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Didascalia: Piel Mercurio

Piel Mercurio / Foto cortesía

Piel Mercurio / Foto cortesía

“La deshumanización propia de este estado de guerra es el escenario donde el dramaturgo Philip Ridley despliega su obra Mercury Fur, traducida al español por el novel dramaturgo Fernando Azpúrua”

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Cuenta la historia que la madre de Thomas Hobbes fue víctima de ataque de pánico a causa del miedo que le provocaba la Armada Invencible española durante la guerra contra Inglaterra, lo cual le provocó las contracciones que parto. De ahí a que el gran filósofo inglés se denominara como el hijo del miedo, y en base a esta premisa creara la figura del Leviatán, símbolo de poder absoluto, el único capaz de imponer paz en medio del caos.

El estado que precede a la paz de Hobbes es el estado de guerra: los hombres defendiéndose de ellos mismos a cualquier precio, trasgrediendo la integridad de otros en pro de la propia. En otras palabras, el hombre como el lobo del hombre.

La deshumanización propia de este estado de guerra es el escenario donde el dramaturgo Philip Ridley despliega su obra Mercury Fur, traducida al español por el novel dramaturgo Fernando Azpúrua como Piel Mercurio y dirigida por la actriz y directora Diana Volpe. La pieza cuenta la historia de Elio, el Chico Mariposa –apodado de esta forma por dedicarse al comercio de una especie de mariposas con efectos psicotrópicos– interpretado por Gabriel Agüero, que debe limpiar una casa en ruinas en compañía de su hermano Darwin –interpretado por Eliú Ramos– para una "fiesta" ordenada por el jefe Spinx, personaje encarnado por Elvis Chaveinte.

Piel Mercurio no deja espacio para el afecto: todos sus personajes están marcados por la violencia y el desarraigo; el odio hacia el mundo y hacia ellos mismos, en medio de una ciudad en ruinas donde sus habitantes se encuentran a la deriva, víctimas de la violencia y los efectos de las mariposas. Es una pieza donde el amor se manifiesta con golpes y cicatrices: te amo tanto que podría matarte, te amo tanto que podría estallar en llamas.

La pieza tiene una única locación: un apartamento a medio construir o destruir –podría ser cualquiera de las dos opciones– en un multibloque. Escombros, cajas y polvo de construcción que recuerdan a los escenarios de la película escocesa Trainspotting, introducen al espectador y lo seducen para que entre por completo en la historia. La producción y el diseño de escena se conjugan y trabajan a la perfección bajo la dirección de Volpe, cuyo principal logro es una dirección de actores donde cada uno más allá de interpretar encarna a la perfección sus respectivos personajes.

Piel Mercurio es rica en simbolismos y metáforas: en el tiempo y espacio de Ridley se habla de mariposas y no de drogas. La brutalidad y la violencia concebida por el dramaturgo expresa de forma clara y contundente lo que ocurre en un estado de barbarie, donde el hampa toma las riendas de la sociedad y el instinto de conservación propio trasgrede la integridad de los demás.

La pieza finaliza con el silencio. No hay ganadores, ni perdedores. La destrucción es inminente. El público aplaude, sale anonadado. Lo más impactante de Piel Mercurio es el planteamiento de una realidad utópica que, en la Venezuela de hoy, es cada día más probable.