución más fácil sería representar a uno con el color negro y al otro con el rosado. Maccio rompe con este convencionalismo y presenta al Sr. Odio y su ambiente con el color púrpura y al Sr. Amor con amarillo. La razón es sencilla: en la psicología del color el púrpura y el amarillo son contrarios el uno del otro, efecto que en este montaje es reforzado con la ayuda de las luces.

El Día que cambió la vida del Sr. Odio, además de ser una joya estética, está reforzada con una historia cimentada en valores básicos de la convivencia como el respeto, la tolerancia y el derecho que cada quien debe darse a sí mismo de ser mejor cada día. La importancia de cada uno de estos valores se asoma como una conclusión lógica, sin necesidad de que el texto señale una moraleja en boca de algún personaje y este es un gran logro de dirección y dramaturgia.

El cierre de la pieza es el refrán que fundamenta su argumento: del odio al amor hay un solo paso, y el amor todo lo logra. Eso nos deja una última pregunta: En estos tiempos, ¿existe acaso una mejor lección para un niño?